Aceiteros rompe el techo y expone a la burocracia sindical


Mientras los sindicatos que lideran la CGT como Sanidad liderado por Daer o UPCN de Andrés Rodríguez negociaron salarios de miseria a espaldas de los trabajadores, Aceiteros volvió a conquistar un aumento del 31,6% en línea con su lucha estratégica por un salario mínimo vital y móvil.

Para el gobierno, las paritarias de 2017 podían significar un duro escollo en las vísperas de las elecciones. Pero luego de la gigante movilización del 7 de marzo, con la toma del atril incluido, y del paro total del 6 de abril, la burocracia que conduce la CGT así como sectores que aparecen por fuera del triunvirato con una postura “crítica” pero que reproducen el mismo modelo sindical, optaron por garantizarle la paz social al gobierno. Para ellos, como caracterizamos en su momento, el paro era la válvula de escape para contener la bronca popular. Para el sindicalismo combativo fue una medida trascendental pero enmarcada en la necesidad de un plan de lucha, única manera de frenar los planes de ajuste del gobierno de Macri y los gobernadores.

Dos modelos sindicales: los que lloran y los que luchan

Las paritarias de este año volvieron a ser una expresión de modelos sindicales contrapuestos: los que defienden los derechos laborales, las condiciones de trabajo y salariales a partir de la organización de base y la movilización, y quienes se conforman con míseros aumentos y negocian las condiciones laborales bajo el pretexto del contexto de ajuste y la amenaza de la pérdida de puestos de trabajo. Así, aceptan el discurso patronal según el cual los derechos son privilegios y las históricas conquistas reflejadas en convenios colectivos de trabajo firmados en años de alza de la lucha y la movilización, como los de 1975 en el marco de la huelga general, habría que revisarlos por ser anacrónicos. El primer paso para perder los derechos, es asumir como propio ese discurso empresarial que tiene un contenido netamente político y que no tiene otro fin que avasallar los derechos de la clase trabajadora.

Así, hay decenas de sindicatos que acordaron a la baja y sin ningún tipo de conflicto ni consulta con las bases. Encabezan esa lista Sanidad y UOCRA (ambos 21% en dos tramos), Comercio (dos de 20%), UTPBA (tres cuotas de 20% que anualizadas no alcanzan un 15%) y sobre todo UPCN que acordó un 20% con una primera cuota de 5%. En el caso de los estatales, ATE rechazó el acuerdo que además implica enormes concesiones en cuanto a las condiciones laborales, con índices por productividad y presentismo. La agrupación Ate Desde Abajo, que es parte de la conducción de diferentes Juntas Internas en CABA y Nación (Trabajo, Promoción, Economía, entre otras), planteó que “no aceptaremos esta entrega: no cambiamos nuestra salud por dinero, no cambiamos a nuestros hijos e hijas por dinero, no cambiamos educación por dinero, no aceptamos dinero por la entrega de nuestros derechos” y convocó a la jornada de lucha impulsada por ATE del 23 de mayo.

En prensa, el SiPreBA rechazó el acuerdo firmado por la burocracia de la UTPBA, sin ninguna representatividad real en las empresas de medios de la Ciudad de Buenos Aires, y convocó a un cese de tareas y Asambleas el 24 de mayo y una movilización con paro total el 8 de Junio, exigiendo un 35% y la participación de los delegados paritarios electos en cada empresa en la negociación.

Otros gremios, presionados por la base, aun no cerraron, pero buscan la forma de garantizar una negociación que no rompa con la paz social. La UOM y Alimentación, por ejemplo, realizaron movilizaciones el lunes 22. En el caso de los metalúrgicos, mientras hay conflictos en diferentes fábricas, como en Stockl de Burzaco en donde los obreros enfrentan una serie de despidos sin el apoyo concreto del sindicato, el sindicato conducido por Caló elude la propuesta de distintas seccionales de ir a un paro general por un aumento que recomponga un salario que en los últimos años se fue a pique.

Contrasta con la entrega de dirigentes atornillados desde hace décadas en los sindicatos, el rol de conducciones como Aceiteros, que plantean la necesidad de la pelea por un salario mínimo vital y móvil basándose en el 14bis de la Constitución Nacional. En su último plenario general de delegados, con representación de las fábricas de todo el país, la Federación expuso que para alcanzar ese salario el mínimo no debía estar por debajo de 25 mil pesos. Fue por eso que encararon una lucha importante, con una táctica diferente a la huelga por tiempo indeterminado de 2015 que concluyó luego de 25 días de paro total y bloqueos. En este caso se promovió un plan de lucha progresivo, con retención de tareas, trabajo a reglamento, movilización en las fábricas y frente a la amenaza de una nueva huelga general las patronales terminaron firmando un aumento del 31,6% que lleva el salario básico para la categoría más baja a 25 mil pesos.

El ejemplo de los Aceiteros y una perspectiva de lucha general

En este contexto, el ejemplo de los Aceiteros es central no sólo por lo que consiguen para su sector, que sin dudas es muy importante, sino además por la perspectiva que marca en un contexto en el que el sindicalismo burocrático garantiza el ajuste brutal en base a despidos, flexibilización laboral y paritarias a la baja, que promueven los empresarios con el aval del gobierno y el ministerio de trabajo. El Consejo del Salario convocando para junio definirá un mínimo vital y móvil que ni siquiera alcanzará a 10 mil pesos, muy por debajo de la línea de pobreza y la canasta básica.

Como sostienen los compañeros Aceiteros, parafraseando a la histórica CGT de los Argentinos, “sólo los trabajadores salvarán a los trabajadores, por eso reiteramos nuestra solidaridad con todos los compañeros que están luchando por salarios dignos, contra las burocracias sindicales, en defensa de los puestos de trabajo y contra los despidos”.

Es imprescindible la unidad de los sectores combativos a partir de la inserción real y de la experiencia concreta de cada sector, para presionar por abajo y construir el paro general con movilización y el plan de lucha capaz de enfrentar el ajuste de este gobierno de ricos.