Entrevista a Ricardo Antunes: El neoliberalismo es una contrarrevolución burguesa de carácter global


En el contexto de la brutal reforma laboral aprobada en Brasil y de una ofensiva neoliberal en todo el continente, compartimos una entrevista a Ricardo Antunes realizada en febrero pasado. El sociólogo marxista brasilero, profesor en la Universidad de Campinas de San Pablo, caracteriza al neoliberalismo como fase contra revolucionaria cuyo objetivo es derrotar la organización trabajadora en escala global y en escala nacional. Además, retomando los análisis de Ruy Mauro Marini, analiza la super-explotación actual y cómo el capital financiero no puede prescindir del trabajo en el marco de las nuevas modalidades de “trabajo intermitente” que se generalizan. El gobierno de Temer y una autocrítica desde la izquierda en pos de lograr la unidad que permita enfrentar esta ofensiva.

Para La Llamarada – A Vencer
Unicamp. Campinas, San Pablo. Brasil – 1/2/2017

FU HN-IR: Queríamos comenzar preguntándote si podías explicar la categoría de contrarevolución burguesa con la cual caracterizás esta época. ¿Qué características tiene? ¿Cuándo comenzó?
Ricardo: El concepto de la contrarevolución no es un concepto nuevo en el marxismo. Marx hablaba de contrarevolución, Lenin, Trotsky. Pero mi inspiración para pensar en el caso latinoamericano y brasilero viene de Florestán Fernández y secundariamente, porque él era muy cercano, de Octavio Ianni. Dos sociólogos que son muy conocidos en América Latina y también en Argentina. Florestán es el padre de esta escuela de Sociología Crítica en la USP. La idea que Florestán siempre trabajó y que me agrada mucho, es la idea de que América Latina siempre oscilo entre formas dictatoriales o autocráticas de dominación, y la inminencia o el riesgo, principalmente para las clases dominantes, de la Revolución. Este movimiento provoca que nuestras burguesías latinoamericanas, más allá de sus diferencias, tengan un trazo en común: son dependientes y subordinadas. No tienen un proyecto de hegemonía como la burguesía alemana, la burguesía inglesa, la burguesía francesa o incluso hasta como la burguesía norteamericana. La burguesía norteamericana nació también en el mundo colonial, en los Estados Unidos de América del Norte, en las antiguas trece colonias de Inglaterra. Sin embargo, los ingleses cuando vinieron para los Estados Unidos, vinieron para colonizar, enriquecerse y vivir en América. Eso es lo que Caio Prado, un gran historiador marxista brasilero, – según entiendo yo, el mejor – llama de una colonia de poblamiento. Los pueblos de Inglaterra por cuestiones religiosas y otras causas, migraron a Estados Unidos para vivir y construir en otra parte y así ganaron autonomía. Nuestras burguesías, las que llegaron a Brasil, Argentina, Uruguay y México, son burguesías que vinieron con un proyecto de saquear América Latina y volverse a Europa. A este segundo modelo, Caio Prado llamó de colonias de explotación para diferenciar de las colonias de poblamiento. Acá la idea es la de saquear, venir y saquear el palo Brasil, azúcar, café, oro, plata, metales preciosos, de América la hispánica oro y plata en grandes cantidades y llevar todo lo que puedan. Esto hace con que las burguesías de nuestros países fuesen siempre dependientes y subordinadas a las burguesías centrales y profundamente dilapidadoras y superexplotadoras de la fuerza de trabajo, sea esclavista en el periodo colonial o la explotación indígena en muchos países de Hispanoamérica donde el continente negro no entró y donde la explotación fue sobre las comunidades originarias. Estas burguesías tienen una relación muy virulenta, autocrática y dictatorial con nuestras clases trabajadoras, para así poder garantizar sus ganancias, ya que una parte de la succión de la riqueza extraída en América Latina quedaba con esas burguesías y otra parte iba para las burguesías centrales. Esas burguesías latinoamericanas, la brasileña en especial, nunca tuvieron un proyecto de autonomía, o sea, de construir un capitalismo autónomo, “nacional”, en el sentido burgués democrático, como el inglés, el francés e incluso mismo como el norteamericano. Aquí no ocurrió eso. De tal modo, que nos hemos encontrado siempre oscilando entre el riesgo de la revolución, la posibilidad