Venezuela: Profundizar la lucha contra la derecha y el imperialismo


Venezuela está en el foco del imperialismo norteamericano y de las derechas del continente. Desde la izquierda debemos brindar nuestro apoyo al pueblo que lucha contra esta avanzada y que apuesta a una salida centrada en defender los intereses populares.

La derecha venezolana, con el espaldarazo de EEUU, busca voltear al gobierno de Nicolás Maduro. Su perspectiva es promover un cambio estructural, en sintonía con la consolidación del neoliberalismo y la derecha continental y global. Su programa incluye la “vuelta al mundo” globalizado, el fin del desembolso estatal para los programas sociales, la crítica a la movilización popular y autoorganización comunal, y el odio a todo planteo que pueda ser emparentado con una perspectiva de izquierda.
Donald Trump viene planteando que “Venezuela es un problema muy serio” y promoviendo una alianza con las derechas de la región –con la figura destacada de Macri- para voltear al gobierno. La OEA, ese viejo “ministerio de colonias” yanqui, se ha convertido en un escenario central de esa disputa, allanando el camino para una posible intervención directa a partir de la aplicación de la “Carta democrática”. Ese injerencismo derivó en el retiro de Venezuela del organismo. Esto se produce al tiempo que el financiamiento norteamericano a la derecha y sus grupos de choque, y la amplia influencia sobre los medios de comunicación globales, contribuye a una escalada cuyo objetivo central es derribar al gobierno de Maduro, como punta de lanza para ampliar la avanzada neoliberal y antipopular en toda la región.
Esta orientación golpista no es nueva. Desde el triunfo de Chávez en 1998 la derecha estuvo al acecho, con el golpe de estado de 2002, las guarimbas del 2004, las del 2014, y las que se vienen dando de forma ininterrumpida en este último año. En todas ellas con un amplio número de militantes populares asesinados, la mayoría de ellos chavistas. En la actualidad, esa ofensiva se libra por medio una acción persistente de grupos que están atacando oficinas públicas, locales chavistas, desplegando linchamientos contra sectores humildes, y negando toda vía de negociación con el gobierno.

Una posición consecuente frente al imperialismo
Frente al escenario actual, constituye una tarea de primer orden dar apoyo y desarrollar una solidaridad activa con el pueblo venezolano y su lucha contra la destitución del presidente Maduro, quien encabeza el enfrentamiento contra la avanzada derechista y la injerencia imperialista en Venezuela.
Una definición de este tipo no pretende negar las grandes contradicciones y limitaciones que condicionan al proceso venezolano.
El proyecto chavista logró una amplia base popular por impulsar la recuperación y el control por parte del Estado de la producción petrolera de PDVSA, la expropiación y nacionalización de empresas estratégicas (a través de indemnizaciones), el impulso hacia el control obrero de algunas fábricas, y una amplia gama de medidas orientadas a mejorar la vida de los trabajadores, que se expresan en los programas y misiones. Esto, al tiempo que dio lugar al fortalecimiento de la organización de las bases expresada en el amplio desarrollo de las comunas y de la lucha popular. Se trata, por esto, de la experiencia más avanzada en América Latina en los últimos 15 años.
Aún así, Venezuela no ha desarrollado un cambio estructural que dé nuevas bases económico sociales. La preeminencia de la propiedad privada, la persistencia del modelo “petrodependiente” de escasa diversificación, la existencia de una boliburguesía que mantiene su peso y es un eslabón en la guerra económica, así como los casos de corrupción y prácticas burocráticas de una parte de las cúpulas del Estado y el PSUV son aspectos fundamentales que condicionan una perspectiva de transformación.
Estos límites y contradicciones son aprovechados por la derecha, lo que colaboró con el retroceso electoral del chavismo en las elecciones legislativas de diciembre de 2015 y contribuyó a que sectores de masas –golpeadas por la crisis económica- se retrajeran de la participación política.
Aún así, los niveles de movilización popular son muy importantes, y expresan el desarrollo más avanzado en la región –por fuera de Cuba, claro- en el enfrentamiento contra el neoliberalismo y el imperialismo.

