Los aportes de Ernesto Che Guevara: Debates en torno a la transición socialista


En el marco de la campaña “Caminos de Revolución” retomamos los aportes de Ernesto “Che” Guevara a los debates teóricos y prácticos sobre la transición al socialismo a poco menos de un siglo de su nacimiento y medio de su caída en combate.

Como a muchos revolucionarios y revolucionarias de la historia durante décadas y aún en la actualidad, la práctica política y el pensamiento del Che ha sido tergiversado, manipulado, convertido en objeto de consumo, así como se ha hecho foco en un aspecto de sus aportes y no en otros. Es sí que se torna imprescindible en primer lugar recuperar al Che como un marxista revolucionario –anti dogmático- que representó y representa la posibilidad real de construir una sociedad socialista en América Latina, y en segundo lugar, vinculado con el anterior y no menos importante, la integralidad de sus aportes como revolucionario. Para el Che hablar de socialismo no implicaba pensar por separado el factor económico, el político, el subjetivo y el filosófico, sino que necesariamente debemos pensar todos esos factores como una totalidad inescindible para la transformación de la sociedad.
El Che refleja cabalmente el rol del sujeto en el proceso revolucionario y como determinadas figuras concentran sobre sus espaldas las relaciones de fuerzas de su momento histórico. Por ello de médico expedicionario, se convierte en combatiente guerrillero posteriormente en Comandante y finalmente en Ministro del Estado Revolucionario Cubano. Teniendo en cuenta este elemento, en el siguiente artículo nos detendremos en uno de los aspectos menos recuperados de su trayectoria revolucionaria, sus aportes sobre la transición socialista.

