PASO 2017: A fortalecer la izquierda ante la avanzada nacional de Cambiemos


Las recientes elecciones primarias contaron con la participación de un 74% del electorado y dejaron como principal ganador al gobierno macrista, reafirmando la gobernabilidad y el curso de la gestión. Con un resultado aplastante en la Ciudad de Buenos Aires de la mano de Elisa Carrió, arañando el 50% de los votos, el oficialismo continúa la pelea voto a voto en la provincia de Buenos Aires, “madre de todas las batallas”. Allí, la lista encabezada por Esteban Bullrich obtuvo en el escrutinio provisorio un 33,19%, alcanzando prácticamente una situación de empate técnico con Cristina Kirchner. Quedaron un 5% de las mesas sin escrutar, tras la burda manipulación realizada por Cambiemos, que buscó mostrar en el horario televisivo central, un amplio triunfo y evitar que al cierre de la jornada Unidad Ciudadana quedara en el primer lugar, aunque fuera por un puñado de votos, hecho que probablemente se terminará de confirmar con el escrutinio definitivo.

A su vez, Cambiemos se impuso en bastiones históricos del peronismo o de expresiones tradicionales como la provincia de Santa Cruz, La Pampa, Córdoba, Entre Ríos y Neuquén, mientras que derrotó por primera vez a los Rodríguez Saá en la provincia de San Luis.

Estos resultados consolidan el pronóstico que anunciaba el crecimiento del bloque oficialista en el congreso nacional pero, fundamentalmente, representan una victoria contundente y el incremento del caudal político de Mauricio Macri, lo que le dará mayor margen de acción para profundizar el ajuste y las reformas estructurales que demanda el establishment, entre las que se destacan las modificaciones regresivas para la clase trabajadora en el plano laboral, previsional, educativo y tributario.

En ese sentido, quienes siguieron de cerca el escrutinio fueron los empresarios y representantes de los bancos internacionales, ya que la clave para Wall Street era garantizar que el kirchnerismo “no vuelva más”. Esto se puso en evidencia también el día lunes, con la baja del dólar y la suba de la bolsa porteña, que expresaron la satisfacción de los sectores más concentrados del capital con los resultados de la elección.

Por su parte, el peronismo, dividido, ha sido el gran perdedor, no sólo por el resultado obtenido en la provincia de Buenos Aires -más allá de que el escrutinio final deje a Cristina Fernández en el primer lugar por un ínfima diferencia-, sino también por la embestida sufrida en varias de las provincias más importantes del país. Esto expresa, por un lado, un balance negativo de amplios sectores de masas sobre la experiencia del gobierno anterior, elemento que ha sido capitalizado por el partido gobernante, quien transitoriamente logró imponer el nuevo relato de la necesidad de ajustar y “pasarla mal” para que la economía vuelva a crecer. En el mismo sentido es más que probable que Cambiemos endurezca la represión envalentonado con el discurso de “terminar con los piquetes”. No hay que olvidar que la elección transcurrió solo tres días después de una multitudinaria marcha a Plaza de Mayo para exigir la aparición con vida de Santiago Maldonado, un caso donde el gobierno está directamente implicado y por el cual no parece haber pagado ningún costo electoral.

Entre los perdedores, se enlistan también el massismo que apenas alcanzó un 15% y el randazzismo con solo 5,9 %, ambos con perspectivas de retroceder aún más si se agudiza la polarización política de cara a octubre.

Algunas conclusiones

En el análisis que arroja la jornada, como hemos dicho, podemos señalar como elemento principal la consolidación del oficialismo como proyecto político. A pesar del ajuste en curso y de la mayor carestía de la vida, a pesar de representar una fracción claramente conservadora de la política, una significativa porción de la población, incluyendo amplios sectores populares, han volcado sus expectativas en la continuidad el proyecto macrista como salida a sus penurias.

Con el apoyo del conjunto del poder económico y las corporaciones mediáticas, la victoria representa el afianzamiento en el plano ideológico del paradigma neoliberal. Por otra parte, este retroceso debe comprenderse gracias al colaboracionismo y apoyo de la estructura de gobernadores del PJ favorecidos por prebendas y las obras públicas oficiales. No se puede descartar, claro está, que muchos de ellos terminen cruzando el cerco para alinearse definitivamente con el poder central.

Asimismo, la presencia de María Eugenia Vidal, quien cuenta con una imagen positiva mayor que la del propio presidente, ofició de celadora de Esteban Bullrich en todo el proceso de campaña de Cambiemos, contribuyendo al incremento de los sufragios del oficialismo. De este modo se revalidó la gobernabilidad y la perfila como sucesora para la continuidad de Cambiemos a nivel nacional.

Los elementos determinantes para definir la contienda estuvieron centrados en la debilidad del kirchnerismo y división del peronismo. El empate técnico en la provincia de Buenos Aires puso en evidencia la imposibilidad para Cristina Fernández de superar el techo de sus votantes pese a haber edulcorado sus discursos, con una campaña sumamente “light” y lejos de la tradicional coreografía peronista. Si bien CFK sigue manteniendo grados de apoyo popular en los sectores más empobrecidos, esto no ha sido suficiente para revertir el actual mapa político. Con un peronismo dividido y sin liderazgos de peso alternativo se ratifica la imposibilidad de desplegar una fuerza hegemónica por parte de Unidad Ciudadana sobre el resto del peronismo, capaz de ordenar y aglutinar todas las corrientes internas.

La izquierda y lo que viene

Con el resultado electoral favorable a Cambiemos, es prácticamente un hecho que la CGT suspenderá la marcha del 22 de agosto y reforzará la tregua con el gobierno. Hacia adelante seguirán desarrollándose las luchas y conflictos, pero debemos prepararnos, ya que estos estarán aislados por las conducciones sindicales burocráticas y encontrarán, del otro lado, a patronales y a un gobierno envalentonados. Rodear de solidaridad las peleas en curso de nuestra clase trabajadora y fortalecer la unidad de acción en las calles son tareas a la orden del día.

En relación al balance de la elección de la izquierda, es destacable que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores tuvo un buen desempeño con cerca de un millón de votos, superando las PASO en 21 provincias e incrementando su caudal electoral un 30% en relación a las PASO anteriores. De este modo, en un escenario corrido a la derecha, el FIT pudo consolidarse como una opción antipatronal mientras el resto de las fuerzas de izquierda -salvo expresiones locales aisladas- e incluso del viejo progresismo no pudieron superar el piso proscriptivo. En ese sentido, la elección confirmó el declive de proyectos centroizquierdistas históricos (Solanas, De Gennaro, Lozano) y la ausencia de una carnadura real de nuevas experiencias reformistas como Patria Grande que no alcanzó los votos en la interna del ex FpV para participar de la elección general.

Desde nuestro lugar, como Frente Único IR – HN, junto con otras organizaciones hermanas, pusimos en pie la Corriente de Izquierda Poder Popular, desde la cual participamos activamente de la campaña, integramos las listas del FIT con candidaturas propias y movilizamos cientos de fiscales el día de la elección. Entendemos que la decisión de apostar a apuntalar una referencia unitaria de la izquierda se reveló como un acierto. El panorama actual, pone en evidencia que esta orientación debe ser reforzada para que la izquierda, única fuerza que levanta un programa consecuente para oponer una salida de fondo al modelo neoliberal de Cambiemos, se constituya como una verdadera alternativa de las y los trabajadores.

¡Hagamos crecer la resistencia al neoliberalismo!

¡Por más unidad de la izquierda, por más Poder Popular!