Sigue la lucha en la línea 60


Luego de una semana, la línea 60 sigue sin dar servicio debido a las graves irregularidades en las cabeceras que ponen en riesgo la vida de usuarios/as y trabajadores.

La línea 60 no funciona desde hace una semana, luego que la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT) certificara las graves irregularidades en las cabeceras de Maschwitz y Barracas que venían denunciando los trabajadores. Precarias instalaciones eléctricas, techos que se caen, falta de un correcto sistema de desecho de desperdicios contaminantes (se vuelcan a las calles mismas) son sólo algunos puntos, que se suman a las malas condiciones de las unidades.

Los trabajadores decidieron hacer un quite de colaboración hasta que no se ponga un serio plan de normalización y el cese de persecución (con despidos y suspensiones) a los trabajadores que denuncian estos hechos. La audiencia convocada por el Ministerio de Trabajo se encuentra en un cuarto intermedio a la espera de un principio de solución que garantice la seguridad a usuarios/as, trabajadores y la reincorporación de los despedidos y el cese de las suspensiones a los activistas.

El monopolio DOTA contra usuarios y trabajadores

La empresa DOTA es uno de los grandes pulpos del sector del Transporte. Posee cerca de 32 líneas de colectivos (un cuarto del total del sistema de transporte), además de clínicas laborales, aseguradoras de riesgo, agencias de autos y la concesión en el país de Megacar (empresa brasileña de fabricación de vehículos transporte, carga, utilitarios, tractores, motores y grupos electrógenos) y de Todobus (venta de repuestos y accesorios para carrocería de colectivos y camiones de gran porte).

En todos estos últimos años, fue beneficiada con subsidios millonarios del Estado Nacional que junto a los Repro del Ministerio de Trabajo, le aseguraron importantes tasas de ganancia. Desde principio de año, junto a un sector del empresariado del transporte, piden el aumento de subsidios. El reparto de la torta y los negocios que surgen del sistema de transporte son disputa entre empresarios. Como metodología de presión, recortaron servicios y frecuencia de circulación. Lo que se traduce para los choferes y usuarios,  en problemas para viajar, colectivos sobrecargados, peor servicio, un mayor riesgo a accidentes de tránsito y laborales.

Es en este marco que se da la lucha de los trabajadores de la 60. Para imponer un mayor ajuste, DOTA no duda emplear barrabravas, atacar y judicializar delegados o hacer campañas de desprestigio. Intenta disciplinar para seguir ajustando. Despedir y suspender para desarticular la organización de los trabajadores, que denuncia su responsabilidad en la muerte de David Ramallo, víctima de la desidia patronal de DOTA.

El ajuste sobre nuestras condiciones de trabajo

Para las patronales, vulnerar las condiciones laborales y aumentar los ritmos de producción son parte de las medidas de ajuste que aplican junto con el gobierno nacional. El principal objetivo es recuperar la tasa de ganancia empresarial y que los capitales extranjeros, puedan venir a explotarnos con el “menor costo laboral” posible. Ese “menor costo laboral”, significa precarizar las condiciones de trabajo (bajos sueldos, más riesgos laborales, etc) y peores productos y servicios.

Según la SRT, en el año 2016 se produjeron cerca de 422.000 accidentes laborales (incluyendo enfermedades profesionales) y 384 muertes. Cada 21 hs. muere un trabajador o trabajadora. La situación es aún más grave ya que la SRT sólo tiene en cuenta a los sectores en blanco. Quienes trabajaban en negro, lo hacen en peores condiciones, y por ende se estima que los accidentes y las muertes son aún mayores que en el trabajo registrado.

La importancia de la organización combativa y antiburocrática

Para poder enfrentar esta ofensiva, es central seguir construyendo comisiones internas democráticas y combativas como la de línea 60. Que tomen en sus manos la lucha por una obra social digna, mejores condiciones laborales y en defensa de los puestos de trabajo. Que se fortalezca contra la burocracia sindical de la UTA, cómplice y entreguista que firmó una paritaria del 8% a fin de año y no duda en patotear a trabajadores de base, como lo sucedido el pasado mes en las movilizaciones a Once. O como en Córdoba, que tras grandes movilizaciones de choferes, no dudó en desaforar delegados a través de asambleas truchas y amedrentar, junto al empresariado y el gobierno, cualquier intento de organización de base.