Por una alternativa de fondo para enfrentar al neoliberalismo


La avanzada neoliberal en curso plantea la necesidad de contraponer una propuesta popular. Las alternativas en disputa para alcanzar una salida de fondo.

Muchas de las imágenes del presente evocan al liberalismo explícito que vivimos en los 90. El cierre cotidiano de fábricas aumenta la desocupación y el mes de junio es una muestra descarnada, contando alrededor de 2400 despidos. La pobreza en las barriadas populares multiplica vendedores ambulantes, changarines y cartoneros.  Muchas escuelas se transforman en comedores populares. Las universidades públicas ven caer sus matrículas. El ataque a las políticas públicas va de la mano del despido de trabajadores del estado. La demonización de los que luchan -los “piqueteros”- es acompañada por una espectacular represión policial, con lo que buscan disciplinar al conjunto del movimiento social. Por si hiciera falta algo más, con el trasfondo del vaciamiento del PAMI y la asistencia social, un jubilado decide suicidarse en plena oficina del ANSES marplatense.

Las postales de esta ofensiva antipopular son el emergente de políticas estructurales: reforma laboral, beneficio a las privatizadas de servicios, endeudamiento externo, desguace del Estado, beneficios para el capital financiero, el campo y las mineras.

El macrismo va a las próximas elecciones buscando un espaldarazo para su gestión, para avanzar en su readecuación del capitalismo argentino a nuevas condiciones, completamente adversas para el pueblo trabajador.

Varios elementos le juegan a favor. Al renovarse las bancas obtenidas hace 4 años cuando Cambiemos no existía, esta alianza puede llegar a aumentar su representación, pero no hay muchas posibilidades de que obtenga menos de lo que hoy tiene. Eso lo fortalece, aunque no sea determinante (no debemos olvidar que en estos dos años el macrismo contó con el aval de las distintas facciones del peronismo para dar curso a muchas leyes antipopulares, empezando por el pago a los fondos buitre).

Además, la fragmentación del peronismo, acompañada por la autodisolución del Frente Para la Victoria, le dio terreno a Cambiemos para acordar con los gobernadores peronistas un perfil de campaña que no choque de frente con la apuesta macrista. El principal desplazado es el kirchnerismo, por voluntad compartida de Cambiemos y los gobernadores del PJ, quienes de esa forma además, retienen el flujo de fondos nacionales a las provincias. La alianza encabezada por Macri se garantiza, de esta forma, ser la única propuesta política que podrá mostrar resultados a nivel nacional.

Su apuesta de máxima, por supuesto, incluye también un triunfo en la provincia de Buenos Aires contra Cristina Fernández, y para eso destinó a un ministro de confianza y hará campaña con Vidal y Macri. Se trata de un hecho de profundo contenido simbólico, y que está abierto, pero que no debe sobredimensionarse: aún en la hipótesis de que Cambiemos no logre el primer lugar para senador bonaerense, la ofensiva neoliberal seguirá en marcha.

El “nuevo” kirchnerismo

El hecho político reciente más destacado fue la reafirmación de CFK como referente que puede aglutinar una parte importante de voto bronca frente al macrismo. La incapacidad de otros sectores del peronismo para traccionar al conjunto, terminó llevando a la disgregación peronista y obligó a muchos intendentes que habían pedido la cabeza de Cristina a colgarse de su candidatura para arrastrar votos en sus distritos.

Ante la crisis peronista, Cristina hizo de la necesidad virtud y dio impulso a una nueva versión de la transversalidad, ahora con Unidad Ciudadana, logrando el pase de Taiana desde el randazzismo. Lo hace con nuevo aire, sacando de las cámaras a los dirigentes partidarios, y presentándose como la defensora de los golpeados por el ajuste neoliberal. El armado se sostiene en la estructura territorial bonaerense del PJ y es festejado por el núcleo duro del kirchnerismo, el  progresismo y sectores de la centroizquierda. No están, en cambio, las cúpulas sindicales, ni buena parte de la estructura nacional del PJ.

Su aspiración de máxima es superar por algunos puntos a Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, lo que en términos objetivos no implicará grandes modificaciones del escenario parlamentario, pero puede servir como un trampolín para relanzar una propuesta política de la mano de CFK para 2019. Paradójicamente, aunque el kirchnerismo no tiene condiciones para cambiar cualitativamente su peso en el Congreso, toda su apuesta se orienta al plano electoral, profundizando el vacío dejado hasta ahora en la “resistencia” popular al ajuste.