Con la derecha: NO
La situación dramática que se vive en Venezuela amerita el apoyo y la solidaridad de las organizaciones populares. Esta necesidad contrasta con las posiciones adoptadas por diversas expresiones políticas.
Muchos de los antiguos defensores del chavismo, sobre todo enrolados en el kirchnerismo, mostraron en el último período su inconsecuencia. El presidente del CELS Horacio Vertbisky expresa bien a este sector que, ante el agudizamiento del conflicto, dejó de destacar la avanzada derechista y pasó a poner el eje en las prácticas “autoritarias” de Maduro. Incluso hay organizaciones populares que durante años se encuadraron en el “chavismo”, y que alevosamente redujeron al mínimo sus referencias a la experiencia bolivariana en este momento crítico.
Una perspectiva similar asumieron muchos intelectuales progresistas y de izquierda que rechazan el conflicto y la polarización. Y en el mismo sentido se expresan no pocas organizaciones de izquierda que centran sus críticas en el chavismo, y aun cuando discursivamente reconocen la avanzada derechista la ubican en segundo orden, lo que los aleja de asumir una práctica antiimperialista.
En este marco, una posición extrema es la de quienes –afectos a la defensa “democrática” de las instituciones- se vuelcan de lleno a un apoyo al movimiento dirigido por la derecha, poniéndose en la vereda contraria a la defensa de intereses populares. El ejemplo de Izquierda Socialista con su movilización a la embajada para reclamar “fuera Maduro” fue el más extremo y lamentable ejemplo, pero no el único.
A contramano de estas posiciones, y como lo demuestran a diario los sectores más radicalizados de las propias bases chavistas, no se trata de tener una posición obsecuente con Maduro y la conducción del PSUV y el estado venezolano, sino de tener noción de cuál es la disputa central que se juega hoy en Venezuela. Y esta es, claramente, la necesidad de poner un freno a la derecha y al imperialismo. El abandono de esta posición elemental pone en evidencia los límites políticos que tienen parte de la izquierda y del movimiento popular.

Asamblea constituyente: una oportunidad para la iniciativa de izquierda
En Venezuela la mayoría de los sectores de izquierda no han caído en la trampa de encolumnarse detrás de las iniciativas de la derecha, y coincide en general en una valoración de la Asamblea Constituyente. Convocada de urgencia por el gobierno ante la crisis política, ésta puede convertirse en una plataforma para ampliar las posiciones que fortalezcan una trinchera de lucha a fondo contra la derecha y su proyecto. Y esto implica, promover iniciativas que vayan más allá de las impulsadas por la dirección del Estado y del PSUV.
La movilización desde las bases hacia la constituyente, se realiza así con una política mucho más amplia que la planteada por Maduro y sus 9 puntos. Son estos sectores los que hacen sus denuncias frente a la “complicidad de la burocracia-corrupta” en la guerra económica y los señalamientos sobre la crisis que atraviesa la relación entre las bases y la dirección chavista, los que advierten ante el posible carácter “reformista” de una constituyente que no dé protagonismo al pueblo de a pie y que no abra lugar a las diversas tendencias críticas y de izquierda, siendo manejada desde arriba de forma “autosuficiente y excluyente” por las cúpulas del PSUV.
Y son también estos sectores, que componen en general el ala izquierda del chavismo, los que vienen planteando iniciativas para que el proceso existente se radicalice en un sentido popular, aprovechando el marco e impulso de la Asamblea Constituyente. Se trata, como dicen muchos de ellos, de fortalecer el lugar de las comunas y las organizaciones populares. De avanzar hacia un inmediato control de los procesos de producción, distribución y comercialización de los bienes y servicios fundamentales, con la participación directa de las organizaciones populares. De nacionalizar de inmediato la banca y todo el sistema financiero, así como nacionalizar todo el comercio exterior y centralizar las importaciones desde el Estado. De revisar el manejo frente al pago de la deuda externa. De expropiar a los sectores que sabotean la economía nacional por medio de la guerra económica y la corrupción.
De esta forma, con protagonismo en la lucha contra la derecha y el imperialismo, los sectores más radicales del pueblo de Venezuela, empujan para alcanzar nuevos pisos de conciencia y organización que puedan ser puntales para una lucha de fondo y por el socialismo. Con ellos está nuestra solidaridad y compromiso.