Los que venden la patria (y a bajo precio)


“Mi patria es dulce por fuera,

y muy amarga por dentro;

con su verde primavera,

y un sol de hiel en el centro (…)

Hoy yanqui, ayer española,

sí, señor,

la tierra que nos tocó

siempre el pobre la encontró

si hoy yanqui, ayer española,

¡cómo no!

¡Qué sola la tierra sola,

la tierra que nos tocó!”

Nicolás Guillén

Los periodistas rodean a los dos presidentes. Claramente, uno juega de visitante. El anfitrión, que viene a ser el verdadero mandamás, habla con tono seguro. No falta la palmadita sobre la pierna del otro, mitad gesto de confianza, mitad ratificación de quién es potencia y quién impotencia. Entonces dice: “…yo voy a hablar de Corea del Norte y él me va a hablar de limones”. Con una docena de palabras, Donald Trump, el excéntrico y grotesco magnate que preside la principal potencia mundial, ridiculiza al mandatario que lo visita. Luego, ensayará algunos elogios hacia ese mismo presidente al que acaba de degradar con el contrapunto. Lo hará hablando de su antigua amistad y la confianza que le inspira… pero será poco creíble. La visita de Mauricio Macri a los EE.UU. se inscribe en una larga serie de humillaciones autoinfligidas, mediante las cuales los gobernantes de turno, a la sazón representantes de oligarquías criollas, van a postrarse ante los gobernantes imperiales. Difícil regresar del ridículo. El presidente yanky habla con la seguridad de quienes son dueños de su destino, y del destino de millones de seres humanos; seguridad cimentada no solo en los millones de dólares en su cuenta bancaria, sino en su investidura. Por si fuera poco, además de multimillonario, es un entrenado charlatán, experimentado protagonista de talk-shows. El presidente argentino, balbucea. Como suele hacer siempre.

Ocurre que Mauricio Macri, también empresario y millonario, ha ido al país del norte a revalidar el papel colonial que él y su clase le asignan a nuestra patria. En su visita, por ejemplo, Macri celebró el desarrollo que Techint impulsa en Houston. TenarisBayCity, el emprendimiento que el grupo ítalo-argentino desarrolla en EE.UU. va trasladar allí parte de la fabricación de los tubos sin costura (insumos de la industria petrolera). Esto implica crear 600 puestos de trabajo para los estadounidenses en una planta que requirió una inversión de u$s 1.800 millones. Al mismo tiempo, en la planta de Campana de SIDERCA, de la misma firma, se producen suspensiones rotativas que se suman a los despidos del año pasado… Más de un tercio de la producción de esa planta bonaerense tenía como destino los EE.UU. Esta “readecuación” celebrada por los funcionarios nativos, que enfatiza el lugar de nuestro país como proveedor de materias primas y commodities, es además acompañada por las burocracias sindicales. En el caso de la UOM, el sindicato ligado al kirchnerismo despliega toda su pasividad para que despidos y suspensiones pasen sin pena ni gloria. A su vez, Guillermo Pereyra, titular del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Neuquén, Río Negro y La Pampa, formó parte de la comitiva presidencial. Pereyra es, además, el mayordomo del acuerdo flexibilizador para su sector en Vaca Muerta, y al mismo tiempo es senador por el MPN neuquino: un fervoroso macrista por convicción o conveniencia, antiguamente cristinista y moyanista.

Las patéticas aspiraciones para la colocación de limones en los EE.UU. (unas 20.000 toneladas, menos del 10% de la producción que se exporta) no pueden ocultar algunos otros intercambios mayores. El de los mencionados cítricos es un “negocio” que, según La Nación (30/04) no supera un monto de u$s 50 millones en una relación comercial deficitaria para la Argentina en más de u$s 2.500 millones. No obstante, otros rubros sí poseen interés cuantitativo en el comercio con el imperio. Argentina, exportador de biodiesel a EE.UU., se encuentra cuestionada en el comercio en dicho sector. Los montos anuales de exportación de ese combustible a Estados Unidos se ubican entre u$s 1.200 y 1.500 millones, siendo ese país el principal comprador (compra más de dos terceras partes de lo exportado por Argentina en esa materia). La compra de ese combustible y las condiciones en que se concreta son objeto de cuestionamiento por parte de los productores locales, que han entablado demandas legales para que el biodiesel argentino pague aranceles. Sobre ese punto tampoco el gobierno trajo una resolución favorable: está pendiente aún qué ocurrirá con dichas exportaciones, si es que la demanda proteccionista prospera.

Como se ve, las burguesías locales ejercen ante el imperialismo la diplomacia del felpudo.

Para todo servicio

Más allá de la desventajosa relación comercial con los Estados Unidos, ratificada por la reciente misión, la alcahuetería criolla tiene como propósito reubicar a la Argentina y al gobierno de Macri como alfil (o tal vez peón) de los EE.UU. en la región. Ni la venta de limones, ni el mendicante pedido de inversiones que no se concretan para Vaca Muerta, pese al desbaratamiento de los convenios laborales petroleros, explican la totalidad de los aspectos de la visita oficial. Forman parte de los puntos de intercambio la compra de armamentos y acuerdos bilaterales que incluyen “programas de colaboración” entre las fuerzas de seguridad para la “lucha contra el terrorismo”. A su vez, el potencial lugar de la Argentina, junto a otros países de la región, como Perú o Brasil, como punta de lanza del proceso intervencionista yanky contra Venezuela, forman parte del libreto asignado por la gestión Trump.

En un mes como el actual, que hace más de dos siglos alumbró una revolución contra otro imperio, que quedó inconclusa y que fue traicionada; en un mes como es mayo, con el día 1 y su carácter, internacionalista, obrero y socialista; nada menos que en el mes del Cordobazo, urge retomar las banderas de lucha y de emancipación. Enfrentar al gobierno de los patrones, que se arrastra vendiendo en la mesa de saldos los recursos naturales como garantía de la deuda externa, es una tarea inaplazable. Para dar esa pelea a fondo, no podemos confiar en los mismos de siempre: en los que lotearon el subsuelo con Chevron, en los que fueron socios de la Barrick Gold, en los que poblaron los ministerios con cuadros técnicos de Monsanto, en los que ante los embates de los de arriba, ni resisten ni aguantan.

Es hora de que los trabajadores y trabajadoras demos pasos firmes para construir una Argentina sin hambre ni explotación. Y mayo es un buen mes para hacerlo.