Debate con el PSL (IS) sobre Venezuela: El imperialismo y la burguesía no son tigres de papel


El compañero Simón Rodríguez Porras, del Partido Socialismo y Libertad de Venezuela (organización hermana de IS en Argentina) escribió un extenso artículo de polémica contra nuestra posición sobre el proceso en ese país. Considerando que compartimos distintos ámbitos de intervención en común con las y los compañeros de IS, entre ellos el terreno electoral donde intervenimos en común en el FIT desde Poder Popular, y por la trascendencia del debate estratégico dentro del activismo, nos parece importante responder algunos puntos en forma fraternal y respetuosa. Intentaremos hacer algunos aportes que pensamos pueden ser de utilidad.

Un ciclo continental

A lo largo del artículo, el PSL refuerza su caracterización errónea del gobierno de Maduro como “servil al imperialismo” por el pago sistemático de la deuda externa y asociaciones con el capital trasnacional en distintas áreas de la economía, elemento que desde nuestras organizaciones hemos señalado como límites claros del proceso venezolano.

Pero esto, por sí sólo, es decir, algunas de sus medidas económicas tomadas aisladamente, no basta para caracterizar al gobierno y los intereses que representa: ¿podemos afirmar, por ejemplo, que Maduro expresa el mismo contenido de clase que Peña Nieto o Macri? Desde ya, quien incurriera en esta afirmación caería en el absurdo, pues por una parte borraría del mapa casi un siglo y medio de caracterizaciones marxistas sobre los distintos tipos de gobierno en un Estado donde prevalecen las relaciones sociales capitalistas. Y fundamentalmente, conduciría a una grave desorientación en la lucha de clases.

La experiencia chavista es el resultado del Caracazo, es decir, una gigantesca gesta popular ahogada en sangre por la represión, y del levantamiento derrotado de Chávez y otros oficiales como continuidad histórica de esa rebelión popular. En ese proceso abierto hace tres décadas, dos como gobierno, ya sorteó literalmente la derrota de un golpe militar y varios lock out patronales, a partir de un apoyo popular de masas. La estatización y centralización de PDVSA bajo mando estatal o las misiones y autoorganización en las comunas fueron una expresión de un proceso que se radicalizó y avanzó cualitativamente más que cualquier gobierno reformista en la región. Desde ya el mismo no estuvo exento de límites por parte de su dirección, como hemos señalado a la hora de profundizar las medidas contra la burguesía y el imperialismo, lo que en un contexto de ofensiva contrarrevolucionaria ha generado profundos trastornos y desequilibrios económicos.

Dicho eso, y aunque se puedan citar una serie de estadísticas sobre el retroceso económico y específicamente en las condiciones de vida de las masas (algunas cuyas fuentes sin embargo podrían ser cuestionadas), el PSL-IS retacea la magnitud del proceso y confina la caracterización a las fronteras de Venezuela para negar cualquier posibilidad de que exista en curso “una guerra económica”, a pesar del acaparamiento comprobado de sectores de la burguesía alineados con el golpismo -que ya ocurría con Chávez en vida y que se fue agravando-, y actos de sabotaje por parte de las llamadas guarimbas contra centros de salud, alimentos, etc.

En este punto, el PSL omite en forma casi sorprendente mencionar la ofensiva derechista en la región encabezada por Temer y Macri, quienes han impulsado la suspensión de Caracas en el Mercosur, y las sanciones económicas de Washington contra funcionarios/as de Maduro o la furiosa campaña de los medios internacionales. Resulta justo preguntarse porqué, si es un gobierno servil al imperialismo, sería saboteado o desplazado por el mismo con métodos virtualmente de guerra civil como viene ocurriendo en los últimos meses.

Lo que ocurre es que, para el imperialismo y la burguesía, finalmente, se trata de enterrar la experiencia del chavismo para consolidar el nuevo ciclo político, cuyo objetivo casi exclusivo es imponer un ajuste sin precedentes sobre las condiciones de vida de las masas a través de reformas estructurales como la reformas laboral, jubilatoria y educativa. Semejante retroceso demanda la desmovilización y despolitización de las amplias masas, objetivo al servicio de cual pondrán (como siempre) las formas más abyectas de violencia. El proceso bolivariano, con todas sus limitaciones y sus virtudes, representa un escollo y expresa objetivamente una postura antiimperialista al no subordinarse a los planes directos de Estados Unidos.