El Capital, una guía para la acción revolucionaria
Los aportes del Che y la Revolución Cubana a la transición se insertan en los debates teóricos y prácticos que se habían desarrollado en experiencias anteriores de estados surgidos de revoluciones triunfantes. El “cálculo económico” de los sesenta era la continuación histórica de la Nueva Política Económica (NEP) implementada por Lenin y Trotsky a comienzos de los años veinte. Ambos habían considerado un repliegue para recomponer la economía rusa, a partir de la reutilización de criterios capitalistas con el fin de generar condiciones para avanzar nuevamente en un sentido socialista. Sin embargo, haciendo de necesidad virtud, ese sistema pasó a considerarse un dogma impoluto desde la época del estalinismo, cristalizado en el famoso Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS. (Manual que se actualizaba cada cinco años, después de cada Congreso del Partido Comunista de la URSS.)
Una vez nombrado como ministro de Industrias en la naciente Cuba, Guevara se dedicó a estudiar en profundidad y sistemáticamente las obras de Karl Marx (que había leído desde muy joven) y en particular a analizar El Capital, como una guía para la acción insustituible a la hora de comprender el funcionamiento del sistema capitalista y desde dónde destruirlo. Cursó junto a los miembros del ministerio un seminario sobre esa obra. Es desde ese estudio riguroso que el Che se meterá de lleno en el debate, sentando posiciones muy críticas: “Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo”[1]. Dicho pasaje tiene el valor de indicar cuándo comenzó el desvío del camino, además de adjudicar dicho error a los máximos líderes de la Revolución Rusa y pronostica ni más ni menos que por dicho camino -cálculo económico- se restaurará el capitalismo. Este último aspecto, es fundamental. Según el Che el fetichismo hacia el cálculo económico se originaba en la herencia que significaba la incorporación del fetichismo de las relaciones mercantiles a la construcción de la transición socialista.
En distintos artículos Guevara demostrará una interpretación del marxismo alejada del dogma soviético, en “El socialismo y el hombre en Cuba” planteará: “Si a esto se agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance”[2].
Es realmente significativo que sus aportes hayan sido en un periodo de tiempo tan breve. El 7 de octubre de 1959 asumió el cargo de Jefe del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), el 26 de noviembre de ese mismo año ocupó la presidencia del Banco Nacional y el 23 de febrero de 1961 se hizo cargo del Ministerio de Industrias. Entre sus tareas como Ministro realizó una serie de viajes por Asia y África en pos de buscar apoyo internacional a la Revolución Cubana y por países socialistas en búsqueda de acuerdos comerciales bilaterales para la organización de la economía socialista cubana. Su labor diplomática fue importante para establecer vínculos comerciales para el desarrollo económico nacional en particular con la URSS, Checoslovaquia y China.
Sus reflexiones fueron profundamente agudas. Para el Che el desarrollo económico no era un fin en sí mismo, lo fundamental era que la sociedad transformara al sujeto, potenciará sus capacidades creadoras y ayudará a superar el individualismo y egoísmo a la vez que fortaleciera la solidaridad. Uno de los nudos centrales de la teoría del valor que Marx desarrolla en El Capital es el fetichismo de la mercancía, clave para entender la dimensión cualitativa y en particular la opaca y escurridiza forma del valor. La división social del trabajo entre productores independientes y su relación a través de los productos de su trabajo devenidos mercancías da lugar a una profunda enajenación. Retomando también los Manuscritos económicos – filosóficos de 1844 de Marx, Guevara retoma la crítica a la alienación. El producto del trabajo humano se independiza y se enfrenta a su propio creador, porque el proceso de trabajo se tornó ajeno al sujeto y, en consecuencia, el productor se escinde de la colectividad. La conclusión política estratégica es clara: la transformación socialista de la economía implica planificación y un proceso constante de desalienación mediante la reapropiación colectiva y consciente del trabajo. (Concepción que sintetiza en la propuesta del Sistema Presupuestario de Financiamiento que se desarrolla abajo). Consideraba necesario una nueva cultura -opuesta al capitalismo- que colmara plenamente la existencia individual y las relaciones sociales. Para el Che la organización socialista debía establecer la utilización social de los bienes, poniendo especial atención a la forma en que se obtenían y qué relaciones sociales establecían los sujetos en el marco de la producción. Evaluando constantemente qué tipo de subjetividad y qué grado de conciencia generaba la planificación económica.
El Che insistió vehementemente en la imposibilidad de que el sistema capitalista fuera capaz de desarrollar a los países periféricos. Denunció el intercambio desigual entre el campo socialista y los países atrasados. Presagió no sólo el fracaso del modelo soviético de “socialismo real”, debido a la utilización de las “armas melladas del capitalismo”; sino que vaticinó el camino hacia la restauración capitalista. Desde su interpretación del marxismo polemizó y se distanció de la doctrina soviética, que se guiaba por una concepción en la cual los hombres estaban determinados por leyes económicas que escapaban a su voluntad. Lejos de esa visión ortodoxa, el Che retomó a Marx y El Capital desde la filosofía de la praxis y ubicó en el centro de la escena a hombres y mujeres considerando primordial las transformaciones de los mismos. A la conciencia de la realidad se le debía sumar el poder de decisión sobre ella.

