1° de Mayo: Por un paro general y un plan de lucha en las calles


Es 1° de Mayo. Es un día de lucha. Como hace más de 130 años, los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo nos organizamos, salimos a la calle, nos manifestamos contra un sistema que nos explota y oprime, que nos condena y nos mata. Y que tal como en 1886, nos reprime sutil o violentamente cuando peleamos por nuestros derechos.

Sería irónico, si no resultara triste, reflexionar que aquello por lo que fueron ejecutados los llamados “Mártires de Chicago” hoy resulta letra fría para gran parte de la población. La jornada de 8 horas, como límite para el trabajo diario se ha ido desdibujando a través del tiempo.

Es que la lucha de clases no es estática, claro. Los derechos conquistados nos han costado sangre, demasiada sangre como para aceptar el retroceso al que nos convidan cuando nos llaman a esperar “la lluvia de inversiones”, con la idea trillada de que “estamos todos en el mismo barco”.

Debemos saber entender a esta altura que no hay derechos del pueblo ni justicia del pueblo si no hay gobierno del pueblo. Políticos y políticas millonarios/as, empresarios de afuera y empresarios de acá, burócratas sindicales de sillón construyen un imaginario en el que –dicen– “ganamos todos o no gana nadie”. Pero ya conocemos ese resultado, y los únicos bolsillos llenos son los de los dueños de todo (esos que Rodolfo Walsh decía, pretenden ser los dueños de la historia también).

A fines del siglo XIX la clase trabajadora en nuestro país daba sus primeros pasos de lo que sería un largo camino en la pelea por su emancipación. Pelea que todavía estamos dando. Es 1° de mayo 131 años después y muchas de aquellas demandas, luego de los tantos vaivenes de la lucha de clases con sus victorias y derrotas parciales, mantienen su total vigencia, y otras se actualizan con un gobierno que profundiza las políticas de ajuste heredadas y le añade otras nuevas en clave flexibilizadora.

En cada época, hubo siempre hombres y mujeres dispuestos a asumir los desafíos de su realidad, que con tenacidad y perseverancia, pelearon por mejorar las condiciones de vida y trabajo. Conquistas arrancadas a una clase dominante que buscó siempre, por todos los métodos, desestimar los reclamos antes de verse obligada a otorgar concesiones, y que nunca se ha resignado (como ninguna clase dominante lo ha hecho en la historia) a aceptarlas. De otra forma no se comprenderían las medidas que hoy buscan restablecer: descuentos por días de paro, aumento de la productividad, aumento de la edad jubilatoria, disminución de impuestos a las empresas, etc.

Pero la rueda de la historia no se detendrá y los trabajadores y trabajadoras, el pueblo pobre todo, sabremos luchar y hacernos fuertes aún en tiempos difíciles. Sabremos unirnos y levantarnos después de caer. Sabremos fortalecernos en la mirada tierna de cada niño y niña que nace en nuestras barriadas. Sabremos reconocer a nuestro enemigo y organizar nuestra bronca para golpear como un solo puño. Sabremos direccionar la violencia que día a día se acumula en nuestros cuerpos.

Aquí estamos, más de un siglo después, ante otro 1° de mayo, dispuestos a luchar. Otra vez sintiendo bajo nuestros talones el costillar de Rocinante, volvemos al camino con la adarga al brazo. Quizás en ello se nos vaya la vida, pero sabemos que llegará el día en que ajustemos cuentas. Y triunfaremos.