UNA SORDA DISPUTA DE PODER


Los grandes partidos en el marco electoral

Con la crisis de Brasil como telón de fondo, la Argentina sigue empantanada. Todos los partidos patronales están volcados de lleno a la campaña electoral, mientras la economía no logra repuntar y los escándalos de corrupción amenazan con ampliarse. Nada que resuelva las demandas populares. Por nuestra parte, al tiempo que sostenemos una política amplia de unidad de acción para enfrentar a la derecha, necesitamos forjar una salida política de las y los trabajadores.

A costa del pago futuro, la ampliación del endeudamiento externo (que creció unos u$s 80 mil millones el último año y medio) sirve como colchón para evitar una caída más profunda, pero no disimula el escenario. Las políticas del Banco Central para enfriar la economía con altas tasas de interés no lograron contener la inflación (que sigue escalando hacia un 27% anual) pero sí agravaron el escenario productivo, sin nuevas inversiones, con caídas de la producción y con cierres de fábricas, favoreciendo en cambio la especulación financiera.

Por más que le prometió apoyo a Trump en su política imperialista, el presidente argentino no obtuvo recursos tras su paso por EEUU, y fue a buscar ese dinero a China, dejando atrás sus denuncias sobre los negociados del kirchnerismo y la potencia asiática. No se trata, de todas formas, de algo que pueda impactar a corto plazo.

Por lo pronto, la carga de la crisis la sufre clase trabajadora. De hecho, salvo contadas excepciones (como es el caso de Aceiteros, entre otros pocos), las direcciones sindicales cerraron paritarias que pierden frente a la inflación, y en la mayoría de los casos sin siquiera amagar con algún plan de lucha. La situación contrasta con el empeoramiento de las condiciones de vida fruto de los aumentos de precios y de tarifas.

Odebrecht y después

El carácter estructural que asume la corrupción capitalista, tiene como centro de atención a Brasil. Sus denuncias atraviesan a la clase empresarial y a los altos mandos políticos, sin distinguir entre oficialistas y opositores. Lo que fue base del golpe institucional a Dilma Rousseff, se volvió ahora contra Michel Temer.

La punta de lanza para la expansión global del capitalismo brasileño, la empresa Odebrecht, es la usina de las denuncias. En sus listas están empresarios y políticos de nuestro país.

La campaña “anticorrupción” fue fundamental para el triunfo y afirmación del macrismo. Y aunque otros escándalos (como Panamá Papers, Correo Argentino) no han logrado derrumbar la imagen de Macri, el miedo a la ampliación del caso Odebrecht es evidente. Sobre todo porque deberá pasar por las manos kirchneristas de Gils Carbó y puede amplificar las denuncias contra Calcaterra, primo y testaferro central del Presidente, embarrando el año electoral.

Por supuesto, los funcionarios del kirchnerismo, con De Vido a la cabeza, también están en el centro de las denuncias. Es parte de una realidad (negada o subestimada por el núcleo duro kirchnerista) que amplifican a su gusto los grandes medios aliados del gobierno.

Pero las editoriales de los principales diarios no paran de advertir a Macri sobre esta explosión (ya iniciada con el caso Arribas), preanunciada por Elisa Carrió en sus propias filas. Aún así, el amor a los negocios es más fuerte, y beneficios como la entrega del soterramiento del FFCC Sarmiento, siguen en curso, permitiendo el embolso de millones por el tándem Odebrecht/Calcaterra/Macri

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Hacia el cierre de listas

El calendario electoral puso en movimiento a todos los espectros de la política patronal. La reaparición de Cristina Fernández de Kirchner a fines de mayo fue el dato más relevante. Se trata de definir el triunfo en la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas.

El macrismo, carente de candidatos, ha multiplicado las dudas sobre sus figuras, pero se siente más seguro de una competencia que tendrá como centro “pasado vs. futuro”. El uso de las figuras de Macri y Vidal debe servir de arrastre. Es cierto que la réplica de la estrategia de la “grieta” de 2015 se da con un Cambiemos más desgastado. Pero lo hace utilizando como puchimbol a un kirchnerismo que perdió base social, además de los resortes del poder y la comunicación.

