¡Piqueteros, carajo!


Ante un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda, un repaso por los orígenes del movimiento piquetero, sus principales debates, ejes y formas de lucha, las potencialidades y perspectivas del movimiento en la actualidad.

Durante la década del ´90 la clase dominante impuso en nuestro país un régimen neoliberal que avanzó brutalmente sobre las conquistas del movimiento obrero y sus condiciones de vida y trabajo. La ofensiva capitalista llevada adelante durante el menemismo permitió una masiva redistribución de ingresos en favor de la clase capitalista de la mano de una feroz expropiación a la clase trabajadora recomponiendo la rentabilidad del conjunto del capital. Los despidos masivos incrementaron el desempleo y subempleo que sumados pasaron de 13,9% en 1991 a 28,1% en 1999. La supresión de conquistas sociales a través de las leyes de reforma laboral incrementaron los niveles de explotación y precarización. Desde entonces, se desarrollaron diversas oleadas de protestas sociales.

Los orígenes del movimiento piquetero
Los conflictos provinciales comenzaron con el Santiagazo de 1993 y se extendieron en diversas provincias. Frente al cierre o privatización de empresas estatales que en muchos casos proveían de empleo a pueblos enteros, se desarrollarían con fuerza los primeros cortes de ruta y piquetes que darían lugar a puebladas. Así, nacieron los primeros piqueteros en los pueblos petroleros de Plaza Huincul, Cutral Co, Tartagal y Gral. Mosconi tras los despidos producto de la privatización de YPF entre mediados del 96 y el 97.
A fines del ´96 el movimiento piquetero se haría fuerte también en el conurbano bonaerense, con una central participación de las mujeres. Al calor de las nacientes expresiones de resistencia, y frente a la imposibilidad de implementar las formas clásicas de organización de los obreros ocupados, las familias de desocupados irían construyendo las asambleas como espacios democráticos de organización y lucha en todos los rincones más empobrecidos del país. Los movimientos fueron adquiriendo una visibilidad y un peso político muy importante durante los momentos de mayor crisis económica y social. Los primeros cortes de ruta tuvieron origen en La Matanza y a mediados del 97 se realizó el primer corte de ruta en Florencio Varela liderado por el Movimiento de Trabajadores Desocupados Teresa Rodríguez, con la obtención de los primeros programas de empleo en la provincia de Buenos Aires bajo la consigna: Trabajo, Dignidad y Cambio Social. Poco después, se fundarían numerosos MTDs en Solano, Quilmes, Almirante Brown, entre otros.
Frente a la creciente organización y la disposición a luchar por parte del pueblo, las respuestas del gobierno continuarían siendo la represión y la criminalización de la protesta: hacia fines de 1997 el plan de lucha de los desocupados en Florencio Varela terminaría con un saldo de 96 detenidos y 28 procesados.
En 1999, el gobierno de Fernando De la Rúa dio la misma respuesta: en Corrientes la Gendarmería reprimió ferozmente generando 2 muertos y 40 heridos de bala.

