Consecuencia y unidad para enfrentar la represión


por María del Carmen Verdú

La lucha contra la avanzada represiva del macrismo demanda de enormes esfuerzos para intervenir en unidad y poner freno a las iniciativas antipopulares. La confluencia masiva frente al fallo del 2×1 es un ejemplo de ello. Esta lucha debemos librarla con las banderas en alto, contra la represión de cada gobierno, de ayer y de hoy, del Estado nacional y de las provincias, en defensa de nuestra clase y nuestro pueblo.

El 10 de mayo una multitud se movilizó por las calles de la ciudad de Buenos Aires para repudiar el fallo de la Corte Suprema que concedió a un genocida el beneficio del 2×1 en el cómputo de la pena. La inmediata, contundente y masiva reacción popular, que se expresó también en otras ciudades del país, forzó al gobierno a dar marcha atrás en sus iniciales declaraciones de apoyo al fallo. A tal punto acusaron recibo del potente mensaje, que de inmediato las principales espadas de Cambiemos, como Vidal, Garavano y Pinedo salieron a desmarcarse de los cortesanos a los que sólo dos días antes aplaudía el secretario de DDHH Avruj.

La movilización en CABA tuvo dos aspectos destacados: por una parte, la presencia autoconvocada de miles y miles de personas por fuera de las columnas de las organizaciones, lo que da cuenta del nivel de rechazo popular a cualquier medida que implique ceder el terreno tan arduamente conquistado hacia el juicio y castigo a los genocidas, asunto en el que se han dado pasos valiosos en base a la lucha popular, aunque aún son muchos los casos pendientes (la cantidad total de represores condenados representa un promedio de 1,5 por cada centro clandestino de detención que existió durante la dictadura).

Por otra parte, fue significativa la decisión de los organismos independientes y las organizaciones de izquierda que integramos el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVyJ) de postergar la movilización contra el avance represivo de los gobiernos nacional y locales, que estaba convocada hacía semanas para el 11 de mayo, y marchar el 10 con columna, consignas y pronunciamiento propios. En un claro ejemplo de unidad de acción callejera con independencia política, no nos diluimos en la convocatoria que intentó ser apropiada por el kirchnerismo, pero tampoco nos alejamos del los amplios sectores de nuestro pueblo que, sin otra bandera que #No2x1Genocidas, fueron el componente mayoritario de la movilización.

Por otra parte el 23 de mayo,  se realizó la marcha del EMVyJ tal como estaba programada, con el eje puesto en el conjunto de ataques represivos que venimos sufriendo por parte de Macri y los distintos gobiernos provinciales, con los reclamos de la derogación de la legislación represiva, desde las leyes “antiterroristas” votadas durante la gestión kirchnerista hasta las recientes; la libertad a los presos y presas políticas; por el cese de la militarización de los barrios, con sus consecuencias directas como el crecimiento de las detenciones arbitrarias y el gatillo fácil; la denuncia del espionaje y el hostigamiento a los trabajadores organizados, y, desde luego, el repudio al 2×1 a los genocidas, para los que sólo admitimos cárcel perpetua, común y efectiva.

No es nada casual que confluyeran en ese pliego de consignas las vinculadas al terrorismo de estado de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, con las referidas a la represión aquí y ahora, bajo el gobierno de Cambiemos. Así como el kirchnerismo utilizó su imagen de “gobierno defensor de los DDHH” para neutralizar e invisibilizar las denuncias contra su política represiva, el macrismo, a la inversa, reivindica el terrorismo de estado y la dictadura como táctica para banalizar y legitimar la represión actual. Las fotos de los desfiles militares del 9 de Julio pasado, con los represores del Operativo Independencia en Tucumán y los de La Tablada y Aldo Rico en CABA, o las del reciente 25 de Mayo, con Cecilia Pando enarbolando la bandera de la libertad a los genocidas, son la muestra más explícita de cómo esa reivindicación de la represión de ayer, allana el camino a la actual. ¿A quién le puede sorprender la presencia uniformada en cada esquina de nuestras calles, si los que nos invitan a “disfrutar” como fiesta patria son milicos de todos los colores, genocidas incluidos, marchando por la Avenida del Libertador, como cuando el palco lo ocupaba la Junta Militar?

