El Che y la centralidad del sujeto revolucionario


Lejos de quienes analizan el pensamiento y acción de Ernesto “Che” Guevara como algo del pasado, que ha caducado, nosotros y nosotras consideramos que la praxis revolucionaria del Che mantiene plena vigencia y que se nos presenta como impostergable la necesidad de retomar sus aportes de forma creativa y heroica, fieles a su legado revolucionario. Debemos, sobre todo entenderlo no como una fuente documental para estudiar la historia, sino como herramienta para la transformación, como una guía para la acción.

En esta sociedad que se presenta como un gran cúmulo de mercancías, donde casi todo gira en torno al consumo y los negocios, cualquier elemento de la vida social puede convertirse en un artículo de consumo o una herramienta para el lucro. Lamentablemente esto es lo que desde su asesinato viene sucediendo con la figura del Comandante Ernesto Che Guevara. De la mano de diversas formas (remeras, posters, libros, etc), se ha intentado erigir a la figura del Che casi como un mito, un personaje fuera de serie, romántico e idealista, que poco entendía sobre la política y la realidad; una figura totalmente vacía de contenido y potencialidad transformadora.

A contramano de esta creciente mercantilización y vaciamiento de su contenido, intentaremos en este artículo recuperar sus concepciones y su praxis revolucionaria.  Esto porque entendemos que ellas no solo fueron atinadas y fuertemente consistentes y coherentes, sino también porque muchas de éstas tienen total vigencia para el mundo en el que vivimos y que queremos cambiar. Recuperamos sobre todo su marxismo antidogmático y fuertemente dialéctico, que lo llevó a enfrentarse con el mecanicismo y determinismo que reinaba en esa época, y que le quitaba protagonismo a los sujetos en construcción del pasado, presente y futuro.

Al decir que son los hombres y mujeres los que hacen la revolución, el Che estaba discutiendo política, y lo hacía centralmente contra aquellas tradiciones que tenían la postura de no intervenir de ningún modo en los conflictos y las luchas populares que se desataron en aquellos años. En definitiva estas posiciones optaban por esperar el colapso casi natural e inexorable y, por lo tanto, no se requerían las acciones de las organizaciones revolucionarias.

En la concepción de la política y la realidad que encarnó el Che, los sujetos sociales no son meros espectadores de la historia, sino actores de la misma. Reconoció en los hombres y mujeres la responsabilidad de la liberación de los pueblos y la construcción del socialismo. Esta es la tarea que entendemos debemos emprender.

De esta manera, y tomando como eje esta filosofía de la praxis, se torna imprescindible retomar sus aportes, tanto en el plano político-filosófico, como también a nivel sociológico y económico, que hoy tienen real vigencia para entender la realidad y nos deben servir como herramientas vivas en nuestro camino, que es la lucha por otra sociedad.

“El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”

Partiendo de sus experiencias previas[1], el Che llega a Cuba con un conocimiento más que importante de los pilares del marxismo. Ya para el desembarco del Granma, había leído una importante cantidad de escritos de Marx, Engels, y Lenin, además de otros teóricos comunistas latinoamericanos. Es en este contexto en el cual, esquivando el dogmatismo petrificado por un lado, y el revisionismo oportunista por el otro, Guevara nos plantea la necesidad de darle vida al marxismo, de hacer de él una “guía para la acción”. Por ejemplo, en lo que respecta a la transición del socialismo, Guevara entiende que hay mucho por analizar y hacer, ya que las experiencias pasadas llegaron hasta un determinado punto dejando enseñanzas valiosísimas, pero de ninguna manera esas experiencias nos dan la respuesta acabada y cerrada para los problemas que implica transformar una sociedad.

A la vez, el Che se encuentra lejos de caer en un cuestionamiento burdo de las bases teóricas del marxismo; más bien todo lo contrario, ya que entra a la arena política de su tiempo haciendo resurgir los planteos fundamentales del marxismo-leninismo. Ejemplo de esto es su defensa del internacionalismo proletario como única garantía del triunfo de la revolución[2], o la valoración que hace del rol que juegan las vanguardias en los procesos de lucha.[3]

El Che nos demuestra de manera brillante la relación dialéctica (para algunos inentendible) entre el rol activo del sujeto en los procesos sociales, y cómo a la vez esos procesos repercuten en las conciencias. No alcanza con esperar a que se den todas las condiciones, tanto objetivas como subjetivas, para tomar el poder; debemos intervenir en la realidad, hacer que esas condiciones maduren en el pueblo. A esto se refiere cuando nos dice que el deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Igualmente, entiende que los hombres y mujeres forjamos nuestras conciencias en un orden social determinado. Esto nos decía el Che en su famoso texto “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, del año 1965: “El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino…” “…Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate”[4]. Así comprueba que incluso en la Cuba Socialista los hombres y mujeres no están totalmente libres de los vicios del capitalismo, ya que todavía perduran ciertas taras de la sociedad anterior,y que es preciso avanzar en ese sentido. De ahí que entiende que para construir otra sociedad primero hay que destruir el capitalismo, acabar con las premisas que lo rigen, incluso después de tomado el poder e instaurado un gobierno obrero y popular.

