San Martín: El quiso volar bien cerca y se murió de distancia


[Fragmentos del libro América Insurrecta – por Ediciones La Llamarada – A vencer]

Tonada para Don José:
Porque la historia es un campo en disputa y en el estudio de los procesos sociales del pasado se expresan, no siempre de modo claro, desafíos e hipótesis del presente en curso. En las batallas por LA HISTORIA, como no podía ser de otro modo, intervienen puntos de vista de clase, visiones del mundo, intereses y proyectos políticos a futuro.Un dato significativo de los últimos años es el reverdecer del debate historiográfico. La circulación de aproximaciones y puntos de vista sobre ciertos procesos históricos, la divulgación por diversos medios (tan criticada desde el academicismo cientificista), de contenidos vinculados a nuestra historia, aún con las previsibles imprecisiones y excesos interpretativos, permite una aproximación “profana” y extendida, sobre un terreno que es más que la repetición erudita de fechas y frases célebres.

La historia es un campo en disputa y el estudio de los procesos sociales del pasado se expresan, no siempre, de modo claro. En las batallas por LA HISTORIA, como no podía ser de otro modo, intervienen puntos de vista de clase, visiones del mundo, intereses y proyectos políticos a futuro.
Es lícito pensar que la codificación del conocimiento histórico dominante, es la de los sectores dominantes. Con sus variantes investigativas, con sus debates restringidos, definen un cuerpo de conocimiento alrededor del cual se desarrollan investigaciones y se instala una mirada que desde el pasado busca modelar la sociedad, los valores y aspiraciones del presente, ocultando lo “molesto”, lo inmanejable.
No obstante, los conflictos y encrucijadas del presente desafían y estimulan el análisis crítico por fuera de la “Historia Oficial”. Con limitaciones y profundas esperanzas, encontrando continuidades y transformaciones, renovando la mirada sobre el pasado y sus protagonistas, los sectores populares y sus intelectuales construyen su mirada historiográfica. Disputando el pasado, recuperamos nuestra historia resignificando sus aportes hacia el futuro, convencidos como estamos, que en los ecos del pasado (que buscan sitio en nuestra mente y corazón) hay orientaciones que atender, ejemplos vitales a valorar, experiencias de lucha donde nutrirnos.
A poco de cumplirse 165 años de su muerte, la figura y actuación pública del Gral. José de San Martín no escapa al debate y análisis histórico, que desde diversas tendencias políticas se construyen sobre “El Libertador”.
Poco más de una década de actuación en tierras americanas fue suficiente para derrotar el olvido al que intentó confinarlo la élite comercial porteñ,a que tempranamente se cierró sobre la preservación de sus intereses particulares, dando la espalda al interior y al proyecto de emancipación americana que sostuvieron San Martín y Bolívar.
Es precisamente ese legado de estrategia continental el que, mucho tiempo después, asume como propio el PRT-ERP adoptando para la guerrilla la bandera del ejército de los Andes (a la que suma la estrella roja) y participando de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) junto a otras organizaciones revolucionarias americanas, en el entendimiento común de la solidaridad continuada en el frente de lucha, cuyo eco no es excesivo hermanar con esa fuerza Político-militar de “Soberanía Flotante” (Galasso, 2009) que fue el ejército de los Andes, comprometido con el proyecto de emancipación americana e internacionalista.
Comprender la lucha americana de San Martín nos aleja del estereotipo del “Santo de la Espada” para acercarnos a una dimensión integral, Político-militar moderna, de la praxis de este ilustrado del SXIX. Liberal, anti -absolutista y republicano, revolucionario frente a los privilegios y trabas del Antiguo Régimen. Menos por escritos doctrinales (que no los hizo), que por su experiencia vital misma, su obra de gobierno en Cuyo y la copiosa correspondencia nos acerca al genial estratega político que fue.
Un hombre de su tiempo:
Entre 1778 (fecha de su nacimiento) y 1850 (fecha de su muerte a los 72 años) el mundo atlántico experimentó profundas conmociones y transformaciones que no podían menos que trastocar el estado de cosas, impactando en los procesos sociales y los universos de ideas y representaciones políticas de la época.