De la mano de esas iniciativas el avance represivo explícito, que denunciamos en todas sus modalidades, viene adquiriendo características explosivas como las reiteradas intrusiones policiales, arma en mano, en colegios secundarios, por ejemplo en la ENAM de Banfield, donde la reacción inmediata de la comunidad educativa logró frustrar la detención de tres adolescentes, hoy acusados por “resistencia a la autoridad”.

Aunque el ingreso policial en las escuelas no esté expresamente prohibido normativamente, como ocurre en las universidades debido a su autonomía (lo que poco preocupó a la policía jujeña cuando se llevaron preso por una contravención al presidente del Centro de Estudiantes de Ciencias Agrarias desde el interior de la facultad) esos hechos, igual que las constantes intercepciones de pibes y pibas en las calles o el reiterado pedido de documentos y la requisa de efectos personales en los colectivos, generan un fuerte impacto en el conjunto del pueblo y en particular en los y las jóvenes, que no necesitan ponerse a leer códigos y constituciones para percibir la arbitrariedad de esas herramientas de control social. Pese a las iniciativas oficiales para naturalizar la represión, hay una conciencia popular creciente que la cuestiona.

En ese escenario, sin miedo a perder nuestras identidades y, naturalmente, sin ceder un milímetro en la independencia política de quienes denunciamos la represión de los diversos gobiernos, debemos esforzarnos por fortalecer los espacios de coordinación y articulación que ya existen y aportar a crear nuevos, tanto los que se circunscriben a una cuestión puntual como los que se proyectan sobre una temática más amplia.

Ejemplo de ésto ha sido, por cuatro largos años, la articulación construida por CORREPI, la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA) y el Frente Juvenil Hagamos lo Imposible (HLI) para impulsar el Juicio a la Policía de Macri, a partir de la represión de la Metropolitana en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires la noche del 12 al 13 de marzo de 2013, cuando dos compañeros de la RNMA y un manifestante fueron baleados con plomo. Desde nuestras diferencias, empezando por lo obvio (una organización antirrepresiva, una red de medios alternativos y una agrupación juvenil con desarrollo en diversos frentes), logramos establecer criterios y formas de funcionamiento que permitieron, a pesar del deliberado bloqueo de los medios hegemónicos, visibilizar una causa que pone el reflector sobre la “nueva policía” del macrismo, ayer Metropolitana y hoy de la Ciudad, y convertir las jornadas del juicio en una tribuna popular que contó con la presencia de destacados referentes políticos, sociales, de DDHH y sindicales.

Otro modelo de coordinación, sin duda, es el EMVyJ, ya con más de 20 años de construcción, que se consolida a diario como el espacio de articulación de centenares de organizaciones populares que, junto a los organismos de DDHH que nunca claudicaron, es punta de lanza en la reivindicación de los 30.000, de los caídos y caídas en las represiones de los gobiernos posteriores a 1983, y, fundamentalmente, en la lucha contra la criminalización de la protesta, de los trabajadores/as y los/las jóvenes.

En el mismo sentido, desde todos los sectores organizados de la clase trabajadora y en todos los frentes, debemos incrementar los esfuerzos para tener una intervención mayor de cara a nuestro pueblo, que confluya para incentivar ese repudio e impulse mayores niveles organizativos. Para dar cuerpo real a la necesaria unidad de acción en las calles, e interpelar a tantos hombres y  mujeres que a diario se preguntan cómo defender los pocos derechos que tienen. Debemos amplificar nuestra intervención y buscar los acuerdos mínimos pero necesarios, que aporten a organizar la bronca.