Disciplinamiento social y subordinación al imperialismo


Mientras se arrodilla frente a Donald Trump en Estados Unidos, el macrismo no logra que la economía del país arranque. Para contener las posibles reacciones despliega la represión a los que luchan y opera para dividir al sindicalismo. Mientras las distintas fuerzas patronales se acomodan al juego oficial, sólo la izquierda promueve una política independiente y de lucha.

Mendigando limones al imperio

Desde el primer momento Macri declaró que su objetivo era ser el mejor amigo de los EEUU. Su discurso proyanqui pareció encontrar un escollo en la derrota de Hilary Clinton a la que el macrismo había apoyado sin titubeos, por considerarla la mejor expresión del liberalismo económico. Aún así, pasados tres meses de poca atención, el presidente logró retomar la senda de la obsecuencia, y presentarse a los pies del magnate yanqui, quien le hizo saber al mundo que la Argentina andaba mendigando la venta de limones, mientras la potencia imperial evalúa una escalada militarista sobre Corea de Norte.

Macri se vino bajo el brazo con “mensajes de apoyo” del establishment norteamericano y el aval para incorporar a nuestro país a la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económicos (OCDE). Prácticamente nada más que gestos, salvo la mentada medida de levantar restricciones a la venta de limones, algo que está muy lejos de tener impacto en la depreciada economía argentina.  Eso sí, a cambio Macri tratará de jugar –gustoso- un papel central en el ataque a Venezuela canalizado por la OEA.

Sin reactivación, pero con garrote

La gran expectativa del macrismo, para conquistar un apoyo significativo en las próximas elecciones y consolidarse como opción de poder, ha sido el reimpulso de la economía. Así pasó de promesa en promesa, y de fracaso en fracaso. La economía  pegaría un salto tras el pago a los fondos buitre y la devaluación de 2015. Luego lo haría en el “segundo semestre” de 2016. Y ahora esperaban los “brotes verdes” del 2017. Pero una vez más la ecuación falló: el año electoral comenzó con contracción económica en los primeros meses, alcanzando una caída del 1,9% en febrero.

Sobre este marco, encuestas en mano, la derecha neoliberal busca posicionarse de cara a un electorado que votó “el cambio” y que va perdiendo el entusiasmo al ritmo de los aumentos de tarifas, la inflación y la caída del empleo. Se propone mostrarse como el gobierno del “orden”.  Así, el macrismo ha hecho de la represión una bandera electoral. Se apoya en su núcleo duro que salió a las calles de los barrios bien el 1 de abril. Pero le habla también a un “sentido común” más extendido, por medio de sus actos: la represión contra los piquetes, los docentes, los sectores humildes, y la promoción de una legislación más dura.

De la casa al trabajo y del trabajo a casa

La otra estrategia del macrismo, consiste en meter una cuña entre las cúpulas sindicales. Para eso busca ganarse a gremios clave como los de transporte para evitar protestas de impacto, ofreciéndoles migajas: la reducción de la carga del impuesto a las ganancias de las horas extras y los días feriados. A su vez, el presidente ensaya un perfil de mayor cercanía al mundo obrero, para lo cual montó el show el 1º de mayo con el rancio sindicalismo de la UATRE (uno de los gremios que más acompañan la precarización laboral) prometiendo un plan contra la desocupación. Consiste en realidad, en un subsidio para que el sector empresario tome a trabajadores precarizados.

Mientras tanto, el resto de las conducciones burocráticas dejaron en claro su voluntad de mantenerse al margen de las luchas. La CGT, temerosa de un nuevo 6 de abril, en donde las bases le reclamaron el paro general y terminaron corriendo a sus dirigentes, definieron hacer su acto a puertas cerradas, en el estadio de Obras Sanitarias. Las CTA, por su parte, se volcaron de lleno a la estrategia desmovilizadora tipo “carpa blanca” que expresa ahora la escuela itinerante del congreso. Sólo la izquierda, en sus distintas expresiones, planteó con fuerza la necesidad de un plan de lucha para fortalecer la pelea contra el ajuste macrista.