El proceso de “Doble Revolución” europeo (revolución industrial inglesa y revolución política francesa) expresa la consistencia material y del cuerpo de ideas de la burguesía frente al absolutismo monárquico de viejo cuño. Por otra parte, en América, la guerra de independencia de las colonias del Norte (1775-1783), El levantamiento andino de Túpac Amaru (1780), la primera revolución victoriosa de América en Haití (1791) luchada por esclavos negros con la orientación del gran Toussaint, son sólo algunos hitos de una época de rápidas y contundentes manifestaciones, que impactó en el imaginario político de la época.
Los proyectos de la Revolución francesa, la experiencia monárquica constitucional inglesa (que dota de orden político al despegue económico de la isla), los ensayos de organización política en América del Norte, Los levantamientos populares americanos, la tradición política española, nutrieron un contexto de profundas luchas y debates políticos. Fue en esa coyuntura histórica en el que el joven San Martín se forma, y es en la guerra nacional española (frente a la ocupación francesa de 1808) donde combate junto a las guerrillas populares de Cádiz, participando de la Logia Nº3 Los Caballeros Racionales, organización operativa con objetivos políticos vinculados al liberalismo revolucionario, conspirativa y clandestina.
Hacia 1811 el movimiento de Juntas populares democráticas y anti absolutistas se demostraba estancado, casi en vías de derrota, lo que explica el traslado de San Martín (junto a otros jóvenes oficiales y profesionales liberales) a tierras americanas para continuar la lucha en mejores condiciones. No es de extrañar que los debates americanos sean conocidos en la península desde la convocatoria a Cortes de 1810: América y España forman parte de un universo común. No fueron misteriosas fuerzas telúricas, ni la confabulación inglesa lo que trajo a San Martín a estas costas, sino la continuación de la lucha anti-absolutista, liberal y republicana en América, no reconociendo fronteras en la realización de sus principios políticos.
Apenas llegado a tierras americanas, en 1812, inicia una febril actividad político-militar de superficie, pero fundamentalmente conspirativa, estructurando la organización política, limitada en sus miembros pero sumamente efectiva en su accionar y su brazo armado. Constituye junto a Zapiola y Alvear la Logia, donde se incorporan los restos del morenismo nucleados en la Sociedad Patriótica y de ese modo queda articulado el núcleo político revolucionario del “Partido Americano”, el grupo de hermanos que luchan cohesionados, con unidad de voluntad y plan común hasta el momento en que el enfrentamiento con Alvear (desde 1813, pero fundamentalmente en 1815) divide lealtades y debilita en parte el aparato político.
Quizás el excesivo personalismo y boato de Alvear, quizás su pedido de protectorado británico y el enfrentamiento con los orientales de Artigas, quizás todo eso junto chocan con el austero y reservado San Martín, con su proverbial subordinación al plan de emancipación americana, con su flexibilidad política que analizando las fuerzas actuantes en el terreno supo que no eran Artigas, ni los caudillos del interior los enemigos a vencer.
En 1812, mandatado por el Triunvirato, se da la tarea de formación del regimiento de Granaderos a Caballo, que en los hechos funcionó como el brazo armado de la Logia. Es elocuente el hecho que convoca a jóvenes del interior, preferentemente del territorio de las antiguas misiones jesuíticas, para sentar las bases de esta “unidad móvil combatiente” (donde revistió brevemente un joven Facundo Quiroga) a la que personalmente entrenó e inculcó férrea disciplina, cuyas cargas se hicieron temibles en los campos de batalla de la campaña americana, que lo custodiaron, enfermo como estaba, cuando el cruce en camilla de fines de 1819 y de los que se siente orgulloso: “De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo, quien los iguale habrá, quien los exceda no.”