Humanismo revolucionario

Para el Che, el horizonte de un marxista está puesto en lograr la plenitud de la humanidad. Así, el fin último de un revolucionario es transformar al hombre y la mujer de forma integral, liberarlo en todos los planos en los cuales se halla oprimido. En última instancia, para él, no se puede ser marxista sin ser humanista. Así nos hablaba el Che: “…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”

De todas formas, no concibe la liberación de un pueblo como resultado directo de la acumulación de riquezas, sino que aquella se da cuando las mejoras materiales tienen un correlato en lo moral e ideológico. Es en su afán de revolucionario consecuente, que va a ir construyendo esa conjunción dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo, y que se cristalizará en el nacimiento de ese Hombre Nuevo del que tanto hemos escuchado. Partiendo de estas ideas, va desarrollando su estrategia para la construcción de una nueva sociedad en Cuba, basándose en las experiencias y escritos más avanzados del campo socialista, pero también estudiando críticamente a los países capitalistas y sus leyes.

Pero, ¿por qué tanta insistencia en la necesidad de la conciencia para transformar el mundo?…El Che llega a la conclusión, estudio del marxismo mediante, de que el paso del capitalismo al socialismo es el primer cambio que la humanidad emprenderá de forma consciente. Aquí no basta con que una clase minoritaria se adueñe del poder y dirija el nuevo orden social. Para la construcción de una nueva sociedad, hace falta que sean los explotados (o sea, las más amplias mayorías) quienes tomen las riendas del nuevo mundo que va naciendo, y para que eso ocurra es condición sine qua non que las masas entiendan cabalmente su rol en la historia, de lo contrario, caemos nuevamente en un sistema social que oprime para perpetuarse.

“Es criminal quien promueve en un país la guerra que se puede evitar y quien deja de promover la guerra inevitable”

La estrategia político-militar del Che no puede ser estudiada ni aprehendida aislada del resto de los planteamientos políticos del Che, los cuales giraban en torno a una concepción antidogmática del marxismo, profundamente dinámica y que le otorgaba una importancia central a los sujetos, al factor subjetivo de la sociedades en la construcción de una alternativa revolucionaria.

En este sentido, el rol de la violencia en la lucha por el poder no apareció en el Che por mero azar, o porque el Che fuese amante de la sangre y el dolor humano. Muy por el contrario, la violencia, o mejor dicho la violencia revolucionaria, se presentaba, a su juicio, como la única respuesta posible del conjunto del pueblo frente a las injusticias sociales del sistema imperante. La justificación de la necesidad de la violencia política entonces obedece a determinaciones de lo más diversas, tanto históricas como sociales y políticas que Guevara abordó a lo largo de toda su praxis revolucionaria.

Para el Che la violencia política en sí misma no estaba cargada de valores morales buenos o malos, sino que su uso y justificación, o condena, debía ser sometida al análisis material concreto y a la historia misma. La violencia política, es la última forma de rebeldía de los oprimidos, la única salida frente a la Violencia de los de arriba, mucho más cruel y sistemática. La siguiente frase del Che expresa cuál era para él la significación, altamente simbólica así como sociológica, que adquiría la violencia en la construcción de una nueva sociedad:

“La violencia no es patrimonio de los explotadores, la pueden usar los explotados, y más aún, la deben usar en su momento, Martí decía: ‘Es criminal quien promueve en un país la guerra que se puede evitar y quien deja de promover la guerra inevitable.’ Lenin, por otra parte, expresaba: ‘La socialdemocracia no ha mirado nunca ni mira la guerra desde el punto de vista sentimental. Condena en absoluto la guerra como recurso feroz para dilucidar las diferencias entre los hombres, pero sabe que las guerras son inevitables mientras la sociedad esté dividida en clases, mientras exista la explotación del hombre por el hombre (…)’ (…) Es decir, no debemos temer a la violencia, la partera de las sociedades nuevas; sólo que esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso en que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables”.[5]