 ¿“Vamos a volver”?

Con el tope de la agenda a mediados de junio, al cerrarse la inscripción de listas, el peronismo sigue imbuido en la interna para definir candidatos y mecanismos de elección. Los gobernadores, parlamentarios e intendentes más rancios, como Pichetto y Urtubey, esos que vienen acompañando fuertemente la avanzada macrista, tratan de despuntar candidatos (y allí suenan entre otros, Randazzo y Sicioli para Bs. As.), mientras dejan la puerta abierta al Bloque Justicialista de Diego Bossio, al propio Massa. Sobre esa base podrida, inundada de ajuste y entrega (pago a los buitres mediante), el kirchnerismo sigue apostando a conformar listas en el marco del PJ, y mantiene abierta la especulación sobre la candidatura de Cristina Fernández.

Esta postura de los dirigentes del kirchnerismo es coincidente con su posicionamiento ante la represión en Santa Cruz. Allí, aún con docentes, estatales y jubilados que no cobran sus salarios, que fueron reprimidos y luego denunciados penalmente por la gobernadora Alicia Kirchner, los voceros de esta corriente, empezando por la propia Cristina, acompañaron orgánicamente la línea de ajuste y represión. La evidente contradicción de condenar la represión de Cambiemos a los docentes bonaerenses, pero justificar la ejercida por el gobierno peronista de Santa Cruz, intentó ser disimulada con versiones fantasiosas de conspiraciones mediáticas y políticas totalmente inverosímiles.

La integración total del kirchnerismo al conjunto del PJ y su acompañamiento de medidas abiertamente antipopulares como es el no pago de sueldos y la represión a los maestros en Santa Cruz, pone sobre la mesa lo lejos que están los artífices del “vamos a volver” de poder cumplir las expectativas populares para conquistar mejores condiciones de vida y lograr un cambio profundo de la situación.

Pelear desde abajo, por una salida de fondo

La situación nacional deja en evidencia que el brutal ataque que están recibiendo las y los trabajadores por parte del gobierno de Cambiemos no encuentra verdadera resistencia ni en las conducciones sindicales, ni en las fuerzas políticas tradicionales, incluyendo en ello al kirchnerismo.

Son las organizaciones obreras y populares las que, más allá de direcciones entreguistas, están marcando el pulso de la lucha, enfrentando la avanzada neoliberal de este gobierno de CEOs.

Y es la izquierda, en sus múltiples expresiones, el único sector político que viene manteniendo una coherencia en esta lucha, que tiene como enemigo a la derecha macrista. Su presencia en las calles, incluyendo en los actos del 1º de mayo, contrasta con el abandono de la calle por el kirchnerismo y por las direcciones sindicales.

La necesidad de fortalecer una intervención unificada de la izquierda debe ser una tarea en todos los planos: desde la lucha común junto a todo el movimiento obrero y popular para enfrentar al ajuste, hasta la apuesta a disputar en el marco electoral, contra las expresiones del inmovilismo y el ajuste.

En el primer aspecto, impulsar cada lucha fortaleciendo la resistencia, debe ir de la mano de un trabajo para lograr mayores niveles de coordinación. En este marco, es preciso desarrollar campañas por el triunfo de las listas combativas en Suteba, Sute-Mendoza, y Telefónicos, entre otras experiencias. Y a su vez fortalecer y desarrollar las experiencias de coordinación combativa (y el encuentro de Haedo podría ser un puntapié para ello).

En lo que respecta a la intervención electoral, como hemos planteado el día internacional de las y los trabajadores en la Plaza de Mayo -como parte de la Corriente de Izquierda Poder Popular-, consideramos que es central avanzar hacia una propuesta unitaria de la izquierda. Esto permitirá desarrollar una perspectiva política alternativa a los partidos patronales, de cara al conjunto de nuestro pueblo.