Ante las miserias del sistema, la juventud sigue siendo la arcilla para un mundo mejor


Por Ramiro Manduca,

Egresado y ex integrante del Centro de Estudiantes de ENAM.

Si uno pudiera poner una lupa en un lugar específico para ver, de manera concreta y cruda, como atraviesan a la juventud muchas de las grandes miserias de este sistema, quizás la ENAM (la Escuela Normal de Banfield Antonio Mentruyt), podría ser una muestra clarificadora de ellas.

En menos de un año, la ENAM fue “noticia” en tres oportunidades. La primera, en Octubre del 2016, cuando fue tomada en rechazo al “Operativo Aprender”, convirtiéndose en una de las pocas escuelas donde no se pudo desarrollar la evaluación impulsada por el gobierno nacional. La segunda, hace sólo unos meses, en Mayo, cuándo efectivos policiales hostigaron primero a un estudiante e ingresaron luego a la escuela tratando de llevarse detenidos a otros dos. Por último, la más reciente y dolorosa, la desaparición y femicidio de Anahí Benítez.

En una misma comunidad educativa se conjugaron tres aristas propias de lo más podrido de nuestros tiempos: el desprecio por la educación pública, la represión policial y la violencia machista. En cada caso enumerado aparece una política concreta por parte del Estado que repercute directamente (hasta la muerte) en la juventud. En conjunto expresan lisa y llanamente que este sistema, tal y como esta, no tiene nada positivo para ofrecerle a nuestros pibes y pibas.

Claro está, este cuadro no estaría completo sin mencionar a los medios masivos de comunicación. En cada una de las oportunidades, no ahorraron palabras es desprestigiar a la juventud: desde definirlos como “vagos que no quieren estudiar” y por eso tomaban la escuela contra las políticas neoliberales del macrismo; pasando por su criminalización explícita ante la persecución policial dentro la escuela, llegando incluso a procedimientos totalmente faltos de ética y con excesos de morbosidad y amarillismo en el caso de Anahí.

Ahora bien, si hablamos de poner la lupa es porque sabemos que son estas mismas condiciones (y muchas otras, como la precarización laboral) las que afectan al conjunto de los jóvenes de nuestro país. Sin embargo, en el caso de ENAM aparece una particularidad que nos hace detenernos: las cosas no pasan desapercibidas sino que encuentran una respuesta. Pareciera que es esa la consigna implícita que guía a los pibes y pibas de la escuela, pero también a los docentes y padres que conforman esa comunidad. Es una consigna forjada en la misma acción. Fueron los mismos pibes y pibas que sacaron a Lautaro (el estudiante detenido en mayo del patrullero y luego se movilizaron al consejo escolar municipal y a la fiscalía correspondiente para exigir que se juzgue a los policías implicados, los que estaban el sábado pasado abrazados entre lágrimas y marchando por justicia por Anahí. Fueron ellos mismos quienes junto a profesores y familiares empapelaron el municipio buscándola mientras el Estado brillaba por su ausencia. Serán ellos, junto a esos/as profesores/as también, quienes seguramente no bajen los brazos hasta que se haga justicia.

Ante las miserias de este sistema, y más particularmente ante políticas que cada vez buscan un mayor desamparo de la juventud, y ante situaciones de enorme adversidad y dolor, los y las jóvenes nos están dando algunas lecciones de dignidad de las que debemos tomar nota.

Ramiro Manduca,

Egresado y ex integrante del Centro de Estudiantes de ENAM.

Agosto 2017.