Por su parte el peronismo, a su pesar, sigue atado a Cristina. Sumido en las disputas internas tras la derrota de 2015, el PJ no pudo reordenarse bajo ningún ala hegemónica, y parece necesitado de contar con CFK como candidata fuerte, por su piso superior al 30% en las encuestas. Es lo que se puso en evidencia con su reaparición pública, aunque la persistencia de Randazzo en ir a las PASO da cuenta de un heterogéneo sector que no quiere encuadrarse bajo la ex presidenta. Como sea, el lugar de Cristina es muy distinto al período anterior. Se erige como prenda de unidad de un amplio arco más interesado en ganar que en sostener ningún tipo de proyecto en particular. Aún así, las organizaciones kirchneristas y peronistas que hablaron de la “resistencia” volcaron todas sus energías al proceso electoral, dejando en un lugar muy secundario a la disputa en la calle contra la avanzada derechista.

El enfrentamiento electoral al macrismo, que puede entusiasmar a sectores populares por su difuso programa antineoliberal, está estructurado en base a una alianza rancia de gobernadores, intendentes y legisladores que en su mayoría acompañan las medidas del macrismo, y que no tienen mucho más “proyecto” que ser ellos mismos los gestores del poder. Un poder que en este período recesivo, va de la mano del ajuste y del disciplinamiento al movimiento popular.

Al grito de “ni un gobierno de ricos, ni un gobierno de ladrones”, Massa selló su pacto con Stolbitzer el 25 de mayo, convocando a no caer en “la grieta”. Aunque el defensor del aumento de penas y de la baja de edad de imputabilidad está perdiendo cuadros por el rearmado del PJ (como Alberto Fernández y el cegetista Rodolfo Daer), no deja de estar en carrera prometiendo absorber votos peronistas. Más discutible es que la presencia de antiguos “progresistas” (como Libres del Sur) y de Stolbitzer arrime a alguien de la decaída centroizquierda.

Frente único para la lucha, perspectiva independiente para el cambio de fondo.

La clase trabajadora y el pueblo necesitamos enfrentar la avanzada neoliberal y derechista del macrismo. Se trata de impulsar una salida que exprese nuestros intereses y que no repita una y mil veces el ciclo de promesas incumplidas para nuestro pueblo.

En primer lugar es central desarrollar la lucha contra las políticas de ajuste y represión.

La consecuencia de quienes no se han ido de las calles en la década pasada es un reaseguro fundamental. Es que, con independencia política, numerosas organizaciones sociales y políticas sostuvimos por años la lucha y enarbolamos programas que daban cuenta de las enormes tareas pendientes para el campo popular.

Hoy, ante la avanzada derechista son más los que se suman a la lucha. La genuina voluntad de amplios sectores populares de parar al macrismo y defender conquistas sociales, convive con la expectativa del peronismo de acumular para su proyecto toda esa bronca social. El “vamos a volver” supone dejar a un lado todas las responsabilidades del PJ, pasadas y actuales, como corresponsable de las durísimas condiciones que atraviesan nuestro pueblo y nuestro país.  Está muy lejos de ser un proyecto que exprese a las mayorías populares, que dé respuesta a sus necesidades.

Aún así, esas diferencias de proyecto no deben ser obstáculo para golpear al macrismo en unidad de acción, fortaleciendo las luchas en las calles. Son enormes las dificultades para llevar esto a cabo, principalmente por el boicot sectario de organizaciones kirchneristas, y a veces también por posiciones fundamentalistas de sectores de la izquierda. Pero su potencia es gigantesca, como se vivió con el rechazo al 2×1 por ejemplo.

Al ritmo de la lucha diaria, debemos dar pasos también en una propuesta política cada vez de mayor amplitud, que puede erigirse como alternativa política frente a la derecha neoliberal y el “capitalismo en serio” que gestionó una y otra vez el PJ. Esa disputa, que en la coyuntura actual se dirimirá también en los debates electorales, debe encontrarnos fortalecidos desde una perspectiva unitaria para el conjunto de la izquierda. Por eso es que, desde el Frente Único IR-HN y como parte de la Corriente de Izquierda Poder Popular, bregamos por una intervención común y amplia de la izquierda y los sectores populares, que en el marco electoral se exprese en el desarrollo y ampliación del FIT, y que pueda cristalizarse en expresiones genuinas y de mayor permanencia en el campo de la lucha popular.