Brasil: el neoliberalismo empantanado


La llegada de Michel Temer a la presidencia de Brasil en agosto del año pasado vino a consolidar el giro continental hacia la derecha neoliberal, ya anticipado por el triunfo de Macri en nuestro país siete meses antes. Pero la persistente crisis económica, social y política atravesada por los escándalos de corrupción vuelve muy inestable al nuevo gobierno y amenaza con voltear incluso al actual mandatario. Las movilizaciones en curso son una bocanada de aire fresco.

El gobierno de Temer trajo bajo el brazo la receta neoliberal a la crisis. Lo que con mayor timidez y contradicción había planteado el último gobierno del PT al incorporar al ultraliberal Joaquim Levy como ministro de Finanzas de Dilma Rousseff, el ascenso de Temer lo desplegó a velocidad record.
La reestructuración neoliberal incluye, entre otras cosas, el brutal recorte en el gasto público (recientemente se proyectó un nuevo recorte de 13.500 millones de dólares para 2017), y el ataque a las condiciones de los/as trabajadores/as por medio de la reforma laboral. Entre la legislación más nociva se incluye la reforma al régimen de jubilaciones y pensiones que eleva a 65 años la edad mínima para el retiro de hombres y mujeres, y el proyecto que permite la tercerización total de la mano de obra de las empresas en todas las actividades, que fue aprobado a fines de marzo por el Congreso. A su vez el mandatario avanza con la entrega a manos privadas de recursos estratégicos, como viene sucediendo con el petróleo y los aeropuertos.
La receta neoliberal no sólo ataca los intereses de la clase trabajadora para beneficiar al empresariado, sino que además, no ha redundado en la mejora de una economía que sigue estancada, con más de 12 millones de desocupados y un crecimiento estimado para este año de apenas el 0,5%.

De escándalo en escándalo
El ascenso de Temer se llevó adelante por medio de un golpe institucional, luego del juicio político (impeachment) a Dilma Rousseff, que le permitió al vicepresidente y miembro del PMBD asumir la primera magistratura, en medio de discursos xenófobos y de exaltación de las FFAA y con un rotundo acompañamiento de la corporación mediática.
Pero la extensión de las denuncias de corrupción en escándalos de magnitudes como el “Lava Jato”, y el caso “Odebrecht”, que fueron el trampolín para voltear al PT, viene empapando de lleno a quienes hoy detentan el poder.
Como símbolo de esta situación, el ex diputado Eduardo Cunha, dirigente del PMDB y principal impulsor del juicio a Rousseff y del ascenso de Temer, acaba de ser condenado a 15 años de prisión por lavado de dinero y evasión, por sus vínculos con el caso Lava Jato.
De hecho, ya son seis los ministros que debieron renunciar por estos escándalos y otros diez que están en funciones, están siendo investigados por el Lava Jato y ahora por el escándalo centrado en la venta de carne en mal estado. Entre otros, existen al menos 83 expedientes con denuncias contra un centenar de políticos mencionados por 77 ex ejecutivos de Odebrecht.
Y al escribir estas páginas el Tribunal Supremo Electoral señaló que en la primera semana de abril se deberán tomar definiciones sobre el manejo ilegal de dinero proveniente de la estatal Petrobras por parte de Rousseff y Temer, lo que podría derivar en la separación del cargo del actual mandatario.
De esta forma, el mismo Temer –cuya popularidad apenas alcanza a un 10% de la población- resiste, sostenido en parte por el establishment, pero está en el centro de una crisis política de amplias dimensiones que puede llevar a su rápido derrumbe.

El pulso de la calle
Frente a este escenario de descomposición entre los sectores dominantes, es de gran importancia que las movilizaciones callejeras hayan vuelto a ocupar un lugar central en la agenda brasileña.
Con el antecedente de una importante movilización el 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, en donde ya se corearon consignas antigubernamentales, la movilización social mostró un salto de calidad el pasado 15 de marzo, cuando cerca de un millón de personas salió a las calles a lo largo del país para repudiar la reforma previsional.
El centro de las movilizaciones fue San Pablo, donde se estiman más de 200.000 manifestantes y en donde se pararon los servicios de transporte por primera vez desde la asunción de Temer. La participación activa de los/as docentes en huelga fue también un factor de gran importancia en la jornada. De esta forma, el rechazo a la reforma jubilatoria logró movilizar y unificar a un amplio espectro del campo obrero y popular que no venía interviniendo de forma conjunta.
Incluso sectores que apoyaron el impeachment contra Rousseff, como Forza Sindical, participaron de la jornada del 15. Este proceso se da de conjunto a la movilización de algunos sectores centrados en consignas “anticorrupción” que fueron promotores del juicio político a Rousseff. Lejos de las multitudinarias movilizaciones de entonces, los sectores “anticorrupción” ahora protagonizan movilizaciones más pequeñas, levantando las mismas consignas “¡Fuera, corruptos!” y “basta de impunidad”, pero ahora orientadas contra Temer y el conjunto del congreso.
Mientras tanto el movimiento de lucha contra la ofensiva neoliberal parece estar encaminándose. Una nueva y nutrida movilización de los sectores sindicales realizada el 31 de marzo, esta vez contra la ley de tercerización, se presenta ahora como la antesala de lo que va a ser el primer paro general de la era Temer, anunciado para el próximo 28 de abril.
De esta forma, el rechazo creciente a la avanzada de la derecha neoliberal, se da en un marco de escándalos y corrupción, un cuadro de completa inestabilidad para los personeros de gobierno, que abre lugar a la iniciativa popular. Mientras un PT desgastado por sus propias prácticas intenta canalizar toda esa energía hacia la reconquista del poder candidateando nuevamente a Lula, nuevas camadas de activistas y los sectores de lucha que no se han subordinado a la política de quietismo y convivencia con el capital de los gobiernos anteriores, encuentran todo un campo de acción que puede aportar a consolidar una perspectiva que exprese, efectivamente los intereses de los/as trabajadores/as y el pueblo pobre.