Venezuela: una trinchera contra la derecha y el imperialismo en América Latina


El mes de julio estuvo atravesado por la escalada de ataques de la oposición derechista venezolana contra el gobierno de Nicolás Maduro. Todos los cañones de la derecha y el imperialismo se concentraron infructuosamente para inclinar la balanza a su favor.

Lo que empezó con movilizaciones de militantes opositores en rechazo a la medida del Tribunal Supremo de Justicia -que establecía la ilegalidad de las acciones de la cúpula parlamentaria, que pretendía nombrar fuera de ley a magistrados del propio alto tribunal-, a finales de marzo, no fue más que la excusa aprovechada por la MUD para poner en marcha su plan desestabilizador. Desde ese momento, los ataques de grupos armados con explosivos caseros e incluso armas de guerra no han cesado. Son más de 100 los muertos, y más de 20 las personas que fueron incendiadas o linchadas por el accionar fascista de los grupos parapoliciales que dicen defender los “derechos republicanos”, pero en las últimas semanas agravaron el ataque a misiones y organismos públicos y al pueblo pobre, indígena, negro o mulato, evidenciando brutalmente su feroz racismo.

La Constituyente, una salida hacia adelante
Con el abierto apoyo de todos los sectores de derecha a nivel continental, la oposición pro-imperialista y neoliberal de contenido claramente fascista intentó llevar al gobierno a un callejón sin salida. Sin embargo, la convocatoria a una Asamblea Constituyente por parte de Maduro con eje en los movimientos populares fue una iniciativa para desbloquear el cerco tendido por la derecha reaccionaria. Apoyado en la movilización de masas el gobierno busca darle una salida democrática y pacífica a un conflicto que ha tenido una importante escalada de violencia en los últimos tiempos y que, como es obvio, busca destituir y derrotar al proceso popular más avanzado de América Latina en la actualidad.

En ese marco, el gobierno otorgó la prisión domiciliaria a Leopoldo López, reclamo largamente sostenido por la MUD. Sin embargo, desde el momento que se convocó la Constituyente, se ha desatado un operativo a escala internacional -con todos los medios de comunicación puestos en una tremenda campaña de difamación y mentiras- que intentó bloquear su realización mediante todos los recursos disponibles. Como señalaron funcionarios del imperialismo yanqui, temen “una nueva Cuba”.

Un mes trascendental
Durante julio, la iniciativa de la derecha en las calles se complementó con dos aspectos fundamentales de cara a lograr su objetivo principal de suspender las elecciones a la Asamblea Constituyente y destituir a Maduro. La primera de ellas fue poner en marcha una iniciativa política como la consulta popular contra la Constituyente como puntapié para lo que llamaron “la hora cero” y la “escalada definitiva”. Esta tuvo lugar el domingo 16 y significó una verdadera puesta en escena con auspicio de los grandes medios internacionales. Sin ni siquiera garantizar un escrutinio transparente, a las pocas horas de finalizado, la oposición difundió que cerca de 7 millones de personas habían manifestado estar en contra de que se realice la elección el 30 de julio, cuando en realidad la participación fue mucho menor y la medida no alcanzó sus objetivos para abonar al golpismo. Dentro de la misma operación mediática se dio el siguiente paso: buscar poner en pie un “gobierno paralelo”, llamado “de unidad nacional”, cuya función principal sería gobernar una Venezuela post-chavista. Este plan político estuvo acompañado por el llamado en dos oportunidades a “paros cívicos” de 48 horas, verdaderos lock out patronales con el auspicio de la principal federación patronal, Fedecámaras. El último de ellos, realizado entre el 24 y 26 de julio fue la antesala al llamado a “tomar Caracas” que agravó las acciones paramilitares y terroristas sobre la población pero que tampoco tuvo sin embargo el efecto esperado, dado que nuevamente no se logró movilizar a sectores importantes de la población y la adhesión fue muy limitada.

