Walter Bulacio: Caímos por estar parados


Se cumplen 26 años del asesinato de Walter Bulacio, quien peleó por su vida tras ser detenido ilegalmente y torturado en la comisaría 35° el 19 de abril de 1991. Su caso es un símbolo de lucha y organización anti-represiva, contra la impunidad policial y judicial.
Esa noche de abril Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, tocaban en el Estadio Obras. Walter viajó desde Aldo Bonzi con sólo 120 australes que le dio su abuela Mari pero nunca pudo escuchar a los redondos: la razzia esperaba montada en la puerta, con micros apostados y patrulleros, esperando actuar contra los y las jóvenes de los barrios, hijos e hijas de trabajadores.
Lo que le pasó a Walter y a un centenar de pibas/pibes aquella noche, no escapa de las políticas represivas que el Estado descarga contra la juventud cotidianamente, para amedrentarla y adoctrinarla, sea mediante razzias, detenciones arbitrarias o el ejercicio del gatillo fácil.
Esa noche de abril, Walter no sólo fue detenido ilegalmente, sino que fue torturado. Quince horas más tarde fue asistido por una ambulancia, pasó por 3 hospitales diferentes y una semana después murió. Nazareno, su amigo, dejó escrito con lapicera en la pared del calabozo “Caimos por estar parados”.
La causa Bulacio es uno de los mayores ejemplos de impunidad en la historia judicial argentina reciente. Su juicio oral, en septiembre de 2013, llegó a fuerza de lucha, pero 22 años tarde. Con un solo imputado -principal responsable, pero no el único- y por el más leve de los delitos cometidos, la privación ilegal de la libertad. La tortura y la muerte, a pesar del claro fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 2003, que tuvo por probada la responsabilidad del Estado Argentino en su producción, siguen impunes. El Comisario Miguel Ángel Espósito sólo fue condenado por 3 años, como clara muestra de que la palabra “justicia” no tiene cabida en esta historia.
Por otra parte,  hablar de Walter también es hablar de lucha: su padre, Víctor y su abuela Mari, son los ejemplos de no resignarse ante la impunidad. Junto a organizaciones sociales y políticas, convirtieron a este pibe hijo del pueblo, en un emblema de la denuncia y lucha contra las detenciones arbitrarias, el gatillo fácil y la tortura.
Hoy a 26 años del asesinato de Walter, la avanzada represiva del macrismo nos obliga a organizarnos en unidad de acción para enfrentar la criminalización que recae cada vez más sobre los pibes y pibas de los barrios, sobre toda la clase trabajadora y el pueblo.  Tampoco olvidamos que después de Walter fueron y son muchos/as los y las jóvenes asesinados/as a manos de la policía, como fue el caso de Ismael Sosa en Córdoba bajo el gobierno de Cristina Kirchner.
Según números de CORREPI desde Walter Bulacio a Ismael Sosa hubo más de 4.321 asesinados/as por el aparato represivo estatal y el 51% del total no había cumplido 25 años: la mayoría eran jóvenes de los sectores más vulnerables de la sociedad. Los datos dejan a la vista que es política de estado amedentrar al pueblo trabajador y sobre todo, a sus jóvenes, mientras protege a las redes del delito organizado, las redes de nacrotráfico y las redes de trata.
Justicia por Walter, Ismael y todos/as los/as pibes/as asesinadas por las fuerzas represivas!
Basta de hostigamiento policía a nuestros/as jóvenes!