“Vamos a concentrar la pelea en la lucha contra el ajuste y la represión”


Entrevistamos a nuestra compañera María del Carmen Verdú, destacada referente antirrepresiva, fundadora y dirigente de CORREPI y de Poder Popular. “La Negra” será precandidata a diputada nacional por la Ciudad en las listas del FIT. En esta charla, habla de su candidatura, de Cambiemos, la oposición y cuáles serán los principales ejes de campaña.

 Negra, ¿por qué sos candidata a diputada?

Soy candidata en primer lugar porque así lo decidimos los y las compañeras con quienes integramos la Corriente de Izquierda Poder Popular. Hemos generado esta nueva herramienta de intervención política que no sólo nuclea a organizaciones de distintas tradiciones sino también a militantes independientes para dar el paso en esta experiencia novedosa para nosotros que será la intervención electoral.

Creemos que esta es una instancia más en los distintos planos de la lucha donde intervenimos cotidianamente. Es decir, pensamos que, así como todos los días salimos a luchar por salario, contra el gatillo fácil, contra la violencia machista, por la vivienda, en las elecciones no podemos dejar de tener una expresión que plante bandera con todas esas reivindicaciones, reclamos y peleas que damos a diario.

En ese sentido hemos evaluado que la intervención en las listas del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, y concretamente mi candidatura a Diputada Nacional por la Ciudad va a permitir tener un mayor grado de interpelación a sectores de jóvenes, trabajadores y trabajadoras a los que queremos llegar con nuestra propuesta.

 ¿Cómo ves al gobierno de Cambiemos y su plan de ajuste?

No hay que analizar muy finamente la cuestión para ver que las condiciones de vida del pueblo trabajador se han deteriorado notoriamente con los tarifazos, los despidos, los cierres de fábrica como acaba de ocurrir con PepsiCo con 600 trabajadores en la calle. A costa de la clase trabajadora, se intenta seguir enriqueciendo el mismo grupo de parásitos de siempre.

En ese escenario, enfrentar esta política antiobrera es el eje central de todas las luchas. Pero tenemos que ser conscientes que Cambiemos no ha hecho todavía todo lo que viene a hacer. Este año buscan ser convalidados electoralmente para avanzar hacia reformas estructurales mucho más profundas, esa es la tarea que tienen encomendada y que quieren cumplir. Ya lo anticipó el presidente en su ataque a todo el sistema -más allá de su efectividad real- de defensa de los derechos de las y los trabajadores en la justicia. Las pocas herramientas que tienen los trabajadores son presentadas por el gobierno como “las mafias de los juicios laborales” y los jueces son amenazados con el juicio político en caso de que se atrevan a sacar una sentencia contra una empresa en favor de un laburante.

Ese es el marco en el que se van a dar las elecciones de agosto y de octubre, a lo que hay que sumarle como elemento central las distintas herramientas represivas con las que este gobierno intenta garantizar el ajuste. Esos son los ejes centrales sobre los que hay que acumular y concentrar la pelea: la lucha contra el ajuste y la represión.

 Considerando tu trayectoria como referente antirrepresiva, ¿cómo ves la situación actual con el macrismo?

Desde diciembre de 2015, con lo que venimos padeciendo en las calles -y esto es extensivo a todo el país, no sólo donde gobierna Cambiemos- hemos visto un crecimiento de todas las formas represivas, el surgimiento de nuevas o el resurgimiento de antiguas como las detenciones arbitrarias. Estas últimas las podemos rastrear hasta el siglo XIX: siempre han permitido a las fuerzas de seguridad detener, requisar y revisar a cualquiera en cualquier momento y lugar, pero ahora alcanzan niveles de profundización como no veíamos desde el fin de la dictadura. Las averiguaciones de antecedentes, los retenes en las rutas, la presencia de fuerzas federales en las provincias, la militarización de las barriadas populares, no sólo incrementan las detenciones sino que son la puerta de entrada a la comisaría, la puerta de entrada a la tortura y a la muerte en muchísimos casos.