Como ya fue señalado, sereno analista de las fuerzas actuantes en el terreno, de las tensiones ya instaladas en el proceso de guerra, nuestro hombre juega sus cartas, siempre, por el bando americano. Recordemos la orden del Triunvirato de retirar fuerzas y recursos hasta Córdoba, dejando todo el noroeste a merced de los realistas, el llamado Éxodo Jujeño, la batalla de Tucumán (24/9/1812) y la posterior Batalla de Salta que demuestran en los hechos, la entrega a fuerza de sacrificios y coraje de los pueblos del interior, minando el prestigio del gobierno central.
Es al frente de los granaderos que en octubre de 1812 San Martín, acompañando un pronunciamiento popular, fuerza la caída del primer Triunvirato, viabilizando la convocatoria a la Asamblea del XIII y ganándose la definitiva enemistad de Rivadavia y la burguesía comercial portuaria. Es precisamente este San Martín, conspirador político cuya firmeza estratégica y flexibilidad táctica lo vuelven respetado y popular entre los pueblos del interior, el que intentó obscurecer la historia oficial. En los campos de Tucumán y las recorridas por los cerros salteños termina de definir el plan continental por Chile, deposita su confianza en Güemes y las montoneras gauchas, estimula la guerra irregular como mejor recurso de las caballerías de gauchos, apela al esfuerzo de la población toda para recuperar el golpeado ejército del Norte y dirige su atención a Cuyo donde establecerá su cuartel general operativo.
Cabe marcar que para 1814 se había producido en Europa la reacción monárquica de Restauración, las potencias de la Santa Alianza recuperaron impulso en detrimento de los focos liberales y la amenaza de recrudecimiento de la guerra en América se vuelve un hecho. A partir de ese contexto puede pensarse que la estrategia general del Gran Capitán se articula de modo perentorio de la siguiente manera: emancipación Americana, forma de gobierno que permita desarrollar en orden la región, reconocimiento internacional del estatuto independiente de éstas tierras. Batir el enemigo en toda la línea, destinando recursos humanos y materiales en ese esfuerzo, declarar la independencia y dotar el territorio de un modelo de gobierno que pudiese anular o absorber las tensiones entre Puerto-Interior, logrando el reconocimiento exterior del estatuto libre, lo que convertiría cualquier acción armada española en guerra de ocupación, permitiendo jugar en el escenario de alianzas y contra- alianzas de los conflictos europeos.
Es en este complejo entramado político-estratégico es donde debe inscribirse la acción de San Martín para aquilatar sus alternativas políticas y decisiones, insistimos, tomadas en el terreno con lo que podríamos denominar versatilidad política. Su temprana insistencia en declarar la independencia, la inclinación por un modelo político centralizador y fuerte que pudiera superar “desde arriba” las tendencias dispersivas o su apoyo al proyecto de monarquía constitucional incaica, expresaron una búsqueda real y consecuente calibrada en los datos de la realidad concreta. Verlo de otro modo es mecanicismo, aislado de las contradicciones de la lucha de fuerzas del momento, puro escolasticismo abstracto.
San Martín no era un improvisado, su acción y pocas palabras estaban sujetas a fines: sentar las bases de un poder capaz de garantizar la emancipación americana y para ello dispone de una plan estratégico, del núcleo político desde donde impulsar las acciones y de la fuerza militar que resguarda el proceso. Por ello también la relación con los caudillos de interior y su correspondencia con Bustos, E. López, F. Ibarra, quienes además de prometerle la ayuda material que el puerto retaceaba, ven en San Martín, a la persona adecuada para unificar el poder (cabe señalar que repetidamente SM rechaza ofrecimientos de ese tipo, cuyas consecuencias no analizamos aquí. Pero vale destacar una constante: nunca su figura o prestigio personal estuvo por encima del plan, de la estrategia, del objetivo fijado para la lucha. Y no es poco….)

