#JuicioALaPoliciadeMacri: además del gatillo, hay absolución fácil


El 12 de marzo de 2013, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ordenó desalojar la Sala Alberdi y las inmediaciones del Centro Cultural San Martín. La represión se trasladó, durante horas, varias cuadras a la redonda. Hubo decenas de heridos/as y detenidos/as. Cuatro años después, con la demora judicial que tardó en llegar, el juicio tuvo sentencia.

Después de años de dilaciones y demoras disfrazadas de procedimientos burocráticos, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 7 dio a conocer hoy el veredicto por la causa contra los efectivos de la Policía Metropolitana que dispararon con balas de plomo en la represión. Los policías imputados Miguel Antonio Ledesma, Gabriel Pereira de la Rosa y Maximiliano Nelson Acosta, fueron juzgados sólo por “abuso de armas” e “incumplimiento de los deberes de funcionario público”. Actualmente cumplen servicio “pasivo”.

La querella, representada por María del Carmen Verdú, militante del Frente Único HN-IR y CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional), pidió la pena de 20 años de prisión por tentativa de homicidio calificado -por haber sido cometida por policías- y que se investigue a los responsables políticos y materiales de los hechos, que aun no fueron siquiera indagados. La defensa, como era de esperarse, pidió la absolución. La fiscalía por su parte, ni lenta ni perezosa, negoció unos tímidos tres años y medio. Y el tribunal, que el panorama le vino redondo, “cortó por lo sano”: falló tres años para Pereira, y absolvió a Ledesma y Acosta.

Fue la primera vez, y probablemente la última, que la policía Metropolitana como tal fue a juicio. La policía de Macri, antes y después de asumir la presidencia. El primer antecedente, el ensayo y la práctica para la represión de ayer y de hoy, del gobierno nacional. Hace cuatro años dispararon balas de plomo, de goma, gases pimienta y lacrimógenos, hidrantes, y demás, para desalojar un espacio que le redituaba un negocio al gobierno -hacer de la cultura un espectáculo rentable-, y disciplinar en el acto a quienes luchen y se organicen; hubo decenas de heridos/as y detenidos/as. Hoy siguen disparando para defender los intereses de esa minoría, sigue vigente la criminalización de la protesta social. Las heridas siguen, las detenciones también, y -como podemos ver- además del gatillo, hay absolución fácil.

Pero no es sólo la continuidad histórica de un modelo lo que queremos reflejar, y sintetizar acá. El juicio tardó cuatro años en desarrollarse, tiempo durante el cual la justicia y las propias fuerzas de “seguridad” intentaron por todos los medios vaciar de contenido la lucha y desgastar la fuerza militante. Y las organizaciones no nos movimos un centímetro, el horizonte era claro: hasta que tuvieran que dar explicaciones. Quisieron ocultar lo que tuvimos y tenemos para decir, tampoco pudieron.

Sabemos cómo funciona la justicia en nuestro país. No nos sorprende este resultado. Por eso no queríamos dejar de decir y remarcar, que hoy no perdimos, porque la sentencia no fue el veredicto que se leyó hoy. La sentencia hace tiempo ya estaba hecha. Fue la condena popular la que los llevó ahí, y también la lucha organizada la que visibilizó como funcionan, no sólo esos tres efectivos, sino toda la institución que forma parte, y sostiene, al modelo económico y político de Cambiemos. Terminamos más fuertes que cuando empezamos, y es esa fortaleza las que nos permite afirmar la jornada de hoy tuvo lugar porque como campo popular ganamos una primer y fundamental batalla. Ahora bien, redoblaremos la lucha para hacer que todos los responsables realmente sean condenados como merecen.