de la revolución popular. Tenemos que recordar que la primera revolución popular de América Latina fue la haitiana al final del siglo XVIII, a la que la burguesía haitiana respondió virulentamente. Nuestras burguesías siempre que temen el riesgo de un relativo avance popular, hasta incluso reformista, vienen y buscan la vía de un golpe. Aún más como en el momento actual donde la crisis es profunda. Así fue el caso brasilero con Temer, pero vale para pensar en general para América Latina. Macri, por ejemplo, en Argentina es un Temer anticipado. Entre el riesgo de la revuelta de las clases populares, la sujeción de las burguesías siempre dependientes y subordinadas a las burguesías centrales, arremeten contra las formas de organización popular. Esto ganó más solidez a partir del 64, con los golpes militares que fueron ejemplos de contra revolución: Brasil, Argentina, Chile, Perú, Uruguay, prácticamente toda América Latina sufrió la trágica experiencias de los golpes militares. Pero después de ese momento empezó una nueva fase en el escenario del capitalismo avanzado, en EEUU, Europa unificada, el mundo asiático, especialmente o Japón. Se inició una fase de devastación neoliberal, que empieza más o menos a partir de 1979 con la victoria de Margaret Thatcher, pero se expande muy rápido a otros países, como Reagan EEUU. ¿Y cuál es el sentido de este periodo? Es una verdadera contra revolución, eliminar las secuelas de aquel momento que tuvo su ápice en mayo de 1968 en Francia, en Brasil en 1968, en Córdoba en 1969. Fue cuando nuestra clase operaria en distintos países hicieron el primer ensayo de un proyecto autónomo y fueron derrotadas. Pero para derrotar la organización operaria en escala global y en escala nacional fue necesaria una fase contra revolucionaria, y eso es el neoliberalismo. ¿Cómo es una fase contra revolucionaria? Yo pienso que la era de los golpes militares tradicionales quedó en el pasado, ahora se dan golpes burgueses políticos, institucionales y judiciales. El neoliberalismo implantó el Estado de derecho excepcional. Es cierto que el Estado de derecho burgués por sí ya es limitadísimo, pero el Estado de derecho de excepción es muy flexible, y como muestra el caso brasilero hoy. Pero en la época del neoliberalismo era preciso imponer una contra revolución política para eliminar, por ejemplo, el Partido Laboral en Inglaterra, que era máximo reformista, para eliminar el riesgo de la revolución social en Francia social en 1968. Es no solo para frenar los riesgos de los levantes, sino para destrozar todos los resquicios de la organización política en ese periodo. Tan es así que los PC fueron desapareciendo, los sindicatos tradicionales también. Tal vez el caso del francés sea el más emblemático. El PC francés en un dato momento llegó a tener un 20% de los votos, hoy casi no existe. Prácticamente todos ellos fueron se deshaciendo o desapareciendo. Y en América el neoliberalismo no entró en los años 70 como en Inglaterra, pero nosotros resistimos acá por lo menos gran parte de la década de 80, con excepción de Chile, que implementó una política económica neoliberal con Pinochet. También la propia dictadura militar argentina ya tenía trazos de una influencia neoliberal, que era más fuerte en Chile, pero que también ya estaba empezando por allá. En Brasil solo empezó realmente en fines de la década de 80, cuando termina el gobierno de Sarney, un gobierno burgués, de un reformismo muy conservador. Ese movimiento neoliberal entra entonces de manera fuerte en 1989 con la victoria de Collor, ya había empezado en México con el PRI, ya había ensayado en Argentina y Chile con las dictaduras. Pinochet fue un terror fascista en la política y un neoliberal en la economía, lo que es un casamiento que funciona. El neoliberalismo necesita de estados de excepción para preservar sus momentos de crisis. Y este es un momento de crisis, es una crisis mundial y nosotros estamos en un segundo momento de una contra revolución, que destruyó con el experimento de gobiernos reformistas o de izquierda en América Latina. Hubo una ola en los años 2000, que empieza con Lula en Brasil, después Chávez, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, el propio Frente Amplia en Uruguay y en Chile. Son muy distintos esos gobiernos entre