Hemos visto un incremento exponencial de las muertes en comisarías, la mayoría por tormentos, y de casos de gatillo fácil. Se ha incrementado, como lo vemos a diario, el carácter más selectivo de la represión sobre los sectores organizados de la clase trabajadora. No hay corte o reclamo que no tenga que vérselas con el aparato represivo. Lo hacen con el respaldo del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial para darle más amplitud de acción y garantizar la legitimidad de la represión cotidiana. Es una situación que no veíamos hace mucho. Requiere sumar fuerzas y salir a la calle en unidad para visibilizarlo y hacerle frente. No olvidemos que los medios hegemónicos no quieren utilizar la palabra represión y están consustanciados con la estigmatización de cualquier protesta como violenta para ocultar la represión existente.

 Uno de los fenómenos más importantes del último tiempo en el país es el crecimiento del movimiento de mujeres y de los colectivos disidentes, ¿qué reflexión te merece ese proceso?

Tanto el movimiento de mujeres como los colectivos disidentes han sido, sin dudas, de los actores más dinámicos y que más ha avanzado cuantitativa y cualitativamente en el país, con movilizaciones masivas como las marchas de Ni Una Menos, el paro de mujeres y marchas permanentes que acompañan cada lucha. Incluso con triunfos concretos, como la muy reciente liberación de Higui, presa por defenderse de una violación “correctiva”, es decir, quienes la atacaron lo hicieron por su condición de disidente sexual.

En ese escenario se ha logrado visibilizar la situación, incluso más allá de la clase trabajadora, que es la primera perjudicada en todo lo que tiene que ver con la conflictividad de género. Porque no es lo mismo ser mujer que ser mujer y pobre, obviamente. Se logró visibilizar el enorme atraso que tenemos en nuestro país en materia de herramientas que permitan asistir a las mujeres y niños y niñas frente a la violencia de género, que permitan generar respuestas concretas frente al problema concreto.

Un ejemplo claro: salvo distritos muy minoritarios, como es el caso de la Ciudad de Buenos Aires donde existe la Oficina de Violencia de Género de la Corte (en la que formalmente hay 24 horas al día personal civil disponible), en la enorme mayoría del país lo único que existe es una comisaría que, más allá del cartel que dice “de la mujer”, no tiene ninguna diferencia con ninguna otra comisaría. Y esa mujer violentada va a ser asistida con una lógica policial y no de defensa de sus derechos de mujer agredida.

La visibilización del movimiento de mujeres es inversamente proporcional al enorme atraso estatal en la materia, donde hay una vastísima agenda de temas pendientes empezando por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en el hospital, y siguiendo por todos estos dispositivos que deben ser accesibles para todas las mujeres en situación de violencia. Y eso también debe ser extensible a las y los niños porque así como señalamos que hay una mujer asesinada cada 18 horas solamente por su condición de mujer, han crecido los femicidios relacionados, es decir, asesinatos donde las víctimas son las y los niños como vía de castigo patriarcal contra las mujeres. Por otra parte, vemos que un quinto de los femicidios tienen como protagonistas a miembros de las fuerzas de seguridad. Esto refuerza la necesidad de que esté por fuera del aparato represivo cualquier dispositivo de asistencia a las víctimas de violencia de género.

 Para cerrar, volviendo al plano de la política nacional, ¿cómo ves el lanzamiento del Frente Unidad Caudada de CFK?

Creo que no hay mucho de novedoso, el “vamos a volver” sigue sin entender que Cambiemos es la consecuencia de 12 años de kirchnerismo. En la plataforma del nuevo frente no levanta reivindicaciones populares sentidas como el fin de la precarización y tercerización laboral, el derecho al aborto legal, el problema de la vivienda y del saqueo de las mineras, por tomar algunos ejemplos.

Por otro lado, a pesar de la “renovación ciudadana”, detrás de todo el armado siguen los intendentes del PJ que se juegan a un cálculo electoral y la propia Cristina intentó lograr un acuerdo hasta último momento con los diputados que le votaron todas las leyes a Cambiemos para que pudiera ejecutar su ajuste contra el pueblo trabajador.