La realidad que no se ve


En el marco del paro general del pasado 6 de abril el Gobierno realizaba el mini-Davos: el Foro Económico Mundial, versión América Latina. Las garantías de Cambiemos a los empresarios de ajustar el déficit pasadas las elecciones. Los u$s80 mil millones de nueva deuda y la bicicleta financiera. Mientras tanto, la inflación no cede y hasta el FMI advierte que la economía no crece.

A principios de Abril tuvo lugar en Puerto Madero el encuentro regional del Foro Económico Mundial. Allí se reunieron los principales empresarios de América Latina con la primera plana del Gobierno para discutir la situación de la región y las perspectivas económicas. La mayoría de las discusiones fueron alejadas de la prensa teniendo un lugar destacado en el temario el “efecto Trump” y el plan económico argentino.

En el encuentro, los funcionarios nacionales respondieron una pregunta repetida: cuando bajan el déficit. Según los empresarios, el Gobierno ha iniciado un camino correcto con algunas medidas, pero la mayor preocupación es el abultado déficit fiscal que empuja a la inflación. Como explicaron los ministros de Economía y Finanzas, el ajuste será gradual porque no se puede sostener una caída fuerte del gasto en pleno año electoral. El recorte fuerte vendrá luego de octubre, más aún si en las elecciones gana Cambiemos. Mientras tanto, la obra pública crece por encima de la inflación pero los subsidios se recortan por los tarifazos (algunos postergados, otros de menor envergadura a la esperada).

Para cubrir el déficit fiscal, la anterior gestión imprimía billetes. Según el Gobierno, con el Banco Central a la cabeza, esto genera inflación, otro de los dolores de cabeza del empresariado. Por eso Cambiemos modificó la modalidad y en vez de emitir dinero se endeudó hasta los dientes en el último año, con las negativas consecuencias que esto trae.

La bicicleta de Cambiemos

El ministro de Finanzas Caputo tiene un rol preponderante en el esquema de gestión: se ocupa de tomar préstamos para cubrir el gasto corriente hasta que pasen las elecciones. En los 16 meses que lleva el Gobierno, endeudaron al país en casi u$s60 mil millones, según el Observatorio de la Deuda Externa de la Umet. De esta forma, la deuda saltó del 50% del PBI a más de 60%. Es cierto que, gracias a la política del kirchnerismo de pagar todos los vencimientos, Cambiemos tiene margen para seguir endeudándose. Pero el mismo se achica mes a mes.

Además del objetivo de cubrir el déficit, la deuda externa financia la fuga de divisas. Capitales especulativos obtienen una ganancia rápida y asegurada y luego se van: entre enero y marzo de este año salieron del país casi u$s 8 mil millones. ¿Por qué? El BCRA garantiza una nueva bicicleta financiera. En una de las últimas medidas, Sturzenegger subió las tasas de interés al 26,25%. El mecanismo es sencillo: el capital financiero entra al país, vende los dólares, compra títulos del Banco Central que le garantizan un alto rendimiento en corto plazo, cobra los intereses, compra dólares y se va. Se calcula que la tasa de ganancia de este movimiento es de un 6% en dólares, una de las más altas de mundo, por no hacer nada y no correr ningún riesgo.

A pesar de la interna del Gabinete económico, la máxima autoridad monetaria mantiene esta política por una inflación que no cede. El objetivo que se planteó el Gobierno de ubicarla en un 12 a 17% anual es casi de imposible cumplimiento. Tanto es así, que hasta el FMI en su último informe para Argentina habla de un 25% de inflación para el 2017.

Las ansiadas inversiones

Esta política monetaria atenta contra otro de los anhelos del Gobierno: la llegada de inversiones. En un mundo globalizado que aún recalcula la brújula luego de la asunción de Trump y la subida de las tasas de la Reserva Federal, el Presidente recorre los países y se junta con las grandes multinacionales para tentarlos de invertir en la Argentina. Pero la realidad es más fuerte que las promesas de las empresas de gastar luego de las elecciones, y los proyectos no aparecen. ¿Por qué habrían de hacerlo cuando las letras del BCRA le aseguran las ganancias? Mientras tanto, Macri inaugura una planta de Techint en EEUU que compite directamente con la que la empresa posee en Campana. El mundo del revés.

Pero hay más. Otro de los factores por el cual las empresas no invierten es la capacidad ociosa de la industria. En marzo, se utilizó apenas un 60% de la capacidad de producir. Es decir que, incluso si la actividad económica repuntara, hay margen para aumentar la producción sin necesidad de instalar nuevas fábricas. Hay sectores en los que esto es notorio. Por ejemplo, las automotrices están produciendo al 30% de su capacidad, textiles al 57%, metalurgia al 58%. El único sector que se encuentra al límite es el petróleo, con la estrella de Vaca Muerta.

Todo esto, a pesar de que hoy el costo laboral es un 50% menor que en los 90. Según un informe de la CTA, el Estado dejó de recaudar $280 mil millones desde la reducción de las cargas patronales de Cavallo. Pero ya está en carpeta la anunciada reforma laboral para bajar aún más los costos para los patrones, lo que sólo puede significar más flexibilización laboral, que supuestamente garantizaría las ganas de invertir.

Por más promesas y deseos del Gobierno, la realidad marca que la inversión no llega. Y si lo hiciera, en palabras del Ministro Caputo, podría tardar de 6 a 8 años.

Panorama negro

En marzo, la inflación fue del 2,4%. Esto da un total del 6,3% en lo que va del año. Pero esto que parecen sólo números, afecta más a los sectores populares. Los mayores incrementos se dan en los productos alimenticios. Así, una familia necesita hoy, según el INDEC, $14.000 para no ser pobre. Mientras tanto, la economía no crece. Los últimos datos indican que la misma cayó 2,2% respecto al 2016.

A pesar de las declaraciones optimistas del macrismo, los datos demuestran otra realidad. La inflación no cede, la economía no crece. Todos los economistas, hasta los neoliberales, rechazan la visión del Gobierno. Como decíamos, el FMI calcula para el 2017 una inflación del 25% y un crecimiento del 2% y no un 3,4% como dice el oficialismo.

En pleno proceso electoral, esto representa un cuadro negro para el macrismo. Las distintas velocidades a las que se maneja el gabinete económico demuestran las distintas prioridades de los actores. El BCRA aumenta las tasas de interés, que encarecen el crédito para el consumo y la producción y enfrían la economía. Las inversiones que llegan se van rápidamente con los bolsillos llenos. El empleo privado sigue cayendo mientras Marcos Peña hace malabares en el Senado para explicar que la economía crece, y resuena la frase de la señora de “ustedes no ven la realidad”.

El Gobierno de los CEO espera que a fuerza de promesas y concesiones a los grandes capitales, los mismos empujen la economía. Colocación de deuda para los bancos amigos. Baja de las retenciones para los sojeros. Y una anunciada reforma laboral.  Mientras tanto, hay 1.500.000 nuevos pobres en el país. Se mantienen los despidos y suspensiones. Un modelo de acumulación que sólo trae beneficios para el campo, el capital transnacional y los bancos. Un gobierno de empresarios que quiere ganar las elecciones pero sólo toman medidas a favor de su propia clase. Nada se puede esperar del mismo. Sólo una alternativa de los y las laburantes puede dar vuelta esta realidad.