Rosario: Entre la riqueza cerealera, el pueblo pobre se organiza


Rosario y sus alrededores es uno de los conglomerados urbanos del país donde más crece el desempleo y la pobreza. La desestructuración de la producción industrial y el boom sojero. Las y los trabajadores se organizan y salen a pelear por una alternativa a la miseria.

Un informe del INDEC del mes de junio refleja que en el primer trimestre de este año el nivel de desempleo es de 10,3% en el Gran Rosario, evidenciando que la media local está por encima de la media nacional que es de 9,2%. Pero además de las estadísticas e informes nacionales, el incremento de la pobreza de nuestro pueblo es una realidad que se ve y respira en la mayoría de los barrios, se palpa en la miseria del centenar de asentamientos que se instalan en las distintas zonas de la ciudad, en los comedores en escuelas, vecinales y centros comunitarios que día a día van creciendo y son muchas las familias que sostienen su alimentación desde ahí. Pese a esto, el partido gobernante en la ciudad desde 1995–tristemente llamado aún socialista aunque nada tenga de su ideario-, sostiene una política de no abrir más comedores para no reconocer esta realidad, ni mostrar la poca inversión que se destina a los sectores más populares y la escasez y déficit de sus políticas públicas.

El empobrecimiento de nuestro pueblo trabajador en la región es desde hace tiempo condición estructural, problema que tiene origen en el ataque brutal a nuestra clase en la década de 1970. En el marco de la ofensiva de la dictadura que buscaba aniquilar a los sectores revolucionarios y con un plan económico neoliberal se desarticuló a los sectores más importantes de la industria. El ajuste y reconversión en la industria metalmecánica, metalúrgica básica, siderúrgica, química y del papel por ejemplo, modificó la estructura económica, generando nuevos patrones de acumulación. Estos cambios provocaron, junto con la represión y desaparición, la desarticulación del movimiento obrero, el cual en esta zona era masivo y combativo, con una historia de lucha rica y que se refleja en el primer y segundo Rosariazo, el Villazo, por dar un ejemplo entre cientos.

Desde el punto de vista productivo, la ciudad y su región quedaron envueltas en un perfil de actividad industrial dominado por aquellas ramas menos dinámicas dentro del modelo vigente. Las pequeñas y medianas empresas manifiestan problemas de inserción y supervivencia: plantas industriales pequeñas de baja productividad; tecnología obsoleta; estructuras de costos fijos elevados; empresas familiares con bajo nivel de profesionalización; problemas de financiamiento, de incorporación tecnológica y falta de estrategia de inserción a mercados internacionales, son los rasgos salientes de su tejido empresarial. Son estas las que además se están viendo más afectadas con la apertura de las importaciones. Ello implica que son estas empresas las que despliegan grandes niveles de explotación y precarización laboral para poder tener alguna competitividad en el mercado.

Sin embargo, también hay plantas importantes en la ciudad como General Motors que este año atravesó un conflicto contra las suspensiones y la amenaza de despidos. A su vez, un sector de peso es la clase trabajadora aceitera, cuyo sindicato en Rosario forma parte de la Federación que ha sido emblema nacional en la lucha contra el techo salarial.

Paralelamente y mientras el pueblo pobre pasa hambre, el boom de la producción y exportación sojera ha generado un veloz enriquecimiento de un grupo minúsculo de empresas. Según el Gobierno Nacional, Santa Fe y, sobre todo, la zona sur de la provincia son una de las regiones en las que más ha crecido a nivel productivo. Basándose en los números de las empresas cerealeras, se estima que los saldos exportables para todo el ciclo comercial son de casi 51 millones de toneladas de alimentos (cebada, trigo, soja y maíz) y todo apunta a que  para mediados del año, el total girado a las arcas estatales oscilaría en los 12.000 millones de dólares, una cifra importante e imprescindible para que el gobierno pueda sostener su política económica. Pero todo esto no se ve reflejado en la provincia, ya que este sector no genera gran cantidad de puestos de trabajo: no emplea demasiados trabajadores. A esto se agrega que la salida de toda esta producción se realiza por los puertos ubicados entre Rosario y San Lorenzo, pero sin generar ingresos para el estado provincial ya que las empresas cerealeras están exentas de varios impuestos. Vale recordar que los puertos fueron privatizados, lo que agravó obviamente los enormes negociados y el megaboom sojero, y están marcados también por denuncias de tercerización y precarización. Es por ello también que las rutas de la región están inundadas de camiones que transportan la producción hacia el sur, ocasionando el constante deterioro de las rutas y una gran cantidad de accidentes, en donde los que siempre se ven afectados son los trabajadores que transitan por estas rutas para ir a su trabajo de una localidad a otra.

El lavado de dinero producto de la agroexportación se evidencia en el boom inmobiliario con edificios vacíos que adornan las costas del río mientras las bandas narcos se multiplican y empeoran las condiciones de vida del pueblo.

En este contexto, las organizaciones sociales, territoriales y políticas, los trabajadores ocupados y los desocupados nos organizamos y salimos a la calle, redoblando esfuerzos para cubrir las necesidades de cada vez más rosarinos que inevitablemente caen en la miseria día a día, pero solo reciben del estado migajas. Nuestros tiempos y necesidades son claramente distintos a la de ellos, otra vez más los sectores más postergados quedamos en medio de las peleas entre el gobierno nacional y el “socialismo”, ambos funcionales a las necesidades de los empresarios. Desde abajo, apostamos a construir una alternativa que efectivamente nos permite plantear otro horizonte.