El segundo aspecto, estrechamente vinculado, se dio en el plano internacional. Las declaraciones de Trump acerca del peligro que Venezuela constituye para Estados Unidos y las sanciones a 13 funcionarios estuvieron acompañadas por palabras del mismísimo titular de la CIA, Mike Pompeo acerca de que el gobierno estadounidense está trabajando duro para hacer de Venezuela un país “estable y democrático”. Tal objetivo sólo lo consideran posible derrocando a Maduro en estrecha relación con los gobiernos de México y Colombia.

A esto debe sumarse a la Unión Europea, que emitió un comunicado tras la consulta popular de la MUD, llamando al gobierno de Maduro a suspender la Asamblea Nacional Constituyente, siendo así un actor de peso más con un pronunciamiento a favor de la oposición. Los alineamientos internacionales están claros y cada vez más definidos.
En este marco, se esperaba que en la cumbre del Mercosur se cerrara el cerco sobre Venezuela y que sería expulsada del bloque, permitiendo a los gobiernos locales establecer diálogos oficiales con la oposición. Sin embargo, tal decisión no pudo ser llevada adelante debido al veto de Uruguay, Bolivia y Ecuador, dando cierto aire a la diplomacia bolivariana. Claro está, esto no implica dejar de tener en cuenta el rol que tanto Argentina como Brasil vienen jugando, buscando acrecentar la asfixia al gobierno de Maduro en el plano regional.

La resistencia a los avances de la derecha
Ante este escenario de enorme complejidad, el pueblo venezolano sigue dando pelea. Al cierre de esta edición se llevaban adelante las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente con una importante participación popular. A pesar de los sabotajes y los ataques escuálidos, colas y colas de miles y miles de hombres y mujeres esperaron durante horas para poder manifestar su voto y participar activamente de este proceso democrático y pacífico.
En este sentido, la Asamblea Constituyente es una iniciativa política fundamental que permitió abrir un nuevo escenario político y continuar la pelea contra la derecha en otras condiciones considerando el aislamiento regional por el ascenso de Temer y Macri.

Como hemos señalado en otras oportunidades, la Constituyente fue convocada de urgencia por el gobierno ante la crisis política, pero “puede convertirse en una plataforma para ampliar las posiciones que fortalezcan una trinchera de lucha a fondo contra la derecha y su proyecto. Y esto implica, promover iniciativas que vayan más allá de las impulsadas por la dirección del Estado y del PSUV”. La Asamblea puede ser entonces el canal, desde donde se amplifiquen las voces de los sectores más combativos del chavismo pero también de más amplios sectores de masas. que sin definirse chavistas han apoyado esta iniciativa política participando con candidaturas propias en el proceso constituyente. En las actuales circunstancias queda claro que la única salida para el proceso bolivariano es profundizar la movilización de masas contra la derecha y el imperialismo.

En este marco, es esencial destacar la tendencia de distintos sectores dentro del mismo chavismo a la autoorganización y defensa ante la ofensiva fascistizante de la derecha. Expresión de esto son las Brigadas de Defensa Popular Hugo Chávez impulsadas por la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.
Estos emergentes ponen de manifiesto el nivel de conciencia de franjas importantes del movimiento popular que se plantean respuestas que no surgen necesariamente desde el Estado, y ponen de manifiesto la profundización de la movilización y organización de las masas.

En el actual escenario continental, Venezuela es una trinchera que debe ser defendida por todos los que nos identificamos como revolucionarios. Es sin duda el proceso de masas que ha logrado más desarrollo en las últimas décadas, claro está, no sin tensiones a su interior.

Y este es un momento en el que se pueden fortalecer las propuestas de los sectores que proponen una salida radical a la crisis, fortaleciendo el lugar de las comunas y las organizaciones populares con la perspectiva de avanzar hacia el control de los procesos de producción, distribución y comercialización de los bienes y servicios fundamentales, hacia la nacionalización de la banca, de todo el sistema financiero y del comercio exterior, hacia una profunda revisión del pago de deuda externa, y hacia la expropiación de los sectores que sabotean la economía nacional por medio de la guerra económica y la corrupción.