La contundencia del paro y la necesidad del plan de lucha


La huelga general del 6 de abril cerró un mes de marzo en donde la clase trabajadora mostró en movilizaciones de cientos de miles en las calles y paralizando por completo el país la bronca contra el ajuste del gobierno macrista. Una acción contundente que merece un balance y que traza una perspectiva.

El paro, que la CGT convocó como respuesta a la presión desde abajo pero con la intención de para descomprimir, finalmente fue una contundente medida que contó con la adhesión de todo el arco del movimiento obrero, con la excepción de las 62 organizaciones del macrista “Momo” Venegas. Desde el año 2001 que un arco tan amplio de sectores del sindicalismo argentino no coincidía en una medida de esta naturaleza. Los sectores que confluyen en el triunvirato –los “gordos”, el moyanismo y el barrionuevismo-, con sus particularidades y diversos sectores en su seno, por fuera de aquel el MASA –que agrupa a taxistas, SMATA, ferroviarios, luz y fuerza, entre otros-, la Corriente Federal, la CTA en vías de reunificación y el sindicalismo clasista. Todos esos habían confluido por última vez en el paro realizado el 13 de diciembre de 2001 a De La Rúa, días antes de la huida en helicóptero. En los últimos paros generales, impulsados por la CGT conducida por Hugo Moyano conrta el impuesto al salario, entre otros reclamos, y con Cristina Kirchner en la presidencia, no contaron con la participación de los “gordos” y otros sindicatos industriales de lo que fue la CGT “Balcarce” ni de la CTA de los Trabajadores que militaba activamente en contra de la huelga a su gobierno.

El primer paro al gobierno de Macri se sintió fuerte en Buenos Aires pero también en el interior del país, principalmente en algunas ciudades con importantes conflictos sectoriales y duros niveles de ajuste como Rosario, Santa Fé, Bahía Blanca, Tucumán o Mar del Plata. En algunas de ellas, se realizaron actos convocados por las centrales locales junto a organizaciones sociales y partidos políticos.

 

Modelos sindicales

El paro expuso las enormes diferencias de construcción sinical al interior del movimiento obrero. En primer lugar, dejó en claro que la burocracia sindical estaba lejos de querer convocar a la huelga general. No sólo las palabras de Acuña el día de la convocatoria, que sentenció que el paro era “para tomar mate” y “en contra de nadie”, sino que incluso al interior de sus gremios no se promovió con fuerza la medida y se cuidó de no confrontar con las patronales. En Sanidad, el gremio de Héctor Daer, los laboratorios que alteraron su producción lo hicieron por presión de las bases y los cuerpos de delegados sin el empuje del sindicato. Lo mismo sucedió en las telefónicas en donde dirigen Iadarola, (MASA) y Marin (CTA de los Trabajadores). En los gremios vinculados a la Corriente Federal y la CTA en vías de unificación, el impulso de la medida fue dispar, con ejemplos como el del SAT SAID o Gráficos que no realizaron asambleas en los lugares de trabajo y en más de un caso adhirieron de palabra, alterando poco y nada el producto de la jornada laboral.

En la otra vereda se encuentran los gremios que promovieron el debate mediante asambleas de base y garantizaron el paro con piquetes u otras formas para darle un carácter activo al mismo, como los Aceiteros que estuvieron en la puerta de cada fábrica con piquetes, los trabajadores de la Línea 60 que realizaron una masiva asamblea en la terminal de Ingeniero Maschwitz, los ferroviarios del Sarmiento, el SiPreBA –con acciones importantes en Telam, TV Pública, Clarín y Telefé, entre otras empresas-, o Ademys, que movilizó más de un centenar de docentes al Puente Pueyrredón en contraste con la parálisis total de la UTE.

A su vez, el rol de la izquierda y diversos sindicatos combativos que cortaron accesos estratégicos (La Plata, Puente Pueyrredón, 197 y Panamericana, Acceso Oeste, Constituyentes y General Paz, entre otros), fue fundamental para garantizar que puedan parar los trabajadores y trabajadoras sin organización gremial propia o con gremios que en los hechos carnerearon el paro. Los movimientos sociales también hicieron un importante aporte en los piquetes, y algunos como el FOL, movilizaron luego hacia Puerto Madero, donde se realizaba el encuentro de Macri con empresarios de multinacionales denominado “Mini Davos”.