sí, algunos mucho más osados y otro no. Pienso que el más osado y que ensayó una política anti imperialista más corajosa fue Venezuela, tenía mucho apoyo y fuerza popular. En el caso brasilero, yo tengo una opinión muy crítica del gobierno Lula y Dilma. Fueron gobiernos de conciliación de clase y ahora están aniquilados. Las clases burguesas no quieren conciliación. Cuando la conciliación se da en épocas de expansión, ellas aceptan porque ganan mucha plata. Lula decía y tenía razón – y es su única frase con la que estoy de acuerdo: “nunca las burguesías, incluso la financiera, ganaron tanta plata en Brasil como en mi gobierno”. Lo que es una declaración de falencia, porque si un partido de “izquierda” cumple la función de garantizar el enriquecimiento ilimitado de las clases burguesas es porque algo está mal. Yo reconozco que en gobierno Lula hubo una pequeñísima contrapartida para los pobres, los más pobres, los miserables con el programa “bolsa-familia”. Y el pequeño gaño salarial que es real, ya que el salario mínimo realmente aumentó comparado con la época de FHC, pero aun así sigue siendo indigente comparado con América Latina. Para una economía que ya fue la séptima del mundo es un sueldo vergonzoso. Y aun así hoy ¿qué quieren hacer las burguesías brasileras y en Brasil? Destruir las mejoras salariales mínimas. Yo reconozco este pequeño avance social, pero él se da en un contexto de concentración muy poderosa para los ricos y muy poco para los pobres. Incluso, el “bolsa familia” llega a los sectores que están por afuera de la organización sindical. Antes era muy fuerte en los estados del nordeste (estados más pobres del país) y son sectores que aun hoy votarían con alguna fuerza en el PT. Son los sectores menos organizados de la clase trabajadora pobre, pauperizada, sin organización sindical, sin organización política, sujeta al estado “benefactor” y a los restos que deja para los pobres y ven en Lula una alternativa. Pero volviendo a la contra revolución, ella viene ahora en una fase más agresiva. Es necesario destruir la legislación laboral, no la creada por Lula, porque en ese sentido no hizo nada, es la que surgió de la lucha operaria de los años 10, 20, 30 y 40. Así como están acabando con las comunidades indígenas, como están privatizando todo, o sea, entramos en la era de un neoliberalismo salvaje, cuando algunos pensaban que estábamos dejando de ser neoliberales. Es ese proceso global, económico, político e inspirado por Florestan, llamo de contra revolución burguesa de amplitud global. Porque el dato nuevo que Florestan apunta en sus últimos libros es la mundialización de la economía, en la época de la globalización las respuestas son más globales. Estamos con Trump en EEUU, derechización en Europa. Quien controla el PC chino son los neoliberales, la gran economía que puede competir con EEUU hoy también tiene en su núcleo el neoliberalismo. Eso muestra que el escenario es difícil, muy adverso para las luchas populares. Entramos en una fase tenebrosa, de derrotas y muchas luchas sociales.

FU HN-IR: ¿Cuál es la importancia del capital financiero en esta etapa? ¿Cómo lo analizas ya que muchos sectores defienden al capital productivo en oposición al capital financiero, como algo nacional?

Ricardo: Decisivo. Es un Frankenstein sin alma, para usar una metáfora de un gran romance burgués. El Frankenstein es aquello que se construye con pierna de uno, brazo de otro, pelo de otro y en determinado momento, como a todos le parecía muy horripilante, él cobra de su creador saber de quién venía su alma. Esta figura del Frankenstein sin alma, destructivo es el capital financiero. El capital financiero no es un fenómeno actual, pero sí su hegemonía es de los últimos 30/40 años. Si volvemos a Lenin, Kautsky, a la social democracia de los años 20, se ve como ese momento ya se daba el debate de forma muy rica. El capital financiero nace de la fusión del capital industrial y del capital bancario. Y esta fusión resultó en un monstro, por eso la idea del Frankenstein sin alma, con una lógica de devastación. El capital financiero sabe que no puede eliminar el mundo productivo porque depende de él, no puede sobrevivir solo de la especulación. Si se queda solo en la especulación, sin lastro material se explota y se acaba. El