Por otro lado, al mejor estilo leninista, el Che no pensaba a la política y a la estrategia y táctica revolucionaria desde la mera abstracción teórica, sino que las ubicaba en función de un análisis concreto de la situación concreta. Al estar su filosofía de la praxis orientada a pensar, entender y llevar adelante la Revolución, la violencia política, la lucha guerrillera, la ira y el odio al opresor, encontraban su razón de ser también en este principio político. Así, el Che realizó un análisis sociopolítico de América Latina, en el que argumentaba que bajo las condiciones imperantes, no podía haber otro camino que el de la lucha armada, si de liberar realmente a los pueblos se trataba. Decía hablando de los posibles métodos para la toma del poder en América por parte de las diversas fuerzas revolucionarias: “¿Cuáles son los elementos tácticos que deben emplearse para lograr el gran objetivo de la toma del poder en esta parte del mundo? ¿Es posible o no, en las condiciones actuales de nuestro continente, lograr el poder socialista por vía pacífica? Nosotros contestamos rotundamente; en la gran mayoría de los casos, no es posible (…) Podemos concluir, pues, que frente a la decisión de alcanzar sistemas sociales más justos en América, debe pensarse fundamentalmente en la lucha armada”.[6] Esta terminante y fuerte conclusión a la que llegaba Guevara, no fue producto de un guerrillerismo, militarismo superficial o vanguardismo y poco riguroso, sino todo lo contrario. Fue a partir del análisis profundo de las realidades de los pueblos oprimidos, y del potencial rol emancipatorio de las clases sociales que los componen, donde dado el avance a paso firme del imperialismo y la burguesía transnacional, no quedaba otro camino que la organización independiente y sin tregua de los campesinos y trabajadores. Y lejos de las críticas al vanguardismo y el aislamiento de las masas, el Che consideraba que la guerra de guerrillas es una expresión de la lucha de masas y no se puede pensar desligada de la misma.

Fiel al marxismo, Guevara concebía que la clase obrera era la única capaz de levantar un programa realmente emancipatorio y socialista. A diferencia de muchas corrientes del marxismo de ese entonces, y de hoy en día, el Che caracterizó de un modo tajante a las burguesías nacionales, las cuales, por su composición e historia quedaban por fuera de cualquier marco de alianza, ya que las entendía como incapaces para llevar adelante procesos emancipatorios, y mucho menos socialistas. Más allá de eventuales contradicciones, el Che entendía que con el desarrollo de la lucha estos sectores sociales no dudarían en pasarse de bando (o mejor dicho, definirse verdaderamente) y descargar todas las fuerzas a su alcance sobre las masas obreras y populares que intenten levantar un programa realmente liberador, que no podía ser otro que el socialista. Las burguesías latinoamericanas y del resto de las regiones atrasadas no habían tenido históricamente otra respuesta.

La lucha revolucionaria, de esta forma, constituía para el Che la única alternativa por la que el pueblo podía optar para enfrentar al aparato del Estado burgués. La clase trabajadora y el campesinado serían los sectores sociales llamados a realizar en simultáneo las tareas para la liberación nacional y para el cambio del modo de producción, sin titubeos. La única y verdadera salida constituía la Revolución y el socialismo, donde las clases oprimidas debían aliarse y a su vez considerar como enemigos a los diversos sectores de la clase burguesa.

Sigue naciendo y es revolución

El aporte revolucionario del Che sigue vigente. A 50 años de su caída en combate se torna imprescindible retomar el legado de Guevara de forma creativa en pos de la transformación de la realidad concreta, por la segunda y definitiva independencia de nuestro pueblo.

 

[1] Su participación en las luchas de la Guatemala de Arbenz principalmente, pero también sus viajes por América, dejaron importantes enseñanzas en el joven Guevara.

[2] “No hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo, una victoria de cualquier país sobre el imperialismo es una victoria nuestra, así como la derrota de una nación cualquiera es una derrota para todos. El ejercicio del internacionalismo proletario es no solo un deber de los pueblos que luchan por asegurar un futuro mejor; además, es una necesidad insoslayable.” Guevara E.: “Discurso de Argel”, 1965.

[3] “Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.” Guevara E.: “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, 1965.

[4] Ídem.

[5] Guevara, Ernesto, “Guerra de Guerrillas, un método”, en Che Guevara, Obras Completas, Tomo I, págs. 209-210. (Cursiva nuestra)

[6] Guevara, Ernesto, “Táctica y estrategia de la Revolución Latinoamericana”, en Escritos y Discursos, Tomo IX, pág. 229.