Debates con otras corrientes
Desde sus inicios, el movimiento piquetero no tuvo una única representación. Los grados de coordinación solo se lograban en la unidad de acción defensiva y también frente a las demandas reivindicativas comunes. Sin embargo, existieron 2 vertientes principales en las que se alinearon la mayoría de los grupos, por un lado un sector más dialoguista liderado por la FTV,CCC Y CTA que promovían cortes de ruta con pasos alternativos y por otro, las organizaciones sociales enraizadas en el sur del conurbano bonaerense que levantaban como principal bandera la consecuente lucha del pueblo de General Mosconi y los cortes totales hasta obligar al gobierno a dar respuestas concretas a las amplias demandas de los sectores populares.
Con casi un 38% de pobres en el país, hubo varios núcleos políticos que sostuvimos la necesidad de avanzar en la organización de los desocupados/as, partiendo de las necesidades irresueltas de la población, y desde allí dar pasos en mayores niveles de politización.
En este marco se abrieron grandes debates, con la izquierda de los partidos trotskistas que menospreciaron la dimensión del nuevo fenómeno: en principio hubo sectores que no se dieron ninguna táctica de organización de los desocupados/as por no ser considerados los sectores estratégicos de la producción; había quienes los caracterizaron simplemente como de lumpen proletariado. En esta línea se sostenía que no había que recibir la asistencia del estado ni hacer eje en aspectos reivindicativos: se trataba fundamentalmente de la agitación política del programa de máxima. Por ende, acusaban a quienes construíamos en el movimiento de “bolsoneros” y reformistas. Por el contrario, quienes impulsábamos la organización del movimiento de desocupados en el corazón de la pobreza, asumimos que para avanzar y elevar los niveles de conciencia de nuestro pueblo, había que darse ciertas mediaciones en las formas de articular el discurso político, ya no alcanzaba con la agitación política de los objetivos de máxima si no partíamos de organizar la lucha por los derechos y necesidades más elementales. Y desde allí, a partir de las conquistas parciales y del fogueo en las calles, avanzar en el debate político general sobre nuestras propuestas para resolver los problemas de fondo de nuestro país.
La historia saldó estas polémicas. Hacia fines del 2000, los partidos de la izquierda tradicional revisaron sus lineamientos y se inclinaron a construir los brazos piqueteros de sus respectivos partidos, aunque lo hicieron con un tipo de relación unidireccional entre las organizaciones políticas y los trabajos de base.
Por otro lado, se desarrollaba una disputa en la práctica con los sectores que sólo aspiraban a obtener algunas concesiones y beneficios materiales, sin una perspectiva de transformación social de mayor radicalidad y largo plazo. Se iban configurando así las distintas tendencias dentro del movimiento piquetero: la CCC en alianza con la Federación de Tierra y Vivienda-CTA, el Polo Obrero y el Movimiento Territorial de Liberación por un lado y por otro los MTD’s que luego en 2001 se nuclearían en dos agrupamientos principales: la CTD Aníbal Verón y el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR).
A pesar de la lucha en común, también teníamos importantes diferencias con algunas de las organizaciones nucleadas en la coordinadora Aníbal Verón. En consonancia con el pensamiento autonomista hegemónico por esos días algunos sectores planteaban que se podía “cambiar el mundo sin tomar el poder” y sostenían que de la multitud – nuevo sujeto social diverso y policlasista- podría desarrollarse una nueva forma de relación social solidaria que superaría el capitalismo mediante iniciativas cooperativistas. Afirmaban que con pequeños proyectos organizados sin patrón era posible abstraerse de la explotación y las relaciones capitalistas. La historia también se ocupó de demostrar la inviabilidad de ese camino y la centralidad de la clase trabajadora como sujeto de cambio.
Desde nuestra concepción, defendíamos la idea de que había que luchar y construir proyectos y emprendimientos productivos y cooperativas (en tanto táctica y paliativos ante la difícil situación, además de ser instancias que sirvieran para la auto organización de los sectores empobrecidos), luchando también por trabajo genuino como forma de recuperar todos nuestros derechos como trabajadores y de ir acumulando fuerza como clase.
Si bien los sectores trotskistas tenían acuerdo teórico con la consigna de trabajo genuino, no estaban dispuestos a instrumentar las formas de lucha necesarias para conseguirlo verdaderamente, cayendo en el consignismo político. Se instalaban así exacerbadas declamaciones, pero no había iniciativas concretas de acciones de lucha para obtener triunfos en el plano reivindicativo, como sí lo hizo el valeroso pueblo de general Mosconi, mediante los bloqueos por semanas a las puertas de acceso de las grandes petroleras.

Unidad y disputa
La fuerte represión desatada contra el pueblo de Mosconi durante las puebladas de los años 2000 y 2001 dio origen a la Coordinadora Sur (compuesta por el MTR Y la CTD Aníbal Verón). Fue desde esa articulación que se bloquearon por primera vez todos los accesos de la Capital Federal, en reclamo de que cesara la brutal represión.
A la dirigencia matancera le preocupaba no ser la única referencia e interlocución con el gobierno y buscaba contener la radicalización que se venía gestando. Por ello, en julio del 2001 se realiza la primera Asamblea Nacional Piquetera que vota un plan de lucha de cortes progresivos a toda la Capital. El gobierno nacional identificó que en el sur del conurbano tenía los mayores problemas e iniciaron una campaña de diferenciación entre los sectores más dialoguistas (zona oeste) y los sectores más combativos (sur).
El MTR participa de aquellas jornadas pero impulsa acciones más radicalizadas. Frente a la baja de 300 compañeros de sus planes sociales a manos de Aníbal Fernández, quien era por ese entonces el secretario de empleo, la organización ocupa el Banco Provincia del Cruce Varela y al día siguiente el Instituto de Empleo en La Plata. La respuesta estatal fue la represión y la detención de 59 compañeros bajo las causas de coacción agravada y privación ilegítima de la libertad.
En la 2da asamblea de La Matanza había una fuerte polarización entre quienes sostenían que aprendiendo de Mosconi había que hacer cortes totales para obligar al gobierno a resolver los reclamos y por otro lado los dirigentes de la FTV-CTA junto con la CCC que insistían con una táctica más conciliadora de cortes con pasos alternativos. A partir de estos debates, se comenzó a tener un funcionamiento por separado, la ruptura no tendría marcha atrás. El 5 de diciembre de 2001 se funda el Bloque Piquetero Nacional (BPN), integrado por el MTR, el Polo Obrero (que se separa de los dirigentes matanceros), el MTL, CUBA, y el FTC.
Poco después asistíamos a las jornadas de rebelión popular del 19 y 20 de diciembre del 2001. En ese contexto de crisis política y revuelta popular e influenciados por el proceso y los resultados obtenidos en los bloqueos de accesos a las petroleras en Gral. Mosconi, el BPN impulsa el bloqueo al polo petroquímico de Dock Sud en enero 2002, exigiendo al estado 50 mil puestos de trabajo, número que representaba el total de los despidos sufridos luego de la privatización de YPF. Luego de casi 5 días se alcanzan negociaciones con el gobierno nacional pero el conflicto culminó con el desalojo por la prefectura, infantería y gendarmería nacional.