capital financiero es una punta decisiva que controla el mundo bancario y productivo. Por lo tanto, la tal tensión entre la burguesía productiva y la burguesía financiera es aparente. Hay tensiones, pero en el fondo son todos partes de una misma clase que comanda la burguesía financiera. Por ejemplo, vas a comprar un auto. La concesionaria no quiere que pagues en efectivo, prefiere que compres en cuotas y que lo financies. Porque ella es productiva y especulativa. Porque así gana dos veces. Vende un auto que sale R$50 mil, pero que si uno lo financia va a terminar pagando R$80 o R$100 mil con todos los intereses. Sabiendo que la burguesía es una clase totalizante compuesta de partes, la burguesía financiera entonces, hoy, tiene la hegemonía. Es natural que, en un determinado momento, como en el caso brasilero actual, en que la tasa de interés es muy alta, la fracción industrial, no cuestiona la hegemonía financiera, porque no tiene la fuerza para hacerlo porque participa de eso. Aun el burgués solo productivo, inviste parte de su ganancia en la producción y parte en la especulación. Ese burgués industrial puede reclamar y pedir la baja de los intereses, pero son disensos que siempre existen entre la burguesía agraria, industrial, financiera, de servicio, porque en un cuadro de crisis estructurales, se profundiza la discusión de quién es el que va a perder menos entre ellos. Pero la otra discusión es quién va a pagar los costos de la crisis, y sobre eso hay consenso, que es la clase trabajadora, la única que no es responsable por la situación. Ahora entre las fracciones dominantes hay tensiones, pero es evidente que estas tensiones son absolutamente secundarias, porque las configuraciones políticas hoy, en última instancia, son controladas por la burguesía financiera. Que no es una burguesía por afuera de la industrial, justamente nace de la fusión ya mencionada sumada a los sectores que viven de la especulación. Ellos tienen hegemonía, controlan el gobierno alemán y por eso Grecia tuvo que aceptar sus imposiciones. Controlan el mundo por medio del FMI y del Banco Mundial y por eso todos los países tienen que acatar sus lineamentos. Esa es una imposición del mundo financiero, de la que la burguesía industrial es participe. La idea de que existe una burguesía industrial autónoma, es pura ficción. Nosotros, como izquierda en general, ya erramos una vez cuando imaginamos que la burguesía brasilera, argentina y mexicana pudiesen ser autónomas frente a las burguesías imperialistas. Ellas son profundamente conectadas con la burguesía imperialista. Nosotros ya estamos hace mucho bajo la hegemonía financiera, tal como decía Lenin en su libro sobre el imperialismo, cuando planteaba que el capitalismo estaba en otro nivel. Pero a diferencia de los años 10, 20 del siglo pasado a los años 70, 80, 90 y ahora 2000, 2015, esa burguesía financiera hoy controla todos los organismos internacionales. Todos ellos dependen de esa pragmática, nefasta y destructiva imposición del sistema financiero, de tal modo que imaginar que el gobierno Lula o los Kirchner eran desarrollistas es un pensamiento muy limitado. Es evidente que hay diferencias entre el gobierno Lula y del FHC. Yo utilizo para los gobiernos de América Latina que intentaron un camino moderado, como Brasil con Lula, Bachelet en Chile, Tabaré en Uruguay, la categoría de gobiernos social-liberales. La esencia es neoliberal, pero tienen que tener algún tipo de diferenciación y es su barniz es social. En realidad, esa política es evidente que en un escenario favorable también expande el capital productivo, pero en un escenario desfavorable como ahora, está habiendo una quema impresionante de fuerzas productivas del mundo industrial, incluso porque en la nueva división internacional del trabajo, tenemos que ser productores de commodities y alojar la industria sucia, porque los productos de punta están en los países de capitalismo avanzado. Los núcleos tecnológicos de punta también. Me impresionó mucho cuando fui a Argentina hace dos años a dar un curso en la Universidad Nacional de la Patagonia, Puerto Madryn. Es una ciudad muy linda pero me quedé mirando que al final de la playa se ve una construcción gigante de aluminio que entra en el mar, y me enteré que era una fábrica de