A 81 años del nacimiento de Mario Roberto Santucho


Santucho: El primer (y no último) guevarista argentino

Por Lisandro Silva Mariños

Una vida en revolución.

El 12 de agosto de 1936, la familia Santucho recibía su séptimo hijo varón, y por ende nacía un nuevo ahijado del presidente argentino, en ese momento el General Agustín Justo, militar que estuvo al frente de la llamada década infame. ¿Quién hubiese pensado, que dicho niño, el “ahijado del presidente” nacido en la ciudad de Santiago del Estero, pondría en jaque al conjunto de la clase dominante?

A fines de los años ´50, este joven santiagueño llegaba a las tierras tucumanas con el objetivo de iniciar sus estudios universitarios. Traía consigo, un conjunto de ideas políticas que giraban entre el indoamericanismo y antiimperialismo, coordenadas políticas sobre las cuales edificaría junto a sus compañeros de estudios en el ´58 el Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencias Económicas (MIECE) que trinfaría en las elecciones de 1959, ganando el Centro de Estudiantes y llevando a al Robi como delegado estudiantil al Consejo Tripartito Universitario. La experiencia política de este grupo estudiantil será la base para impulsar – junto a sus hermanos- el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular (FRIP) a principio de los ´60, una organización con inserción en los trabajadores del norte argentino ligados a la industria azucarera, el carbón y también a los pueblos originarios y ligas agrarias. Por ello sus primeros boletines eran escritos no sólo en español, sino que también en Quechua.

Propio de una familia tradicional, Santucho paso por el matrimonio, y su “luna de miel” junto a Ana María Villareal (Sayo) fue una recorrida de seis meses por Latinoamérica durante 1961. Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, México y un paso por EE.UU marcaron a fondo la cosmovisión de Santucho, comprendiendo la realidad de un continente apaleado y dependiente del imperialismo Yanqui. Pero la estocada final en su proceso de consciencia fue su paso por Cuba, y estar en la plaza de la revolución nada más y nada menos que para escuchar a Fidel Castro declarar el carácter socialista de la Revolución. Santucho no volvería a ser el mismo que antes.

Lleno de entusiasmo y vitalidad revolucionaria, de nuevo en Argentina, abandonaría lentamente sus lecturas nacionalistas de Jaureche, Arregui y Haya de la Torre, para nutrirse del socialismo científico. El estudio de las ideas de Marx, Engels, Lenin y Guevara, se combinaban con la lucha política codo a codo junto a los trabajadores azucareros de la FOTIA donde pudo conocer en profundidad a varios referentes sindicales que más tarde serían los cuadros del PRT. A sabiendas de la necesidad de construir un partido revolucionario, impulsó la fusión del FRIP con Palabra Obrera (PO), un grupo trotskista dirigido por Nahuel Moreno. De allí, un 25 de mayo de 1965, nacería el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Santucho era consciente del fantasma que recorría toda Nuestramerica: la presencia del Che Guevara en Bolivia, acompañada de su llamado a construir 1,2,3 Vietnam, y su clara advertencia: “ya no hay más cambio que hacer, revolución socialista o caricatura de revolución”. Así, se apoyó en la vanguardia proletaria tucumana al plantear la necesidad de iniciar la lucha armada para enfrentar a la dictadura de Onganía. Sostuvo fuertemente el debate con las posiciones sindicalistas y reformistas de Moreno (en aquel momento secretario general del PRT). A contrapelo de éste, se prepararía en febrero del ´68 el IV congreso del partido que explicitaría una primera ruptura con el “morenismo”. Como el decir y el hacer no se escindían en el Robi, fue él mismo quien dirigió y llevó adelante las primeras acciones armadas que prepararían moralmente y militarmente al partido para los primeros “azos” (Rosariazo, Cordobazo, Tucumanazo). Su compromiso le valió la prisión en noviembre del ´69, y con ello su potencial ausencia en el V congreso del partido.