Párrafo aparte merecen las dos misivas (de contenido similar) dirigidas a E. López y Artigas: el “sargentón” siempre serio y circunspecto, casi con afecto pide: “Paisano y muy señor mío: el que escribe a usted no tiene más interés que la felicidad de la Patria. Unámonos paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan; divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos. Hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se vierte es muy preciosa, y debía emplearse contra los enemigos que quieren subyugarnos. Unámonos, repito, paisano mío. El verdadero patriotismo en mi opinión consiste en hacer sacrificios; hagámoslos, y la Patria sin duda alguna es libre, de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas. En fin paisano, transemos nuestras diferencias […]” posteriormente se niega a intervenir con sus tropas contra el Litoral, lo que será conocido como “la desobediencia”.

Cuyo
Es en Cuyo donde San Martín, pudo demostrar sus dotes de previsión organizativa y capacidad de trabajo a toda prueba, lo que le permite ponerse al frente de las energías populares de un pueblo movilizado por el esfuerzo de guerra. Aquí se expresaron sus puntos de vista acerca del gobierno y la gestión: autoridad política fuerte, intervención del Estado en las actividades económicas, impulso a la agricultura y la industria vitivinícola, estímulo a la salud y educación pública, impuesto progresivo, leyes y ordenamientos generales; a la par de la particular industria de guerra que llegó a proveer a otras regiones. Organización centralizada y movilización popular en el esfuerzo de guerra marcan las características sobresalientes de su gestión, que es refrendada por el pueblo cuando Alvear intenta relevarlo del cargo.
Sin embargo ni su gestión en Cuyo, ni su ascendiente político en los pueblos del interior, como tampoco las actividades de la Logia en Buenos Aires fueron suficientes para estructurar una base social consolidada que permitiera sostener el plan estratégico. Puede pensarse que, como antes el sector morenista y asimismo los jacobinos de 1793, San Martín y el núcleo político intentaron estructurar su base social a medida que se desarrollaba el proceso de guerra. Aún cuando no estuvieran dadas TODAS las condiciones se contaba con la decisión, La logia y el plan; el resultado posterior de la campaña americana fue resultante de la lucha de fuerzas del momento, no de lo acertado de emprenderla. Cuando la élite portuaria le da la espalda y la logia queda presa de enfrentamientos y divisionismos, es limitado el aliento material para la estrategia y las posibilidades de continuar la campaña. En ese contexto de debilidad es que se produce el encuentro con Bolívar, en Guayaquil y el posterior exilio de tierras americanas
Es rico y diverso el legado sanmartiniano, aquí apenas nos detuvimos en su faceta de acción político-militar, conspirativa cuando fuese necesaria, sujeta a un plan y estrategia, que fue posible mientras el núcleo político que lo sustentaba presionaba por recursos en el puerto y tejía las alianzas necesarias. Nada fue dicho acerca del general sudamericano que combatiendo junto a sus paisanos dejó huella en los anales de la ciencia militar moderna, con su precisa campaña de los Andes, la guerra de zapa, y la entrada en Lima sin combatir, a fuerza de trabajo de inteligencia y guerra sicológica.
Nada fue dicho sobre su vida pública, su austeridad y rectitud, que han superado el juicio de la historia a pesar de las calumnias que en vida vertieron sobre su desempeño los enemigos del “partido americano”. Nada acerca de que se murió de distancia, pobre, alejado de esa América a la que ofrendó generosamente su sangre.
Finalizando estas breves palabras de recuerdo, de homenaje emocionado, pensamos en la ausencia de anclajes fuertes en la historia americana de la nueva izquierda revolucionaria. NO se trata de encontrar en el pasado reflejos acabados de puntos de vista propios, quizás, al menos, acercarnos a ese pasado de luchas y búsquedas para poder construir entramados de sentido con el legado histórico del territorio donde se actúa, de los campos y ciudades donde se aspira a luchar por la Patria Grande y el Socialismo.
La gesta sanmartiniana aún nos interpela desde el pasado y es posible sentirse parte de aquella tonada cuyana que una de sus partes le dice: “ no se vaya Don José, que la herida está sangrando y hay que hacer otro cruce, pero esta vez a lo largo, aún nos quedan batallas, a morir o a vencer, la historia no está completa. ¡No se vaya Don José!.Si, no se vaya Don José…