A 48 años del Cordobazo: Dispuestos a pelear. Dispuestas a vencer


Hilda Guerrero de Molina cae baleada en la ruta. La policía reprime ferozmente las manifestaciones de los cañeros que se oponen a los cierres de los ingenios azucareros. Miles de familias se organizan, negándose a quedarse mascullando bronca. Salen a la calle, cortan rutas, pelean contra un gobierno dictatorial que siguiendo los lineamientos del gran capital y del amo yanqui lleva adelante una profunda reforma económica que implica para el pueblo –como siempre, como antes, como ahora – más ajuste, más hambre, más explotación. Es 1966. Hace 51 años.

La dictadura de Onganía no sólo se proponía llevar adelante las recetas clásicas del liberalismo (congelamiento de salarios, suspensión de los convenios colectivos de trabajo, devaluación, privatización en materia petrolera) sino que pretendía imponer una transformación cultural y política más profunda. Al tiempo que surgen en América Latina las organizaciones revolucionarias de campesinos, obreros/as, estudiantes, que se plantean no ya sólo mejorar sus pobres condiciones de vida sino terminar de una vez con el capitalismo, el Imperialismo elabora la Doctrina de Seguridad Nacional: cientos de milicos serán formados en la Escuela de las Américas en técnicas que se proponen “combatir al enemigo interno” y terminar con cualquier atisbo de proyecto emancipador. Siguiendo esa Doctrina, la llamada “Revolución Argentina” impone la censura y la represión en los barrios, en las universidades, en las fábricas.

Pero el pueblo todo se apresta a resistir. Años de resistencia obrera y popular han forjado hombres y mujeres que salen a pelear por defender sus conquistas, sus libertades, sus derechos y que empiezan a cuestionar el orden social que les impone miseria y explotación.

Los estudiantes se organizan en las facultades y en los barrios universitarios. Los obreros y obreras en las fábricas y sindicatos, donde se ha formado y ha madurado una dirigencia combativa que –sintetizada en la CGT de los Argentinos – pone en cuestión a la burocracia negociadora, dialoguista y mafiosa que se alinea con el poder de turno, al ladito mismo de los empresarios, los milicos y la iglesia. En las barriadas, se organizan las familias en lo que será el movimiento villero.

Tres años después, esa fuerza acumulada se expresaría en el Cordobazo, la primera gran rebelión popular victoriosa de nuestra historia. Con una gran organización y férrea disciplina, miles de obreros y obreras, estudiantes, vecinos, protagonizaron un paro con movilización que se dispuso a enfrentar a la dictadura y responder a la represión, llegando a tomar barrios enteros y a controlar la ciudad durante varias horas al calor de las fogatas y barricadas que impidieron el avance de la policía y el ejército. A la violencia desde arriba se respondió con la legítima violencia desde abajo.

El Cordobazo marcó el fin de la dictadura de Onganía y el comienzo de un ciclo nuevo en la lucha de clases. La rebelión popular que se multiplicaría en distintas ciudades del país, Rosario, Mendoza, Tucumán, abrió un periodo en el que el movimiento obrero y popular en Argentina y otras regiones de Nuestra América disputará efectivamente el poder.

Aquella gesta sigue constituyendo un hito ineludible que nos permite recuperar nuestra historia; re-aprender nuestra capacidad de resistencia, lucha y organización como pueblo; refrescarnos la memoria para saber que no hay enemigo invencible.
A 48 años del Cordobazo, aquí estamos, dispuestos/as a pelear. Dispuestos/as a vencer.