Recuperar el hilo rojo de nuestra historia: Raíces de Revolución


Este año se conmemoran tres aniversarios de especial trascendencia y significado para el movimiento obrero y popular: los 150 años de la publicación de “El Capital”, el centenario de la Revolución Rusa y medio siglo del asesinato del Comandante Ernesto “Che” Guevara. Desde el Frente Único Izquierda Revolucionaria – O. P. Hombre Nuevo consideramos que el estudio y difusión de estos hechos históricos, de su naturaleza y contenido, son un aspecto fundamental para las nuevas generaciones de revolucionarios/as que se proponen la inmensa tarea de transformar la realidad. Con este artículo damos inicio a una serie de entregas que profundizarán el análisis y polémicas de esta tríada de aniversarios que conmocionaron al mundo.

2017. Año que en nuestro país, nuestra América y el mundo está marcado por las políticas de ajuste y un avance de los sectores más rancios de la derecha conservadora y neoliberal. La situación de las/los trabajadores y los sectores populares se hace cada vez más insostenible en todo el continente. En Argentina, las cifras referentes a los despidos, a los “nuevos pobres”, al número de indigentes alcanzan valores alarmantes y crece el nivel de precarización del trabajo y de la vida. Las clases dominantes se aprestan una vez más a recomponer sus ganancias aumentando la explotación y avanzando sobre los derechos largamente conquistados por el pueblo. La fuerza del ajuste nos obliga a dar respuestas inmediatas y defensivas. Pero al mismo tiempo, y justamente en momentos en que la brutalidad de la avanzada conservadora nos obliga a intentar salvaguardar derechos elementales no podemos perder de vista que no hay alternativa real para las y los trabajadores en el marco del capitalismo. Por ello, ante el neoliberalismo imperante, debemos con fuerza y claridad sostener que la única alternativa sigue siendo el socialismo. Nuestro objetivo principal y norte estratégico es la lucha contra la explotación capitalista y todas sus formas de opresión. Y la única vía real para conseguirlo sigue siendo la lucha revolucionaria.
En este camino, la historia de nuestra clase nos aporta numerosas experiencias y lecciones políticas que se forjaron en la larga lucha de los pueblos del mundo por su emancipación. Por eso, este año adquiere una relevancia especial para el conjunto de las y los trabajadores y de las organizaciones revolucionarias.
2017. Este año se cumplen 150 años de la primera publicación del primer tomo de El Capital, 100 años de la Revolución Rusa y 50 años de la caída en combate del Che en Bolivia. Tres hitos fundamentales para pensar y proyectar hoy la construcción del socialismo. Entendemos que es fundamental retomar los aportes teóricos, políticos y la experiencia de lucha de estos procesos y de las y los revolucionarios que participaron activamente de ellos, que siguen siendo un faro y sostén fundamental para todos aquellos que luchamos por la emancipación de nuestra clase.
En 1867, Karl Marx publicó el primer tomo de El Capital, con el objetivo de investigar, comprender y develar cómo funciona el modo de producción capitalista, sus leyes y tendencias generales. En el análisis de la totalidad del desarrollo capitalista, sus relaciones de producción e intercambio, desplegó una crítica letal al sistema: desnudó la relación directa entre la acumulación del capital y la explotación de la fuerza de trabajo. Demostró que la única fuente de riqueza y ganancia de los capitalistas es la explotación y apropiación del valor generado por los obreros. Pero además, Marx da cuenta de cómo este sistema de explotación hoy vigente se forjó a sangre y fuego a lo largo de la historia, cómo fueron apropiadas tierras y expropiadas comunidades campesinas en Europa y los pueblos originarios de América, Asia y África y cómo eso se combinó con las formas más brutales de esclavitud. Además, demostró que lejos de ser una excepcionalidad, las crisis son una consecuencia ineludible de la propia lógica del sistema.
El propio Marx definió El Capital como un “implacable misil” destinado a la burguesía, lo que efectivamente le resultó un duro golpe, y frente al que tuvo que realizar enormes esfuerzos para intentar reponerse. En este sentido, esta obra representa una herramienta, no solo de análisis teórico, sino también una guía para la acción transformadora –como planteaba Marx “no se trata solo de conocer sino de transformar” y de allí que participara en diversas organizaciones y luchas. La combinación entre la teoría y la acción permite a las y los trabajadores además de entender el origen de su miseria y de su condición de explotados, visualizar el camino revolucionario para superarlo. Más cerca de nosotros, el Che definió esa obra como un “monumento de la inteligencia humana”, pero señalando, frente a lecturas economicistas, que ante todo tiene un inmenso carácter humano, ya que vuelve a poner al ser humano y la superación de la condición enajenante que le impone el capitalismo en el centro del proyecto político de Marx.