Del “Gran Debate” a un sistema alternativo
Durante los años 1963-1964 se da dentro de Cuba, y en otras partes del mundo, lo que se conoce como “El Gran Debate Económico”. A primera vista podría parecernos que es una discusión entre dos posturas económicas, sin más. Pero en la base de los postulados desarrollados por el Che, existe la imperiosa necesidad de discutir y sistematizar una economía política (inexistente para él) para el periodo de transición socialista y dentro de este proceso identificar las palancas fundamentales para su desarrollo. Es en este marco donde plantea una ruptura radical con las categorías mercantiles y postula la noción de “Hombre Nuevo”. Este concepto revolucionario harto necesario para el nacimiento de la sociedad comunista, constituye la espina dorsal del pensamiento del Che. Así, en toda la justificación de su propuesta emprende la creación de métodos y lógicas que contraríen las relaciones mercantiles del capitalismo, aún remanentes en algunos aspectos de la nueva sociedad cubana, y que ayuden a combatir las tendencias a la burocratización.
El Che no solo participó de los debates que se desarrollaban con Charles Bettelheim, Carlos Rafael Rodríguez, Ernest Mandel, Alberto Mora, entre otros; sino que avanzó en una propuesta práctica para el desarrollo de la transición socialista, a la que llamó Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF). Guevara correctamente consideraba que la planificación era una de las leyes del socialismo y sin ella no existiría aquél.
Para ello se valió de la comparación entre el Cálculo Económico (CE) y el SPF.
Sintéticamente las diferencias más notables, según Guevara, se daban porque el CE se basaba en la autogestión financiera a partir de una enorme autonomía de cada empresa, entendida como persona jurídica. Y si bien la Planificación regía, cada unidad perseguía sus propios objetivos. Por el contrario, el SPF partía del concepto de que la industria nacionalizada debía desenvolverse como una única empresa -monopolio- considerando criterios tecnológicos, productivos, geográficos. Reduciendo al máximo los criterios mercantiles. Las empresas no contaban con fondos propios sino que recibían partidas destinadas por el presupuesto nacional. La contabilidad única garantizaba la existencia de las empresas no rentables pero importantes desde el punto de vista de las necesidades sociales, ya que la rentabilidad se buscaba en el conjunto del sistema. A la vez, la banca se encargaba de distribuir los recursos asignados por el plan general.
Otra diferencia se identificaba en el énfasis del CE en el estímulo material, considerado la gran palanca que alentaba individual y colectivamente a los trabajadores. En el SPF si bien no se negaba la utilización del estímulo material, Guevara era reacio a pensarlo como palanca fundamental por entender que adquiría categoría per se y terminaba imponiendo su fuerza sobre las relaciones sociales. Al respecto el Che dirá: “No se trata ya de matices: para los partidarios de la autogestión financiera el estímulo material directo, proyectado hacia el futuro y acompañando a la sociedad en las diversas etapas de la construcción del comunismo, no se contrapone al desarrollo de la conciencia, para nosotros sí. Es por eso que luchamos contra su predominio, pues significaría el retraso del desarrollo de la moral socialista” [3].
Estas eran las diferencias sustanciales, a las que se agregaban: negación rotunda de la posibilidad de un uso consciente de la ley del valor en la transición socialista y visiones contrarias en la utilización del dinero, normas de trabajo, precios, créditos.
En estos debates internacionales con los soviéticos, el economista francés Charles Bettelheim y otros, la posición del Che fue acompañada por el dirigente trotskista Ernest Mandel. En Cuba se materializaba de la siguiente forma. El conjunto de la economía cubana se regía por una serie de organismos nacionales: el Ministerio de Comercio Interior, el de Comercio Exterior, el INRA, el Banco Nacional, el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Industrias. Las direcciones de los cuatro primeros defendían la aplicación del cálculo económico, mientras que el Che al frente de Industrias y Luis Álvarez Rom de Hacienda sostenían el SPF. Ambos sistemas convivieron por largo tiempo.
Más adelante se instrumentaría el Sistema de Planificación y Dirección de la Economía (SPDE) a partir de 1976. Dicho sistema era compatible con el modelo soviético y permitiría la articulación de Cuba al CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica).
Sus aportes a una propuesta socialista integral ubican al Che como una referencia indiscutible por encima de la mediocridad estalinista, que excede por lejos la experiencia cubana, y lo proyectan como figura central del marxismo revolucionario. Frente al absolutismo del mercado y a la fatalidad de la realidad de miseria y dependencia que el capitalismo nos impone, su crítica al capitalismo y a su “célula”, la mercancía, merecen un estudio de parte de todas/os los y las que seguimos peleando por otro mundo posible, que se llama socialismo.
Para el Che “El mérito de Marx es que produce de pronto en la historia del pensamiento social un cambio cualitativo; interpreta la historia, comprende su dinámica, prevé el futuro, pero, además de preverlo, donde acabaría su obligación científica, expresa un concepto revolucionario: no solo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla. El hombre deja de ser esclavo e instrumento del medio y se convierte en arquitecto de su propio destino”. [4]

[1] Guevara, Ernesto (2007) Apuntes críticos a la economía política. Bogotá. Ed. Ocean Sur. P. 31.
[2] Guevara, Ernesto. El socialismo y el hombre en Cuba.
[3] Guevara, Ernesto: “Ernesto Che Guevara Temas Económicos”. P. 308.
[4] Guevara, Ernesto “Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana”, Revista Verde Olivo, 8 de octubre de 1960.