25 de mayo de 1810, patria es Revolución


“En la búsqueda de construir ese futuro de justicia, igualdad e independencia que se llama socialismo, nos encontramos con la historia. No sólo con la historia más reciente, sino con la historia de la resistencia a la invasión europea, de las grandes rebeliones indígenas de fines del XVIII y, sobre todo, de las revoluciones de independencia del siglo XIX. Expropiado por las oligarquías que expropiaron las tierras y la vida, los símbolos y los héroes, ese pasado nos pertenece y tiene mucho que enseñarnos todavía.” AMÉRICA INSURRECTA. Organización Política Hombre Nuevo – Izquierda Revolucionaria. Octubre de 2016.

En la enseñanza sobre nuestra historia se nos ha dicho y repetido que los acontecimientos del 25 de Mayo de 1810 estuvieron determinados por la prisión de Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla. Se oculta y se niega la voluntad de independencia del pueblo, su movilización y los inmensos sacrificios que tributó. Las deliberaciones del Cabildo y lo allí resuelto -la destitución del Virrey Cisneros y la constitución de la Primera Junta Patriótica- no se lograron pacíficamente. Se necesitó, desde el primer día, la presencia armada del pueblo dispuesto a pelear por su emancipación, una dirigencia revolucionaria que encarnó ese proyecto popular y 14 años de guerra independentista hasta la derrota definitiva de los ejércitos españoles en los llanos de Ayacucho en 1824.

“Señores del Cabildo: esto ya pasa de Juguete; no estamos en circunstancias de que Ustedes se burlen de nosotros con sandeces. Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren Uds. verlo? Toquen la campana y sino nosotros tocaremos generala y verán Uds. la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí ó No! Pronto Señores, decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero si volvemos con las armas en la mano, no respondemos de nada.” Antonio Berutti, el 25 de mayo de 1810, cuando se demoraba la renuncia del Virrey y el anuncio de la Primera Junta.

Y desde mayo de 1810 fueron 14 años de guerra contra el colonialismo español que no se resignaba a la pérdida de los territorios americanos y también de enfrentamientos internos y externos para frenar la injerencia de Potencias Europeas que pretendían reemplazar a España. Fue recién en 1816 que se logró en Tucumán la declaración de Independencia “del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” y se necesitaron intensos debates de varios días para que por mayoría se agregara “y de toda otra dominación extranjera”. El Director Alvear consideraba preferible negociar un protectorado británico.

Tuvimos Patria. Pero la conciencia nacional que surgía de esa nueva identidad fue muy distinta en los dos grandes grupos ó clases sociales de la época. Dos proyectos de país en disputa se abrieron aquel Mayo de 1810. Por un lado, los grandes propietarios de tierras, los grandes comerciantes que lucraban con las rentas de importación y exportación del Puerto de Buenos Aires y los dueños de los bancos que gestionaban los empréstitos y negocios británicos. Este sector quería la continuidad y acrecentamiento de sus negocios y sus riquezas, que continuara la mano de obra esclava y que fuéramos solícitos y obedientes a la potencia dominante del mundo que en ese momento era Inglaterra. Por otro lado, los pueblos originarios, las y los negros, mulatos, gauchos y la intelectualidad revolucionaria (los que pusieron el cuerpo y los mártires en la guerra independentista) que, como Castelli, querían terminar definitivamente con la esclavitud y cualquier clase de servidumbre, como Artigas, la Reforma Agraria, como Belgrano, la educación para todos, como Moreno, la expropiación de la minería de Potosí y la industrialización. Y no fueron solamente proyectos: San Martín lo hizo en Mendoza, Gaspar de Francia y los López industrializaron y dieron soberanía al Paraguay con educación y bienestar para todos. Es que estas medidas constituían en conjunto un proyecto no sólo de independencia política sino también de emancipación social.

Al final, Moreno y sus compañeros fueron derrotados; Artigas marchó al exilio lo mismo que San Martín; los paraguayos pagaron bien caro su osadía de ser soberanos y desarrollar con autonomía de las potencias europeas el país más industrializado de América Latina. Y la oligarquía creó una Nación disfrazada “de rostro blanco” casi europea; sin industrias, sólo agro-exportadora para beneficio de los grandes latifundios. Encorsetado todo en un liberalismo rancio y elitista, con taparrabos de república de mentira.

Pero los verdaderos patriotas de Mayo, que pusieron el cuerpo y la sangre, se continúan en su proyecto emancipador, reviven y palpitan en las luchas de las y los trabajadores y el pueblo, en nuestra militancia diaria por la liberación nacional y social de nuestra Patria Grande. Porque hoy Independencia es Socialismo. Y como decía Dalton desde El Salvador: “Para tener Patria tenemos que hacer la Revolución”.

Desde Córdoba. Carlos “Vasco” Orzaocoa.