50 años después, en 1917, el mundo asistía a uno de los hechos más trascendentes de la historia: la primera revolución socialista victoriosa en el mundo, llevada adelante por obreros y campesinos en un país de capitalismo poco desarrollado: Rusia. Superando lecturas economicistas y etapistas predominantes en la época, los revolucionarios rusos retomaron la obra de Marx, se propusieron analizar la situación específica de Rusia y el modo peculiar, sin perder las nociones generales y universales, en el que el capitalismo se desarrollaba en ese país y formularon una estrategia necesaria para destruirlo. Luego de décadas de luchas e intentos revolucionarios fallidos, el pueblo ruso le demostró al mundo que era posible vencer a la burguesía; que la construcción del socialismo era no una utopía sino una posibilidad real, concreta; que era posible construir formas de democracia y poder real y popular como lo fueron los soviets. De allí que rápidamente se aliaran las clases dominantes locales e internacionales para intentar derrotar una revolución que expandía su ejemplo a todos los obreros y obreras.
Entre los muchos revolucionarios que participaron de la Revolución Rusa, Lenin y Trotsky se destacaron por sus innumerables aportes teóricos, políticos y prácticos. Hombres de acción que a la vez otorgaban gran importancia a la batalla teórica y política. Analizando a fondo las experiencias previas y considerando los límites de las acciones espontáneas de las masas, Lenin retomó y desarrolló el marxismo en tanto teoría revolucionaria. Como sostiene Lukács, “Lenin es el pensador más grande que haya producido el movimiento obrero revolucionario después de Marx”. Uno de sus más grandes aportes fue comprender la necesidad de una virtuosa combinación entre los organismos de masas y su herramienta política –el Partido dirigente del proletariado- que pueda conducir esa fuerza social en una perspectiva revolucionaria poniendo el eje en la cuestión del poder. Lenin nos enseñó que, salvo el poder, todo es ilusión y de allí que se dedicará a la organización política y práctica de la lucha revolucionaria por el poder, tanto desde el partido como entre las masas obreras. La experiencia de la revolución rusa nos plantea claramente que la emancipación de las y los trabajadores tiene que contar necesariamente con la participación activa, directa y consciente de las masas, pero que eso no niega la importancia y la necesidad de la conformación de una organización política de combate, que lejos está de pretender sustituir el accionar y el protagonismo de las masas. Trotsky, como presidente del soviet de Petrogrado, demostró la capacidad que debe tener un dirigente para conducir a las masas en el desarrollo de un doble poder que vaya confrontando al Estado, disputando el control de los principales resortes de la sociedad. Posteriormente, como organizador del Ejército Rojo, llevó a cabo la tarea de desmantelar el aparato represivo del Estado zarista para lograr el verdadero control por parte de la clase trabajadora. Este mismo ejército de obreros y campesinos libres, permitió derrotar mediante la fuerza militar a los ejércitos blancos financiados por los burgueses exiliados y de los países vecinos, para consolidar el triunfo revolucionario. La toma del poder en octubre de 1917 fue consecuencia de un largo proceso que combinó distintas formas de organización y métodos de lucha; fue la realización concreta del contenido del programa de Marx y debió abordar los múltiples problemas de la lucha de clases, muy lejos de las tipologías y los esquemas preconcebidos. Tamaña complejidad requiere un análisis en su totalidad, lejos de conclusiones simplistas y caricaturizadas. Fue una revolución social de la que participaron miles de luchadores y luchadoras, éstas últimas muchas veces poco visibilizadas y a las que desde el feminismo revolucionario nos parece central destacar; ya que contamos con el ejemplo de revolucionarias de la talla de Alexandra Kollontái, Nadiezhda Krúpskaya, Natalia Sedova, entre otras.
