SUTE de los/as trabajadores/as: el modelo sindical que impulsamos


El 3 de julio próximo, asumirá la dirección del sindicato más importante de Mendoza, y se pondrá en marcha el conjunto de principios y métodos de construcción que desde los y las trabajadoras, sostenemos desde hace años. El horizonte del modelo sindical no es otro que la apropiación de los gremios por parte del sector de la clase trabajadora que se organiza en ella; es decir, todo aquello que la burocracia celeste ha negado.

Durante la campaña por la recuperación del SUTE se reforzó en el siguiente mensaje: hay tres listas que compiten por la conducción provincial, pero sólo dos modelos en pugna. De un lado, la Lista Celeste y la Azul Naranja. La identificación de ambas tenía que ver no sólo con que una es el desprendimiento de otra a tal punto que ambas compartían puestos de conducción en el gremio; tenía que ver, también, con que ambas representan un único modelo sindical.
1. La voluntad que definía las acciones del gremio era primordialmente la voz de la conducción, no la de las bases. Para muestrea basta un botón: en los plenarios provinciales, el secretariado provincial participaba con voto, en número de 28. Con esa cantidad de votos superaban ampliamente en votos a delegados de varios departamentos juntos. En resumen, la decisión política de la conducción podía imponerse fácilmente frente a la voluntad de las bases.
2. La voluntad de la conducción era la voluntad del peronismo. Son públicos los lazos entre la Lista Celeste el PJ. Gustavo Maure, entre otros, fueron funcionarios durante el gobierno de Cristina Kirchner. Pero no se trata sólo de la identidad política de los dirigentes, sino de que el conjunto de las decisiones políticas que se imponían en el gremio respondían a los intereses partidarios de la conducción. De este modo se forjó, en los últimos años, un gremio que nunca dio peleas con la contundencia necesaria cuando gobernó el peronismo.
3. El vasallaje del SUTE al gobierno de turno contribuyó a un enorme desprestigio que alejó a miles de compañeras/os del sindicato. Por esto, en gran medida la masa de afiliados (en torno al 35% de la totalidad de trabajadores del sector), son aquellos que apoyaban a la conducción o que habían sido comprometidos mediante algún modo extorsivo. Es decir, la burocracia contó siempre con que una enorme masa de trabajadores permaneciera desorganizada y alejada del gremio.
4. Por último, pero no menos fundamental, la visión de sindicato que abonó la burocracia. Un SUTE que luchaba fundamentalmente por el salario pero que nunca se organizó seriamente por condiciones laborales; un SUTE que jamás intervino en los debates de la política educativa ni resistió las numerosas reformas inconsultas. Simplemente se dedicó a acatar lo que bajaban a las escuelas desde los gobiernos. Un SUTE que se devino en una suerte de mutual de servicios diversos –campings, viajes turísticos, fiestas, reintegros de ciertos aranceles, etc.– No se trata de desconocer la necesidad de iniciativas de acción social; sino de que estas iniciativas se volvieron tan centrales que el sindicato dejó de ser una herramienta de organización y lucha. Se negaron debates importantísimos como la necesidad de fondos de huelga para afrontar los descuentos de los días de paro en un sindicato millonario. En resumen, el SUTE dejó de ser del conjunto de los trabajadores/as, con toda su heterogeneidad, con sus tendencias diversas y devino en el unicato de conducción.
Del otro lado, el Frente de Unidad por la Recuperación del SUTE, un espacio constituido por diferentes agrupamientos antiburocráticos y encabezado por la Agrupación Marrón “Maestra Silvia Núñez”. Dentro de este espacio de base con treinta años de trayectoria, los/as militantes del Frente Único HN-IR que construimos codo a codo muchísimos independientes, sostenemos un modelo gremial diametralmente opuesto. Ese proyecto que hoy se ha convertido en la voluntad de miles tiene los siguientes principios:
1. Las decisiones del sindicato deben responder a la voluntad de las bases. En tal sentido, los mecanismos de decisión –los plenarios con delegados mandatados desde las escuelas– deben permitir la expresión de las bases. Cuándo y cuánto avanzar, cuándo detenerse, cuándo replegarse, cuándo negociar deben ser decisiones que representen a la mayoría. Un gremio que no expresa el sentir y que no interpreta a los/as trabajadores que le dan vida, es un cascarón vacío.
2. El gremio debe ser independiente de todos los gobiernos y partidos. Un sindicato es un organismo que representa a una masa heterogénea de trabajadores/as. En él existen diversas tendencias: de izquierda, peronistas, radicales, etc. Lo que da vida al sindicato son los intereses comunes como trabajadores partes de una clase y un sector. Todas las tendencias deben expresarse, todas deben tener cabida.
Existe una idea arraigada de que no se puede levantar la bandera de la independencia política y ser militante de una organización política. Falso. Todo/a trabajador/a tiene el derecho de suscribir a la organización política de la cual se sienta parte. Lo que garantiza la independencia no es la exclusión de las identidades políticas, sino el método de la democracia de bases y la existencia de espacios de toma de decisión los suficientemente amplios y democráticos como para que se exprese la voluntad de la mayoría.
Así hemos construido los/as compañeros/as del Frente Único HN-IR junto a una gran mayoría de independientes en la Agrupación Marrón. Allí hemos corroborado una y otra vez que la militancia partidaria no es contrapuesta a la independencia política tanto de los espacios de base como de los gremios. Por el contrario, la política de quienes somos parte de organizaciones revolucionarias de la clase debemos promover siempre y en todo espacio de masas que el principio ordenador de nuestra militancia sea la defensa de los intereses de la clase.
3. Un gremio con amplia participación, un gremio que recupere prestigio y que convoque a las mayorías. Necesitamos un gremio que llame a organizarse a todos/as aquellos/as que hoy se sienten ajenos al SUTE, que están descontentos, desalentados. La organización de los/as más es la herramienta más importante para la defensa de nuestros derechos. Por esto, ya hemos lanzado una campaña de afiliación masiva: maestros/as, profesores/as, celadores/as, preceptores/as, jubilado/as y directivos; titulares, suplentes, precarizados necesitamos unificarnos bajo la divisa de que todos/as somos trabajadores/as de la educación. Todo aquello que promueva la fragmentación, división y desorganización es una debilidad para todos/as.
4. El sindicato como herramienta de organización y lucha. El SUTE que vamos a construir debe tomar en sus manos una lucha contundente por el salario, pero además por las condiciones de trabajo que afectan nuestra estabilidad económica, nuestra salud y también las condiciones en que nuestros/as estudiantes aprenden. El SUTE que necesitamos debe huir de una mirada corporativa: tenemos que tomar el debate de la política educativa en nuestras manos. Nadie mejor que los/as trabajadores puede elaborar una política educativa acorde a las necesidades de nuestro pueblo. Los/as trabajadores no somos sólo asalariados; somos sujetos políticos capaces de intervenir en la realidad y ganar debates en los que hemos estado por demasiado tiempo ausentes. El SUTE que debemos construir tiene que aprender las experiencias de nuestra clase y activar creativamente todas las formas para ganar las batallas que tenemos por delante: ganar el apoyo de la comunidad, poner en pie fondo de huelga y construir lazos de solidaridad recíproca con todos los sectores de trabajadores/as, empezando por el resto de los/as estatales.
La democracia de bases, la independencia, una visión amplia e integral de los problemas de las clase y del pueblo, la unidad de todos/as los/as trabajadores. Este es el modelo sindical que vamos a llevar a cada escuela de Mendoza y el que creemos necesario que se replique en todos los sectores de nuestra clase.