aluminio. Le pregunté a un ambientalista porque estaba allá me contestó: la fábrica es de capital italiano e imposibilitada de producir allá por los niveles de contaminación, vino justo a instalarse allá. Y eso pasa porque nuestras tierras pueden ser destruida, nuestra población puede ser diezmada, porque así piensa el capital. Como así también mucho de la basura atómica de Europa es tirada en los mares de África y Asia. En el sur del mundo, por lo tanto, con suerte, se va a desarrollar, de máxima, la industria sucia. Estamos regresando a las commodities, a la minería, a la soja, y eso significa más pesticidas, más transgénicos. Porque todo que en el centro del mundo no quieren, lo tiran para ca. Ese es el diseño global del capital financiero. Último comentario, el capital financiero no puede prescindir del trabajo. Había un par de economistas que decían que el capital financiero no necesitaba de la extracción de plus-valía y por eso no le importaba el trabajo. Mentira, se equivocaron. Es imprescindible el trabajo para el capital financiero, pero la fuerza de trabajo que necesita es la que es explotada al límite. Eso que caracterizaba América Latina en el pasado, el continente de la súper explotación en el trabajo, ahora es una tendencia mundial. Eso hace con que algunas teses de Ruy Mauro Marini, por ejemplo, tengan que ser releídas, son importantes. Es claro que hay que leerlo en el contexto de la economía mundializada y financierizada. Pero la súper explotación del trabajo dejó de ser un privilegio del sur del mundo, ahora está en el norte del mundo también. ¿Y quién es el contingente más explotado en el norte del mundo hoy que vivencia la súper explotación del trabajo en la carne? Los inmigrantes, los mexicanos en EEUU por ejemplo, los turcos y los pueblos del oriente en Alemania. Todo el trabajo que no querían realizar los europeos antes, eran trabajos que aceptaban los inmigrantes. Pero ahora en una época de crisis, todos quieren y necesitan cualquier trabajo. Eso hace con que aumente la xenofobia, aumente el odio al extranjero, esa idea de que el inmigrante vino a robar el trabajo. Eso se ve en Trump en EEUU y el Brexit en Inglaterra, por ejemplo.
FU HN-IR: Ricardo, hablando sobre el trabajo: a veces parecería ser que la explotación no tiene límites y que ahora la tendencia es avanzar mucho más sobre los derechos de los trabajadores ¿hacía a donde va eso? ¿Tiene límites?
Ricardo: Mira, lo único sector que puede limitar la explotación del trabajo es la clase trabajadora organizada, sea en los sindicatos, sea en los partidos o en los movimientos sociales, movimiento de desempleados, sea donde sea. En donde haya un mayor grado de organización de los trabajadores y de las trabajadoras ahí se puede fijar un límite y se lucha, pero en donde esa organización es más débil este límite es extravasado. Por ejemplo, no es al acaso que, en la última década, la explotación del trabajo encontró otro padrón de explotación, más profundo que el sufrido en América Latina, que es el modelo asiático, en especial el chino. Tengo hablado mucho de la tragedia que viene siendo la Foxconn, que hasta poco tiempo tenía un millón y medio de trabajadores y trabajadoras en China, y que en 2010, tuvo 17 intentos de suicidio y 13 se concretaron. En el mundo asiático las mujeres están trabajando en condiciones degradantes. Cuando estuve en India a fines de 2015, el primer ministro indiano decía “Yo tengo el slogan para el capitalismo indiano. China se popularizó por el ‘made en China’. Nosotros, los indianos, nos debemos ser reconocidos por el ‘make in India’. O sea, en China se dice ‘producido en China’ y el slogan de los indianos es ‘produzca en India’ ”, ¿por qué? Porque India puede explotar el trabajo más que el China, porque India tiene un bolsón, una población “sobrante” gigantesca, en la que hay decenas, o incluso centenas, de millones de miserables. No son pobres, son miserables, mucho más que en China. Porque si bien la población de China es mayor, en China hubo una revolución socialista en 1949, ella alimentó la población del campo, organizó las haciendas colectivas, la comuna rural, trajo escuela, educación, alimentó a un pueblo que no tenía comida. Así es que el arroz pasó a ser comido por todos. La escuela pública se llevó aun a los