Junio arde rojo


Son varios los motivos para considerar junio en clave de vinculaciones históricas, conclusiones de coyuntura y definiciones políticas: 14 de Junio, nacimiento del Che.20 de Junio, muerte del General Belgrano. 26 de Junio, asesinatos de Kosteki y Santillán en el 2002. Junio nos llega, además, como un balance de medio tiempo en la política económica del año, y ninguna buena perspectiva aparece en la actualidad o en el horizonte de los y las trabajadores.

Para nosotros y nosotras, que asumimos al Che como la expresión más desarrollada del marxismo revolucionario en y desde América Latina, el recordatorio de su nacimiento implica mucho más que un aniversario y una declaración en homenaje. Es más bien una ocasión especial para reforzar el compromiso con su-nuestro ideario. Es una oportunidad mayor en el calendario para reflexionar sobre las tareas actuales que el comandante impulsaría y sobre las que actuaría en consecuencia. De esa misma manera podemos también evocar a Manuel Belgrano.

Caso emblemático, en Argentina se instaló el 20 de junio, fecha de su muerte en la pobreza absoluta y en el olvido oficial, como el “día de la bandera” (que de más está aclarar, su “creación” no coincidió con un 20 de junio). Así es como la clase dominante pretendió inclusive borrar la evocación de Belgrano (como de Moreno, como de Castelli, de Monteaguo,  etc.). Nosotros y nosotras asumimos su legado, enlazado al de San Martín, al de Bolívar, al del Che y al de Fidel y al de tantos otros y otras. Creemos y queremos una Patria Grande, americana, continental, donde la historia cuente con los pobres de América. Y nuestra solidaridad internacional está en esa dirección. Con el pueblo de México, con sus docentes y estudiantes y sus jóvenes masacrados. Con el pueblo de Colombia, con su búsqueda de paz y justicia, en solidaridad con sus dirigentes campesinos y sindicales amenazados o asesinado. Con la Cuba libertaria, faro de nuestra América latina, cuna de la primera revolución socialista del continente.Y sin dudas ni tibiezas, solidaridad con Venezuela, territorio donde se juega hoy el freno o la avanzada aplastante del imperialismo; donde se juega hoy un baluarte de la resistencia. Sabemos que con la caída del gobierno venezolano, nada bueno puede esperarse. El triunfo de la derecha y sus bandas fascistas (que linchan indígenas, queman jóvenes pobres y reciben financiamiento y propaganda del imperio) augura un ataque brutal contra el pueblo y sus conquistas. Decimos solidaridad con Venezuela y asumimos que no alcanza con la mera declamatoria. Lo sabía Belgrano cuando dejó el Derecho para asumirse Militar. Lo sabía desde luego el Che, que fue argentino y cubano y congolés y boliviano y entendía que cualquier tierra del mundo podía reclamar del modesto concurso de  sus esfuerzos, o de saber que si uno/a es revolucionario/a puede sentirse tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más, y en cualquier momento que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar la vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.

Con esa solidaridad, y con ese conocimiento de que a veces el trance histórico nos pone en el sitio de asumir una posición de fuerza, con esa fresca juventud a flor de piel, con la disposición a ser el otro –a ser verdaderamente el otro o la otra, compañero o compañera de clase y no difusamente cualquier otro u otra– Darío y Maxi estuvieron junto a cientos y miles de trabajadores/as desocupados/as aquel 26 de junio de 2002. Y con su corazón rojo y a la izquierda enfrentaron como pudieron un operativo destinado a disciplinar al movimiento piquetero y con él al pueblo todo, pasando a engrosar la larga lista de luchadores y luchadoras que buscamos conquistar la verdadera independencia; nuestra única, verdadera e irrenunciable independencia.

En momentos como hoy en que la derecha más recalcitrante avanza pavoneándose de su fugaz pero efectiva tarea de intentar pisotear todos nuestros derechos, y que en nuestro país con la gracia y venía de la supuesta oposición parlamentaria y la tregua artera de la burocracia sindical ha sobrellevado un nuevo semestre en el que el peso del ajuste se acumula en nuestras espaldas y nuestros bolsillos, que ya son puro agujero; en momentos de avanzada mundial del Capital sobre el Trabajo, imponiendo un retroceso de derechos conquistados por los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo; en momentos en que las aparentes “ofertas” políticas locales promueven el conformismo y coinciden en definitiva en que renunciemos a lo necesario para optar por lo posible; decimos con el Che, decimos con Belgrano, decimos con Darío y Maxi: organización y lucha, solidaridad activa, internacionalismo proletario, fuera el imperialismo de América Latina. Y gritamos con nuestros rojos corazones: ¡Han muerto revolucionarios. Viva la revolución!