Ninguna preocupación hay, por caso, ni del Mercosur ni de la OEA sobre el terrorismo de estado permanente en México y Colombia, o las rupturas del orden democrático en Honduras, Paraguay y Brasil, esto solamente porque se acomodan a los planes del imperialismo.

Desde ese punto de vista, correspondería señalar que, en la tarea del internacionalismo que plantea y busca retomar el PSL, se encuentra ausente en ese aspecto la autodeterminación nacional y el rechazo a la injerencia imperialista a cualquier nación, sea ésta o no socialista.

Pero, volviendo a la situación regional, entendemos que los compañeros omiten esta nueva realidad creada por el ascenso de Cambiemos en Argentina y el impeachment a Dilma en Brasil, junto con el ascenso de Trump en EEUU, y caen en la unilateralidad, lo que lleva naturalmente a posicionamientos políticos absolutamente desafortunados como levantar la consigna “Fuera Maduro” cuando la iniciativa política en el campo opositor está en manos de la derecha pro-imperialista o, peor aún, apoyar el paro patronal impulsado por la MUD y Fedecamaras “con sus propias consignas”. La fantasía de una disputa por la dirección del movimiento opositor o de “una rebelión popular que crearía mejores condiciones para la autoorganización obrera” lleva al PSL-IS a ser el segundo violín de la derecha escuálida.

La Constituyente y su significado

Como otras organizaciones de izquierda, el PSL-IS consideraron a la Constituyente como “un fraude” e, incluso más, una vía “hacia la dictadura de Maduro”. Nuevamente se repiten palabra por palabra las caracterizaciones de la MUD y el imperialismo. Del mismo modo, aseguran que el gobierno ha perdido toda base de apoyo popular y sus movilizaciones se logran con empleados públicos, un grave error que desconoce o, cuanto menos, subestima el peso del chavismo como fenómeno histórico en la conciencia de las masas venezolanas.

De ese modo, ¿qué perspectiva revolucionaria se puede ofrecer a las masas? Mientras el PSL-IS convocó a plegarse a la “huelga cívica” (paro patronal) contra Maduro, que tuvo escaso impacto, le dio la espalda a millones de personas que vieron una salida y votaron en la Constituyente. Esto es producto, a nuestro entender, del error global más general de su caracterización. Las y los revolucionarios debemos intervenir sobre el estado y el nivel de conciencia real de las masas, y jamás reemplazarlo por la subjetividad propia, algo que ha llevado a sectores de la izquierda históricamente al aislamiento y al sectarismo.

La convocatoria a la Constituyente por parte del gobierno en un marco de ofensiva derechista y aislamiento político presentó un canal, por un lado, para recuperar la iniciativa, pero también para la movilización de masas para revertir ese escenario y abrir una nueva situación. Esto fue visto como una posibilidad por sectores de base del chavismo -e incluso para sectores que se ubican por fuera de esta referencia- y que se movilizaron a votar masivamente. Sectores que se movilizaron para no perder sus conquistas históricas y para que no avance la derecha.

El desenlance de la situación en Venezuela ha agudizado la polarización social y ha puesto a la contrarrevolución fascista e imperialista a la orden del día. Confundir campos sería un error fatal: no hay ni existe hoy un campo independiente de la clase obrera frente al chavismo y la MUD, y estos, entre sí, no representan en ningún modo “dos bandos burgueses” para las masas. La política del PSL-IS de negar esta caracterización los lleva a actuar como en Brasil, en el campo político de los golpistas.

Por el contrario, es sobre la movilización abierta con la Constituyente en las masas chavistas y antiimperialistas que se debe intervenir con un programa concreto, antiimperialista y anticapitalista, contra la derecha escuálida y golpista por la radicalización del proceso -como plantean distintos sectores al interior del propio chavismo- mientras se desarrolla la más plena y activa solidaridad internacionalista contra los ataques de Estados Unidos y los gobiernos neoliberales. Esta es, humildemente, nuestra política.