pueblitos más chicos. Y muchos de estos chinos que estaban en el campo, jóvenes, fueron a las ciudades para ser operarios allá. En India, me impresionó mucho cuando la conocí porque hay bolsones de gente que viven en condiciones absolutamente deshumanas. Si yo pudiera hacer una provocación, medio metafórica, diría que cuando visité India empecé a pensar “yo moro en Suiza y no sabía” porque la miseria brasilera comparada a la tragedia indiana hace con que imaginemos que estamos un poco en Suiza. Claro, India tiene una clase burguesa muy rica, pero la gran parcela son centenas de millones son miserables, que hacen cualquier cosa por cualquier remuneración. En el capitalismo avanzado cuál es el límite. Hay una experiencia inglesa, que en realidad más que inglesa, es británica, que ya se encuentra en todo el mundo llamada “zero hour contract”, o sea, un contracto de cero horas. Uno te contracta, podes ser médico, abogado, enfermero, motorista. Tenes que estar con tu celular y con el aplicativo instalado. Si tienen un servicio para que hagas, te llaman y te pasan lo que tenés que hacer. Vas, haces el trabajo, recibís y parte de lo que te ganaste se queda con la empresa, ya que sos un empleado de ella. Pero, es un contrato de cero hora, porque en realidad no sos obligado a hacer el servicio. Si te llaman y no aceptas el trabajo, no te van a punir, porque tu contracto es de cero hora. Pero si te llaman una o dos veces y vos no aceptas, empiezan a llamar otras personas que sí lo quieren. Entonces así se crea una masa de esclavos de la era digital. Eso existe en Brasil y en muchas partes del mundo. Grandes empresas, Mc Donalds y otras usan este modelo. Es lo que Temer está tratando de llamar acá de “trabajo Intermitente”. Si hay trabajo te llama y si no hay, no te llaman. Y te dicen que van a resguardar los derechos, pero es incompatible que uno tenga un trabajo temporario y que se garantice los derechos. Tu derecho dice que la jornada es de ocho horas, cómo eso va a ser compatible con una jornada intermitente que no se sabe ni el mínimo ni el máximo. Entonces entramos en la época del trabajo online, de la era digital que conlleva una modalidad de trabajo también digital, como una esclavitud pero del siglo XXI. No es la esclavitud griego-romana de la economía clásica y ni la esclavitud colonial, pero es la esclavitud a la medida que se rompe las relaciones contractuales de compra y venda de la fuerza de trabajo basada en derechos, que son imposibles de ser cumplidos. Ese es nuestro desafío más grande de la actualidad. En donde hay lucha sindical el “zero hour contract” se expande menos, incluso en Inglaterra hay resistencia, hay lucha sindical. Centrales sindicales moderadas, como Trade Union Congress están en la justicia para tratar de frenar eso. Recientemente un tribunal regional consideró ilegal y que la empresa tendría que remunerar los trabajadores y darles derechos. Hay una lucha social, política y hasta jurídica de la clase trabajadora para impedir que ese proceso ocurra. En el caso de Brasil y Argentina, flexibilizar la legislación laboral y terminar con la legislación protectora del trabajo que está vigente desde el peronismo y del getulismo en Brasil es el camino para masacrar la clase trabajadora y sus derechos. Eso muestra como no tiene límite. Si el capital financiero pudiese, eliminaba la clase trabajadora pero no puede porque la necesita. Nike necesita trabajadores en el mundo para producir. Google necesita trabajadores para producir, aunque las producciones sean distintas. Para que un celular exista, lo primero que se necesita es que alguien extraiga minerales de una mina en el sur del mundo, en Chile, en Argentina o en alguna parte de África del Sur. De alguna parte están saliendo porque se necesita para su producción. Ese es el no límite de la explotación del trabajo. La única cosa que puede frenar esa explotación es la organización de la clase trabajadora, masculina, femenina, joven, inmigrante. Existen ya núcleos importantes de inmigrantes organizados en muchos países del mundo. Todo eso ayuda a disminuir el nivel de explotación del trabajo.

FU HN-IR: Hablando sobre China, que muchas veces para nosotros es una realidad lejana ¿nos podrías comentar un poco sobre la situación de la clase trabajadora allá?

