Araceli Fulles tiene que aparecer


Araceli tiene 22 años y desapareció el 1° de abril en la localidad de San Martín. Ella no es un caso aislado: cientos de mujeres desaparecen años a año en nuestro país y otras cientos son víctimas de la violencia machista en todas sus aristas. La violencia sobre nuestros cuerpos es la metodología de disciplinamiento y cuenta con el aval del Estado.

Es 2 de abril y Araceli todavía no llegó a destino. Su último mensaje en el celular dice “vieja, prepará las cosas para el mate que estoy yendo para casa”. Pasaron 20 días y aún no aparece. Su familia responsabiliza a la policía provincial de no querer encontrarla, mientras que el intendente Gabriel Katopodis sólo se arriesga a publicar por medios oficiales, una foto con aviso de recompensa ante cualquier dato sobre su paradero. A su vez, la fiscalía de San Martín no aceptó la ayuda de la Unidad Especializada de Trata de personas, para descartar esa hipótesis.

Ante la inacción policial, familiares, vecinos, vecinas, diversas organizaciones sociales, políticas, de mujeres y feministas estamos en alerta y búsqueda para encontrarla.

No están perdidas. El Estado es responsable:

Que Araceli esté desaparecida, al igual que cientos de mujeres más de nuestro país, es también responsabilidad del Estado. Y cómo no vamos a responsabilizarlo, si la policía y el poder político de turno liberan y garantizan que las redes de trata sigan funcionando en todo el país, cuando prácticamente no existen casas refugio para mujeres en situación de violencia, cuando el presupuesto asignado no llega siquiera a los $10 pesos por mujer, cuando la política de vaciamiento y ajuste se realiza sin concesiones en áreas sensibles y necesarias vinculadas a nuestra salud y sexualidad.

Araceli aún está desaparecida y la única respuesta que recibimos para resolver la violencia machista, es más policía para criminalizarnos. La justicia nunca llega para nosotras, al contrario, vemos como cientos de jueces machistas nos condenan a la cárcel por defendernos, como es el caso de Higui.

Aún en 2016 las mujeres no tenemos derecho sobre nuestro cuerpo y no sólo hablamos de la legalización del aborto con la obligatoriedad de la educación sexual y la distribución gratuita de anticonceptivos, sino que tampoco tenemos derecho sobre nuestro cuerpo cuando no somos libres de la violencia machista, cuando nuestro cuerpo aún está sujeto a las acciones de varones violentos que nos golpean, que nos queman vivas, que nos abusan, nos violan y nos matan.

Ante la muerte nosotras nos organizamos. Ante la justicia patriarcal y machista, nosotras nos organizamos. Ante el dolor y la bronca, convertimos nuestras lágrimas en lucha. Y no vamos a darnos por vencidas, compañeros y compañeras, nuestra pelea es hasta que el patriarcado y el capitalismo caigan juntos.

Exigimos la aparición inmediata de Araceli y de todas las mujeres desaparecidas.

Desmantelamiento ya de las redes de trata de mujeres y niños/as.

Basta de violencia machista

¡El Estado es responsable!