El cambio de escenario modificó además, la perspectiva política de este nuevo ensayo kirchnerista. Los 12 años de gobiernos con el control del poder político y un contexto económico favorable, habían llevado a que algunos sectores vieran en el kirchnerismo un piso para radicalizar e “ir por lo que falta”, lo que implicaría, entre otras cosas, un avance sobre los intereses del gran capital trasnacional y local (incluyendo organismo de crédito, bancos, sojeros y mineras) como base para superar los altos índices de pobreza y precariedad laboral que persistieron durante el “capitalismo en serio”. Sin embargo, acorde a los tiempos que corren, la perspectiva política que hoy expresa Cristina es mucho más limitada y no hay ningún indicio de “liberación”. Como mucho, su apuesta es “volver”, al modelo pasado que, como se ha visto, no resolvió los problemas de fondo de nuestro pueblo trabajador.

Ya en el 2003 el kirchnerismo se postuló como la alternativa al neoliberalismo de los 90 que acabó sepultado bajo el alzamiento popular de 2001. Y muchas de sus políticas implicaron contrarrestar, o al menos generar una mejora parcial frente al estado de cosas de la década menemista. Pero su proyecto “antineoliberal” fue también el de los empresarios que “se la llevaron en pala”, que promulgó la ley antiterrorista, boicoteó una y otra vez una ley por el derecho al aborto, que alcanzó un récord de contratados precarizados en el Estado, y tantas otras cosas que dejaron en evidencia su falta de radicalidad para enfrentar a los factores de poder.

Construyamos la resistencia en las calles y una alternativa política

La presencia de diversos sectores en las calles, dando lucha contra la avanzada neoliberal, es el elemento fundamental, sobre el cual es posible construir una propuesta política superadora. Aun con la gravísima ausencia en las calles de la CGT –estructura que fue apoyatura central del kirchnerismo-, hoy se registran diversas luchas del movimiento obrero y popular a lo largo del país. En los últimos días una expresión destacada fue el acampe de organizaciones sociales en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación reclamando que el Consejo del Salario fije un aumento del salario mínimo que lo iguale a la Canasta Familiar.

En este marco la presencia consecuente de la izquierda es un dato relevante. En algunos casos, como sucedió recientemente en Mendoza, eso lleva a cambios de magnitud. Luego de años y años de sostener una dirección conciliadora con los gobiernos kirchneristas, el sindicato de trabajadores de la educación mendocino fue perdiendo fuerza, y fue totalmente incapaz de enfrentar con éxito el Ítem Aula, punta de lanza de la reforma neoliberal en la educación. Las y los trabajadores de la educación, encabezados por una izquierda frentista de la que somos parte, dieron “el batacazo” -como titularon los diarios provinciales-, y recuperaron el SUTE como herramienta de lucha.

Para enfrentar efectivamente al proyecto neoliberal del macrismo, necesitamos desarrollar la pelea en las calles y desplegar una herramienta política que exprese a esos sectores en lucha, a partir de una perspectiva de cambio profundo. Esto implica avanzar sobre los intereses que representa el gobierno actual. Sobre los grandes propietarios del campo y los pools de siembra, sobre los bancos que hoy festejan la bicicleta financiera, sobre las mineras que tienen vía libre para llevarse nuestros recursos y dejarnos contaminación. Enfrentar a la iglesia y a los sectores reaccionarios y promover derechos fundamentales para las mujeres y los colectivos disidentes, incluyendo el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Controlar el comercio exterior y la banca nacional para que los recursos de nuestro país se queden y sean orientados en función de las necesidades populares.

Una perspectiva como la que señalamos, sólo es sostenida por la izquierda. Por eso, acumular fuerza social y apoyo político para la izquierda, es una tarea de primer orden, que sienta bases para construir una salida de fondo frente al neoliberalismo. Esto se expresa en las calles, y también en el terreno electoral. En este caso, es valioso que la referencia nacional de la izquierda, el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) haya salido con fuerza a disputar posiciones con quienes defienden la readecuación del capitalismo, ya sea en su variante neoliberal o progresista. También es importante que sectores de izquierda que venimos de otras tradiciones y tenemos  diferencias políticas con las fuerzas del FIT, hayamos dado importantes pasos  en favor de la unidad de la izquierda, como lo es el acuerdo logrado con la corriente de izquierda Poder Popular que da por resultado la incorporación de nuestra compañera María del Carmen Verdú y de un conjunto de luchadoras y luchadores socialistas y feministas a las listas de este frente. Esta iniciativa y  fortalecimiento de una alternativa anticapitalista en el plano electoral hace de las próximas elecciones un bastión de lucha importante para ampliar la influencia del único sector que se propone aportar a una salida política de fondo.