26 de junio
Ante la intransigencia del gobierno y el empeoramiento de las condiciones de vida de los desocupados/as, a principios de junio, se realiza una nueva Asamblea Nacional de Trabajadores en el club Gatica de Villa Dominico, partido de Avellaneda, donde se ratifica el acuerdo logrado con la CTD Aníbal Verón y los MTDs, MIJD y Barrios de Pie entre otros y se vota la realización de la jornada de lucha del 26 de junio del 2002.
Para la clase dominante era imperioso romper con el ciclo de rebeliones sociales y protestas que iniciado con el Santiagazo en 1993 había tenido su continuidad en las luchas provinciales, las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul (1996 y 97), Jujuy y Gral. Mosconi (1997), Corrientes (1999), Tartagal y Gral. Mosconi (2000 y 2001) y Pcia. de Buenos Aires (2001). El combate callejero del 20 diciembre en plena Capital Federal constituía un hito de ese ciclo de luchas en las que el pueblo manifestaba su disposición al enfrentamiento contra las fuerzas represivas del gobierno, su perspectiva antiimperialista y democrática en sentido profundo. Por eso, recomponer la gobernabilidad implicaba terminar con el movimiento que expresaba la continuidad de ese proceso en forma radical y organizada: el movimiento piquetero de la zona sur del Gran Buenos Aires.
Para ello, en un plan conjunto de todas las fuerzas represivas nacionales y provinciales bajo la autoría intelectual de Eduardo Duhalde junto con Felipe Solá, Carlos Soria y Aníbal Fernández, intentaron liquidar al movimiento piquetero asestándole un golpe criminal en el Puente Pueyrredón. En una feroz represión, con decenas de heridos de balas de plomo y detenciones, cayeron asesinados en la estación de Avellaneda los compañeros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán de apenas 21 años de edad.

La rápida respuesta popular en una muy masiva movilización a Plaza de Mayo exigiendo justicia y desmantelando las mentiras del gobierno obligó a Duhalde al abandono anticipado del poder y el adelantamiento de las elecciones.

Dos semanas después de la Masacre de Avellaneda, el Bloque Piquetero Nacional convocó a un acampe en Plaza de Mayo, para exigir justicia y el pliego reivindicativo sostenido por la ANT. Sin embargo, aun contando con el apoyo de la sociedad y una situación favorable, los movimientos piqueteros de los partidos tradicionales de izquierda levantaron la medida unilateralmente, bajo el análisis de que ya estaba logrado el hecho político.

El movimiento popular comenzaba a mostrar su debilitamiento, iniciándose un proceso de reflujo no sólo producto de la ofensiva represiva. El nuevo gobierno de N. Kirchner avanzó en la cooptación de muchos dirigentes piqueteros, en un plan de división orquestada milimétricamente desde las oficinas del estado mediante prebendas a los afines y aislamiento sin ningún tipo de recursos hacia los sectores que mantenemos la independencia de clase hasta nuestros días. Por ello, el kirchnerismo tomó parte de las reivindicaciones de los movimientos sociales, distribuyó subsidios y ayudas focalizadas. Esta táctica, acompañada del crecimiento económico de la Argentina durante sus años de gestión, fue efectiva para profundizar la atomización y desarticulación de parte importante de las organizaciones piqueteras. Lo que puso de manifiesto también los límites de la construcción al no haber podido superar el horizonte económico corporativo.