Ricardo: Mi conocimiento sobre China es preliminar. Cuando estuve allá en mayo del año pasado fue para mí un quiebre, así como India. India, China significaron un marco en mi trabajo. China ensayó durante un largo periodo una revolución con una dimensión volcada para dentro, cerrada en sí. Mao decía que no necesitaba el occidente, que iban a hacer todo en su interior. Y eso duró un largo periodo hasta su muerte. La desestructuración del núcleo maoísta, que tenía el control del PC, sigue con el grupo de Deng Xiaoping en el que primaba una concepción claramente de “socialismo de mercado”. Con él, nació la política de abrir China para el mundo. ¿Cuál es su fuerza? Tiene la mayor población trabajadora del mundo y que la revolución socialista en sus primeras décadas alimentó y educó esa clase trabajadora, trató en el sistema de salud y de educación pública. Preparó la clase trabajadora china para el trabajo. Cuando China se volvió para el mercado, rompió la concepción de una economía volcada para dentro, autárquica, y entró con fuerza en el escenario mundial y ofreció para el mundo la posibilidad de explotar su clase trabajadora. Cualquier transnacional puede operar en China hoy. Claramente, tiene que negociar con el gobierno, que se lleva una parte de la explotación como una especie de plus-valía política, ya que fornece infraestructura, obras públicas, organización bélica, distintas construcciones. Y la parte de la plus-valía extraída privadamente es ilimitada. Entonces las empresas van al límite. Porque el costo de vida en China es inferior a muchas economías capitalistas, incluso la brasilera, mucho más barato. Este bolsón mundial de fuerza sobrante es el secreto, aún más cuando es calificada. Porque en Asia hay otros países con una clase trabajadora muy pauperizada, que son tan o más explotada que la china, pero no tiene la calificación que tiene los trabajadores chinos. El segundo trazo para poder entender, aunque más empíricamente, es que todos los acuerdos que el gobierno hace con las empresas privadas que se instalan allá obligan que tengan que dejar su tecnología para que los chinos aprendan, eso hace una diferencia. Entonces, por ejemplo, Volkswagen o Mercedes Ben van a China, van a producir un auto, pero los chinos van a aprender a hacerlo también. De modo que a 20 años atrás nadie compraría un auto chino, ni se si había, pero hoy ya es posible comprar un auto chino mucho más barato. ¿Te acordás que hace 20 años todo lo que comprabas de “baratijas” era china? Hoy te compras todo lo que es “baratijas” y lo que no es también, o sea, la más avanzado En este sentido, yo me arriesgaría a decir que el Estado chino es un estado burocrático muy fuerte, que se asoció con la burguesía transnacional del mundo. Todos los conglomerados, las transnacionales están allá. Hay una combinación de un capitalismo de estado, en la que la explotación del trabajo es enorme y la súper acumulación también es enorme. Mezáros da muchas pistas para pensar eso, pero él escribió eso pensando en el llamado socialismo real, del que siempre fue muy crítico. Él, un húngaro, que vivió en teoría en un país socialista. Para él nunca fue socialismo, con la diferencia de que él nunca fue un disidente de derecha, es un hombre de izquierda izquierda. En china, entonces, hay un estado fortísimo que garantiza que una parte del bolsón de desempleados, que los otros países del tercer mundo no tienen trabajo, allá estén empleados por el Estado. Entonces están las empresas que emplean y la producción es vasta y está el Estado que emplea. Cuando fui para Shanghái mi avión estaba lleno de brasileros. Les pregunté que estaban yendo a hacer y dijeron que iban a la feria de Shanghái de producción. Les pregunté de qué sector y me contestaron: todos. O sea, ellos producen todo y más barato. Uno me dio un ejemplo: si vos producís una media Lacoste en Brasil, la podes vender por R$80, en China se compra por U$2. Entonces no voy más a producir, voy y compro millares de pares de medias, U$2, o sea R$8 y vendo acá por R$80. Otro empresario decía que produce muebles de cocina, todo producido en China. Él arregla acá lo que va vender, va para allá, monta allá, incluyendo logística. Entre 30 y 40 días es producido en China y está acá. Ese es el secreto de China. El capitalismo de estado con las transnacionales más concentradas y poderosas conviviendo con un gobierno fuerte, con trazos de un gobierno autocrático, pero que el núcleo dominante es neoliberal. Yo tuve una experiencia muy interesante. En este viaje fui con un grupo de intelectuales bastante críticos. Fui hablar sobre la explotación del trabajo en el sur del mundo, ellos deben haber pensado que eso no era nada comparado con cómo explotan el trabajo allá. Michel Lowi habló sobre la tragedia ambiental en el capitalismo. En China es terrible, el nivel de contaminación es gigante. No existe una esquina en la que no haya un negocio produciendo alguna cosa. Eso crea una tensión para el futuro. Hay una contradicción muy profunda entre la monopolización financiera de la economía ilimitada, un estado centralizador, aunque neoliberal. Eso en algún momento va a explotar, como pasó con la perestroika. Gobarchev fue abriendo, abriendo, y había gente que decía que estaba avanzando con el socialismo… un chiste… si que la URSS era o no socialista era una duda, la certeza es que él estaba caminando hacía la ruina final.