 

 

 

El macrismo ante la lucha obrera

Luego de un mes de una movilización masiva atrás de otra, el gobierno pudo tomar aire recuperando parcialmente una presencia en las calles el primero de abril. La concentración en Buenos Aires y otros puntos del país no tuvo la masividad de las movilizaciones populares antimacristas de marzo ni de las antikirchneristas protagonizadas por el sector social que movilizó el 1A. El nivel de participación debería ser esperable para un gobierno que asumió hace un año y medio y cuenta con determinado capital político propio, pero aun así la convocatoria superó las expectativas incluso de los convocantes y el gobierno terminó capitalizando lo que en un primer momento pintó como ajeno. Con ese espaldarazo y un aparato mediático descomunal, se promovió una gran campaña de desprestigio del paro y se militó el #YoTrabajo.

A diferencia de los paros generales convocados durante el kircherismo, al macrismo el discurso antisindical le sienta bien y esa campaña, que rápidamente prendió en un sector profundamente liberal y gorila, no le genera ningún tipo de incomodidad sino que le es funcional a su estrategia de polarizar con el kirchnerismo, el sindicalismo y “la vieja política”. Su campaña prendió en un sector y de esa manera, la circulación de autos particulares y taxis el 6 de abril, fue importante. Lo mismo la apertura de comercios, con el aval de un gremio que acababa de cerrar un nefasto 20% de aumento en dos tramos de 10%.

De todas maneras el paro general, garantizado fundamentalmente por la parálisis del transporte y los cortes impulsados por la izquierda, fue importantísimo y para el gobierno, que celebraba su foro económico para buscar inversores con la ciudad paralizada, fue un duro golpe.

Por otro lado, el macrismo comienza a desplegar diferentes políticas que atacan de lleno a la clase trabajadora. La primera es la represiva, que en la jornada del 6 tuvo un capítulo propio con el intento de aplicar el protocolo antipiquetes, la represión en Panamericana y un teatro antidisturbios montado en cadena nacional desde los medios de comunicación. A su vez, avanza una campaña de estigmatización y ataque directo al sindicalismo, sin distinción. El macrismo pretende poner en discusión una proto Ley Mucci de reforma sindical (que en los ´80 enfrentó al movimiento obrero con el Ministro de Trabajo de Alfonsín quien terminó renunciando) para, con el pretexto de democratizar los sindicatos, intervenir desde el Estado en las organizaciones de la clase trabajadora. Quienes combatimos día a día a las mafias que usurpan los lugares de conducción de nuestros gremios, sabemos que no será de la mano de un Estado flexibilizador que se las combatirá.

 

Derrotar al macrismo. Construir por abajo el plan de lucha

Luego del paro, el gobierno y la CGT comenzaron a retomar las instancias de diálogo en un contexto signado por las vísperas electorales, en donde unos y otros se juegan una parada importante y al que pretenden llegar sin alterar la paz social. En el medio, la clase trabajadora sigue sufriendo las políticas de ajuste, la economía no repunta, la inflación no se condice con las estimaciones oficiales y las paritarias no parecen resolverse de manera favorable para los trabajadores y las trabajadoras, con el caso testigo de los docentes aun abierto.

En las próximas paritarias se jugarán importantes conflictos sectoriales en donde el gobierno tratará no sólo de profundizar el ajuste salarial sino también de atacar las condiciones laborales, en línea con la reforma laboral flexibilizadora que promueve junto a los empresarios.

En este contexto, de ajuste, aumento de la represión y de ataque al movimiento obrero, se impone la necesidad de promover un plan de lucha que le de continuidad al auge obrero y popular del último mes y siga acorralando al gobierno. Es necesario unir, coordinar y politizar cada lucha sectorial. En las próximas discusiones paritarias se juega mucho más que el salario de tal o cual sector. Es necesario fortalecer desde la base las luchas, coordinarlas sin sectarismo con otros sectores sociales como los precarizados, los desocupados, los estudiantes, el movimiento de mujeres y el movimiento antirrepresivo, y construir por abajo el plan de lucha para desgastar a este gobierno de ricos. A pesar de la burocracia sindical que conduce las centrales obreras, la clase trabajadora ya demostró que cuando se lo propone, tiene con qué.