A sabiendas que las resacas del morenismo presentes todavía en el partido querían echar atrás las resoluciones del IV congreso, Santucho llevó a fondo la necesidad de dar pasos más concretos en el despliegue de la lucha armada. Se fugó por su cuenta de la cárcel, presenció el V congreso partidario e impulsó la creación de un Ejército Revolucionario del Pueblo. El “Vivorazo” le daría la razón, ya que las banderas del ERP (celeste y blanca con una estrella roja en el medio) flameaban por las calles cordobesas, concretando así el llamado “segundo Cordobazo”.

El partido y el ejército crecían al calor de la lucha antidictatorial. Levingston, reemplazo de Onganía, no lograba frenar al movimiento político y social revolucionario que se extendía más allá de las grandes capitales. Lanusse, consciente de que la recomposición de la hegemonía implica un plan más complejo que la represión y la muerte, llamó a un Gran Acuerdo Nacional, para reestablecer los partidos políticos y con ello los comicios electorales. Santucho nuevamente en prisión evidenciaba que la inicial respuesta al GAN condensada en “ni golpe ni elección, revolución” tenía cada vez más falencias. Por ende, debía librar una nueva batalla política al interior del partido contra las posiciones izquierdistas que no veían la posibilidad de dar respuestas concretas a la apertura legal, y corrían el riesgo de profundizar una desviación militarista. Fue así que promovió los comités de base en aras de participar de las elecciones con candidatos obreros y populares, e impulsó la conformación de un amplio movimiento legal antimperialista junto a otras organizaciones, tanto de la izquierda marxista, como del peronismo revolucionario. Allí estaba el embrión del FAS, antesala de un próximo Frente de Liberación Nacional y Social.

La inhóspita, y supuestamente infranqueable cárcel de Rawson, no fue un impedimento para Santucho pensara la fuga desde el día de su llegada. Contaba esta vez con los compañeros de FAR y Montoneros para fugar a más de 100 presos. Las fallas del operativo frustraron una fuga cinematográfica. Sólo él y cinco compañeros llegarían a Chile. Del otro lado de la cordillera, recibiría una de las noticias más duras de su vida: 16 compañeros habían sido fusilados por la cobarde dictadura de Lanusse. Entre ellos se encontraba “Sayo”, Ana María Villareal, fundadora del PRT, su compañera y madre de sus 3 hijas. Tras su paso por Cuba, el Robi vuelve a Argentina y revitaliza el partido duramente golpeado por la represión y las primeras desapariciones. Durante los próximos años se convertiría no sólo en el principal dirigente del PRT-ERP, sino también en uno de los mayores guerrilleros nuestroamericanos.

Exponente del marxismo latinoamericano

Junto a Miguel Enríquez, Carlos Fonseca, Raúl Sendic (y tantos otros y otras), el Robi se inscribió dentro del campo político y teórico del Marxismo Latinoamericano. Siguieron la senda que inauguró y trazó José Carlos Mariátegui, que, al calor del combate con el marxismo dogmático y oficial de los PC estalinistas, planteó que en Nuestramerica, el desarrollo del socialismo no podría ser “ni calco, ni copia, sino creación heroica”. Así sintetizaba una idea fundamental: los negros, las campesinas, los mulatos y las indias, ya no debíamos leer a Marx “en” América Latina, sino que podíamos leerlo “desde y para” Nuestramerica, retomando la teoría marxista, pero partiendo de nuestra realidad, nuestras particularidades, nuestra cultura y nuestras tradiciones de lucha. Allí estaba la creación heroica.

