Congreso de la FUBA: mucha rosca y pocas nueces


Con una Marcha de Antorchas contra el ajuste en la educación, el viernes por la noche cerró el Congreso Abierto de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). En el marco de la enorme lucha que están llevando adelante los docentes de todos los niveles, el Congreso fue convocado con el fin de condensar los debates que hoy atraviesan al movimiento estudiantil de cara a las medidas regresivas que impulsa el Gobierno de Macri. Sin embargo, la discusión central giró en torno a cuándo y en qué condiciones se convocaría al Congreso Ordinario de renovación de autoridades de la Federación.

En este sentido, desde la Juventud del Frente Único Izquierda Revolucionaria-Hombre Nuevo nos parece importante hacer una serie de reflexiones en relación con la etapa política que vive el movimiento estudiantil de la UBA y el rol que la FUBA tiene que jugar.

En primer lugar, es fundamental reconocer que la embestida del macrismo contra los estudiantes,  docentes e investigadores ha sido total y continuada. Sobre las enormes deudas en términos políticos y económicos que dejó el kirchnerismo, tanto en la UBA como en el resto de las Universidades Nacionales, el Gobierno de Macri viene desarrollando un ataque sistemático contra la educación pública. El objetivo del Gobierno Nacional es construir un modelo similar al de Chile, donde las Universidades son aranceladas y la producción científica está puesta al servicio de las necesidades empresarias.

Como respuesta a la políticas neoliberales del Gobierno, desde hace más de un año que las movilizaciones de docentes, científicos y estudiantes vienen ganando las calles. En abril del año pasado, luego de que el Consejo Superior de la UBA aprobara un presupuesto con aumento del 0%, los estudiantes y docentes copamos las calles en repudio a esta medida y conquistamos que el Gobierno deba otorgar una partida extra de fondos para la Universidad. Hacia mayo del mismo año, en la Ciudad de Bs. As., estudiantes secundarios, terciarios y de las Universidades nos convocamos en una masiva marcha por el Boleto Educativo, que se realizó desde una convocatoria independiente en reacción a los aumentos en el transporte. Hacia fines del 2016, el conflicto que desataron los despidos en el CONICET (que tuvo su punto más alto en la toma del Ministerio de Ciencia y Técnica en diciembre pasado), logró no solo una trascendencia mediática nunca antes vista, sino que logró movilizar y poner en pie de lucha masivamente a un sector que desde hacía muchos años no salía a la calle, generando un importante apoyo en el conjunto de la sociedad.

Esto generó que ante la amenaza de que los científicos pasaran navidad tomando la sede central del CONICET, al Ministro Barañao y al directorio no le quedó otra que firmar un acta acuerdo con las asociaciones científicas y los trabajadores del Estado, comprometiéndose a reincorporar a los casi 500 despedidos.

Más recientemente, la paritaria docente viene siendo el conflicto testigo, donde el gobierno intenta dar un duro golpe para derrotar a toda la clase trabajadora. En este sentido, la solidaridad de los estudiantes con esta lucha viene expresándose en las clases públicas y las tomas de Facultades como Filo y Sociales. Claramente, estos conflictos marcan que se abrió un nuevo ciclo de lucha para el movimiento estudiantil en la UBA y en todo el país.

Sin lugar a dudas, en este contexto la FUBA está llamada a ser un actor fundamental para organizar al movimiento. Sin embargo, la falta de espacios de participación de base, donde el masivo de los estudiantes pueda incidir en la construcción de reclamos concretos, que sean producto de las necesidades que hacen al acceso y la permanencia dentro de la Universidad, marca un límite en la capacidad de interpelación de la FUBA.

Estas limitaciones cobran un carácter alarmante cuando se toma en cuenta que Nuevo Espacio (Franja Morada, la agrupación estudiantil de Cambiemos) avanzó en las últimas elecciones en la cantidad de delegados que tiene para la Federación. Esto podría significar el regreso de esta fuerza a la conducción de la FUBA, lugar del que habían sido desplazados en el 2001, en uno de los momentos históricos de mayor radicalización de movimiento estudiantil.

Contra esta posibilidad, la Mella (Patria Grande), una de las presidencias de las FUBA, pretende llevar al Kirchnerismo al frente de conducción de la Federación. El objetivo de esta fuerza es marginar a la izquierda de la dirección y cristalizar en ese espacio su política de adaptación al FPV. Con un discurso de “Unidad para Vencer”, la Mella niega conscientemente los vínculos orgánicos de las agrupaciones estudiantiles del kirchnerismo con las gestiones del régimen universitario. Es muy necesario marcar esto, ya que la Mella estaría dispuesta a entregar la independencia política de la FUBA a cambio de delegados, en un año en que se renuevan a las autoridades de la UBA. En este marco el movimiento estudiantil, más que nunca, debe enfrentarse a quienes vienen gobernando la universidad a costa de la educación pública, al tiempo que da una pela a fondo por la democratización de la Universidad.

La Universidad de Buenos Aires tiene una lógica interna muy particular, donde las “castas” profesorales concentran todos los derechos políticos dentro de la UBA, sostenidos en base a estatutos anti democráticos de gobierno. En este sentido, son los Decanos y el Rector quienes administran la miseria presupuestaria y aplican las políticas de ajuste. Este año, como cada 4, estas castas van a repartirse los cargos de gestión y van a tener como corolario la Asamblea Universitaria, donde van a ungir a un “nuevo” Rector.

El movimiento estudiantil de la UBA no puede depender de los “cambios” o malabares de las castas profesorales, tiene que ser un actor independiente y proactivo. La apuesta para esta etapa política tiene que ser por sumar compañeros desde las bases, desde las aulas, y construir una fuerza capaz de luchar contra el macrismo en las calles.

En este sentido, consideramos que la política del Partido Obrero, la otra presidencia de la Federación, es limitada ya que se concentra en la disputa interna dentro de las organizaciones, focalizando sus esfuerzos en la delimitación constante, lo cual a nuestro entender no abona a la construcción de un amplio movimiento estudiantil basado en la participación masiva de estudiantes y profesores.