50 años después; también en un mes de octubre, en 1967, en nuestro continente cayó en combate uno de los más importantes revolucionarios de América Latina: el Che Guevara. Coherente y consecuente con la construcción de un proyecto político emancipador y socialista en todo el continente, el Che se destacó como dirigente teórico, político y militar en la Revolución Cubana, de la que fueron parte destacados revolucionarios y revolucionarias como Fidel Castro, Haydé Santamaría, Camilo Cienfuegos, Vilma Espín, y Raul Castro, entre tantos otros. Dirigente junto al gigante Fidel de ese hecho épico para el conjunto de las y los revolucionarios que aún hoy sigue siendo un golpe para la burguesía local y el imperialismo. Como parte de su proyecto estratégico entendía que la lucha por el socialismo no debe estar limitada entre fronteras y que por tanto era necesaria e imprescindible la construcción de la Patria Grande. Contra el enemigo imperialista, consideraba ineludible el despliegue de la lucha revolucionaria continental. Al tiempo que se desarrollaban en África y Asia las luchas por la independencia y liberación nacional y social -siendo Vietnam un ejemplo claro de la posibilidad de vencer al imperialismo-; cuando se desplegaban en Europa movimientos e insurrecciones como el mayo francés, se multiplicaban en América Latina movimientos y organizaciones revolucionarias que expresaban a las masas obreras y campesinas en un momento de radicalización de la lucha de clases. No fue sin un análisis minucioso de todas esas condiciones, así como también de la situación particular de Bolivia, cuna de la primera revolución obrera en Suramérica en 1952, que el Che se dirigió allí. El balance de la derrota va más allá de las pretensiones de esta nota, pero sin lugar a dudas, su lucha en ese país, así como en tantos otros, evidencia una reivindicación práctica de la importancia del internacionalismo proletario en la construcción de un proyecto integral.
El Che, como uno de los grandes exponentes de la filosofía de la praxis, justamente realiza un intenso y extenso estudio de las obras de esos pensadores en un momento de importante influencia estalinista, que consideraba el marxismo-leninismo como un conjunto de dogmas y recetas. En ese sentido, el Che supo combatir estas desviaciones en sus múltiples dimensiones y recuperar de forma dialéctica e histórica la integralidad de los aportes de Marx y Lenin así como también de otros revolucionarios y revolucionarias incluyendo a Trotsky, para analizar la formación social de Latinoamérica y pensar, y sobre todo, desplegar una estrategia de poder propia para nuestro continente planteando la actualidad de la revolución.
Sin dudas la formación teórico-política debe ser parte fundamental de nuestra formación militante. La reflexión, estudio y discusión de estos hitos históricos nos permite tener una visión profunda y compleja de la historia de la lucha de clases. Fundamentalmente, nos interesa hacer hincapié en estos tres aniversarios no por un romanticismo nostálgico sino por la vigencia de las tareas revolucionarias en la actualidad y los aportes fundamentales que nos brindan las experiencias revolucionarias que nos precedieron. Aunque reconozcamos que no se desplegará de manera inmediata, no creemos que la revolución sea una idea y una tarea que caducó y forme parte del pasado, sino que la entendemos como una necesidad y una posibilidad para construir una sociedad socialista, única opción para superar la barbarie a la que nos somete el capitalismo.
De esta manera, retomamos la historia en pos de construir una visión compleja y crítica que se funda con la experiencia colectiva y viva de nuestra clase trabajadora para arribar a conclusiones políticas que nos sirvan como herramientas y guías para la acción en pos de intervenir de la mejor manera en la realidad y el momento histórico que hoy por hoy nos toca vivir. Entendemos que dichas experiencias nos permiten pensar alrededor de ciertos ejes que las atravesaron y que aún nos atraviesan. Como parte de este bagaje, rescatamos la vocación de construcción de una estrategia de poder presente en todas ellas como parte fundamental de una estrategia revolucionaria, partiendo de un análisis de la sociedad como totalidad. Al mismo tiempo, bregamos por una visión antidogmática que nos posibilite pensar de acuerdo a las particularidades de América Latina, una estrategia y una táctica adecuadas al lugar y contexto en el que intervenimos para que, como dijera Mariátegui, el socialismo en nuestra América no sea ni calco ni copia, sino creación heroica.

Una campaña militante

El rescate de las mejores tradiciones históricas del movimiento obrero y popular es una necesidad para las y los revolucionarios del presente que no puede relegarse al mero plano de la academia. La publicación de “El Capital”, la revolución rusa y el asesinato del Che son hechos históricos cuyas raíces se entrelazan profundamente con nuestro presente. Su difusión y propaganda para las nuevas generaciones están entrecruzadas por una disputa histórica sobre sus perspectivas. Los defensores del capitalismo aprovechan para proclamar el fin del socialismo. Las fuerzas que nos reivindicamos de la tradición del marxismo revolucionario debemos retomar su ejemplo y dar una lucha para que sus enseñanzas y lecciones se extienda entre nuestro pueblo, para cimentar el camino para el triunfo. Por eso, la campaña por el aniversario de estos tres hechos, además de la serie de notas en la prensa, estará acompañada por actividades de difusión, propaganda y formación como murales, charlas, proyecciones y festivales, entre otras. En los siguientes números iremos publicando la agenda con las actividades en todo el país.