Fue así que Santucho aprendió de Mariátegui, pero también de Guevara. Puso, al igual que éste, la cuestión del poder en el centro de la escena. Su trabajo “Poder Burgués y Poder Revolucionario” brindó una lectura propia del proceso revolucionario argentino, para el cual se debe necesariamente articular una estrategia integral de poder revolucionario. Al comprender que ninguna clase social se suicida, y por ende que no existe tal vía pacífica al socialismo, impulsó la formación del ERP y encabezó la Compañía del Monte Ramón Rosa Giménez para dar un verdadero enfrentamiento político-militar a la burguesía y el imperialismo. Con el internacionalismo como estrategia y acción revolucionaria, puso al PRT al servicio de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), una verdadera internacional guevarista conformada junto al MIR Chileno, ELN Boliviano, y los Tupamaros uruguayos. Descartando el supuesto carácter revolucionario de las burguesías autóctonas y la teoría de la revolución por etapas, enfocó la construcción partidaria en la vanguardia obrera, levantando la bandera de la independencia de clase, el antiimperialismo y la lucha por el socialismo. Pero vale resaltar que nada de todo esto lo hizo él en soledad. Leninistas hasta la médula, construyó un partido revolucionario que potenció su acción, y la de miles de argentinos. Sin este factor subjetivo permanentemente organizado, nada de lo antes mencionado, hubiese sido posible. El Robi bien sabía esto, y fue allí que depositó su vida entera.

¿Dónde está Santucho? De trofeo de guerra a bandera de lucha para las nuevas generaciones.

La tarde del 19 de julio de 1976, una patrulla del Ejército llega al barrio de Villa Martelli tras los pasos de la dirección perretista. En un departamento se encontraban Santucho, Liliana Delfino, Ana María Lanzillotto (embarazada de ocho meses), Benito Urteaga y su hijo José, de tan sólo dos años. Nadie se entregó. El Robi y Urteaga dieron combate. Asesinaron al capitán Leonetti, pero cayeron en la balacera. Delfio y Lanzilloto fueron secuestradas, torturadas y asesinadas. El hijo de Urteaga fue entregado a la familia paterna y el bebé que esperaba Ana Lanzillotto junto a Domingo Menna nació en cautiverio, hoy es el nieto restituido 121 que recupero su identidad el año pasado. Meses antes de morir, el genocida Jorge Rafael Videla reconoció que fue él quien ordenó “no dar a conocer el lugar donde iban los restos de Santucho para evitar homenajes en ese momento”, ya que “la muerte de Santucho no era una muerte común, no era Juan Pérez, era una figura que había que opacar” y porque “además de un hecho bélico, tenía una tremenda connotación política que afectaba la conducción de la guerra por ser Santucho el muerto”[1]. No hay mucho más que agregar. El enemigo era consciente de las ideas del Robi. Sabía que sus aspiraciones no se agotaban en algunas reformas para los trabajadores, sino que luchaba por el poder, y eso implicaba el fin de los privilegios para los de arriba. Era indigerible para los capitalistas, por ello era necesario desaparecerlo, callarlo, y enterrarlo en una coordenada indescifrable dentro de Campo de Mayo.

Entendemos, que a 41 años de la caída en combate de la dirección histórica del PRT y a 81 del nacimiento de nuestro comandante de la revolución, es necesario volver a poner en centro de la escena la figura de Santucho, su pensamiento y praxis trasformadora, hoy más que nunca.

Nuestramerica atraviesa una arremetida neoliberal contra los derechos del pueblo trabajador. En esta etapa en la cual nos quieren convencer de que el socialismo fue una moda del siglo XX, asumimos: (como menciona Hector Löbbe[2]) que tanto el Robi, como la militancia perretista, no han sido los últimos guevaristas sino, contrariamente, los primeros guevaristas. Y que por ende habrá nuevas generaciones de militantes guevaristas, y en nuestra patria, consecuentemente santuchistas. Y aquí estamos, nosotros y nosotras, realizando nuestro humilde aporte. Una nueva generación dispuesta a gritar fuertemente ¡¡A Vencer o Morir por la Argentina!!

[1] Véase Página 12. Lunes, 30 de abril de 2012. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/192989-58847-2012-04-30.html

[2 ]Véase “Historia de una estrella roja”. Prólogo a “Los Cheguevaristas” de Abel Bohoslavsky. Buenos Aires. Imago Mundi. 2015.