Un cierre de campaña, al filo del dolor


Probablemente sea difícil recordar un cierre electoral tan atípico como el de estas PASO: candidatos oficiales virtualmente amordazados por sus propios espacios para evitar pronunciarse, medios que evitan revelar encuestas, movilizaciones contra despidos y represión, y hasta una explosión en la empresa a cargo del escrutinio. Un cocktail que condensa la variopinta fauna de la vida política argentina.
En el último tramo de la elección, el precandidato a senador oficialista Esteban Bullrich protagonizó un verdadero raid de derrapes verbales, comenzando por “Ni una menos también es si es una beba” hasta celebrar en televisión que haya “un pibe más preso todos los días”. Esto obligó al comando duranbarbista a directamente desplazarlo de la campaña y concentrar todos los flashes en lo que actualmente se mantiene como la única figura con cierto peso en la Provincia de Buenos Aires: María Eugenia Vidal, cuyo discurso estuvo en exacerbar casi hasta la desesperación la polarización con el kirchnerismo, al igual que lo hicieron Carrió y Macri.
Ocurre que este es el único recurso a mano para Cambiemos a la hora de hacer campaña debido a que las reformas que prepara para después de octubre de ningún modo le darían una mayoría de votos. En tanto, los medios de comunicación afines al gobierno brindaron una cobertura mediática obscena a niveles difíciles de rastrear en el pasado cercano: la falta de publicación de encuestas que afectaran al oficialismo convirtió al periodismo “independiente” en una tribuna de agitación antikirchnerista pura.

Por su parte, la “Unidad Ciudadana” de CFK se caracterizó por encarar una lucha “light” contra el ajuste evitando por todas las vías protagonizar movilizaciones callejeras o incluso actos masivos que pudieran ser leídos en clave “desestabilizadora”. La cercanía con las y los vecinos fue la manera de la ex presidenta de evitar grandes definiciones políticas.

Pero en este juego de ocultamientos y ocultados, las últimas semanas de campaña de las PASO también mostraron síntomas de cismas profundos que se operan por abajo de la realidad mediática. Por un lado, la virtual corrida cambiaria con el dólar expresa la exigencia de la burguesía de que no gane el kirchnerismo pero, por otro, también el reclamo a Macri de avanzar en reformas cada vez más profundas contra el pueblo.

A su vez, la desaparición de Santiago Maldonado y las movilizaciones para reclamar al Estado su aparición con vida signaron la agenda política de los últimos días a pesar del furioso despliegue mediático para desviar el debate. Despliegue mediático y gubernamental para garantizar impunidad a la Gendarmería que nada tuvo que envidiar a la Dictadura de Videla en su construcción argumental: tildar de terroristas y subversivas a las víctimas. Pero por otro lado, el cinismo de personajes que hoy se “olvidan” la desaparición de Jorge Julio López – y los dichos de Aníbal Fernández acerca de su extravío- ; de Luciano Arruga y de tantos otros, son también indignantes.

Pero ante la brutal ofensiva, el movimiento popular se juega una parada estratégica de cara a los planes que mantiene el gobierno para imponer el ajuste vía la represión. Masificar la lucha en las calles es una tarea indispensable para ganar cada conflicto. Urge construir una unidad por abajo que pueda forjar una salida popular ante las alternativas patronales. Fue así que, a lo largo de toda la campaña, se mantuvo firme e inamovible la carpa de las y los despedidos de Pepsico en el Congreso que recuerdan que es lo que verdaderamente esta en juego en estas elecciones: o construimos una alternativa propia de las y los laburantes o seguiremos pagando los platos rotos de las crisis que generaron otros.

En ese contexto, desde el FU impulsamos Poder Popular -el espacio unitario que hemos construido con otras organizaciones hermanas- interviniendo por primera vez en las elecciones a través de la participación en las listas del Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Nuestra apuesta fue y eslograr que la voz de las y los trabajadores llegue a nuevos lugares, organizar nuevos sectores y reforzar las peleas cotidianas que ya damos todos los días. A seguir andando ese camino.