¡Sin mujeres no hay revolución!


En esta nueva nota de la Campaña Caminos de Revolución, queremos retomar y visibilizar los aportes y el ejemplo de las mujeres en los distintos procesos revolucionarios que marcaron nuestra historia de lucha, en particular en la Revolución Rusa. En cada construcción revolucionaria las mujeres jugaron un rol destacado que la historia patriarcal se ha empecinado en ocultar. En la Revolución rusa, no sólo desempeñaron tareas manuales o de combate, sino también tareas políticas marcando un precedente que dio rumbo a las reivindicaciones de todo el feminismo.

 

Un ejemplo mundial: Mujeres en la Revolución Rusa

Sin ellas, no habríamos salido victoriosos” Lenin.

En un contexto de pobreza, guerra y hambruna, el rol de las mujeres rusas en el proceso revolucionario fue clave. Hacia 1917 las obreras y campesinas representaban el sector mayormente explotado y oprimido, y fueron ellas las que no dudaron en sumarse a las filas revolucionarias impulsando las huelgas obreras que desembocaron en la revolución de octubre.

Durante la guerra movilizaron millones de mujeres, que representaban el 72% del sector de trabajadores campesinos y en las fábricas el 50%. Fueron ellas, fundamentalmente las obreras textiles, las que el 23 de febrero del 1917 (justamente el 8 de marzo en nuestro calendario) se pusieron al frente de la huelga general reclamando pan, paz y libertad.

Durante el proceso revolucionario, las mujeres no sólo asumieron tareas de educación y salud (como suele suceder) sino que formaron parte de batallones, de la inteligencia y la política partidaria, aunque muy pocas lograron formar parte de las direcciones.

Ésta participación no se dio (en un principio) en un contexto de lucha consciente contra el patriarcado, sino que existieron fuertes resistencias político-ideológicas como también culturales, dentro del partido y la clase trabajadora. La incorporación de las mujeres y sus reivindicaciones a la lucha, fue fruto del proceso de duros debates a nivel internacional dentro de los partidos, donde las mujeres lograron disputar y convencer a aquellos varones de su tiempo, que no escaparon a reproducir las estructuras machistas existentes.

La confrontación de posiciones fue durísima e irreconciliable. En su trabajo “La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo”[1] Clara Zetkin relata cómo el tema del trabajo de las mujeres fue objeto de duros enfrentamientos en el seno de la I Internacional que se ocupó de ello en dos ocasiones, en 1866 y 1875. Así fue como las mujeres fueron ganando terreno dentro de las organizaciones. Tras estos debates, en noviembre de 1917 Rusia celebra la Primera Conferencia de Mujeres impulsada por el Partido y al año siguiente se realiza el Primer Congreso de Mujeres Trabajadoras donde se crearon Comisiones en todo el país para la agitación y la propaganda entre las mujeres trabajadoras.

La revolución y el lugar de la mujer en la nueva sociedad

Durante el primer año de la revolución, el nuevo Estado Obrero concedió amplios derechos jurídicos y políticos para las mujeres y disidencias sexuales, teniendo como preocupación garantizar «la igualdad ante la vida». Ésta fue la experiencia más avanzada de la historia, incluso más que cualquier país capitalista en la actualidad. Estos derechos se plasmaron en un programa político del cual es posible destacar 4 aspectos fundamentales:

  1. La incorporación de las mujeres al trabajo asalariado como también a la vida social y política.
  2. La socialización del trabajo doméstico, entendiéndolo como parte fundamental de la opresión.
  3. La extinción de la familia patriarcal tradicional: quitando los privilegios de los varones por sobre las mujeres y eliminando el derecho de propiedad de los varones por sobre sus esposas.
  4. La libre unión de parejas, reconociendo solamente a aquellas relaciones que fueran consentidas.

De estos puntos programáticos se desprendieron medidas concretas, como la igualdad salarial entre varones y mujeres, y amplios derechos laborales, la creación de comedores, lavanderías y guarderías comunitarias, el derecho al aborto, al divorcio, se despenalizó la homosexualidad, se decretó el derecho al sufragio femenino, se prohíbe la venta de mujeres y niñas, salud y educación gratuitas, participación en las organizaciones políticas, sociales y sindicales.

En esta etapa fue fundamental el aporte de Alexandra Kollontai, quien fuera la primera mujer integrante del Comité Central del Partido Bolchevique en 1917 y la primera en ocupar un puesto de gobierno como Comisaria del Pueblo. Puso en discusión no sólo el rol de la mujer en cuanto a sus tareas en la construcción de una nueva sociedad, sino también sobre la vida privada, la sexualidad y las relaciones sexo-afectivas en condiciones de igualdad, motivo por el cual fue duramente criticada por sus camaradas frivolizando la discusión. Fue la compañera que llegó a pensar políticamente y en clave de feminismo revolucionario, la creación de una nueva conciencia, de una mujer nueva.

Pero esta perspectiva política encontró sus límites en las condiciones materiales de pobreza en que se desarrollaba el proceso revolucionario. Junto con la Nueva Política Económica, las prioridades pasaron a ser otras, y luego durante el stalinismo se produce un retroceso con todas las medidas revolucionarias, reforzando todos los aspectos de la opresión patriarcal.

Como Frente Único retomamos esta experiencia revolucionaria como aprendizaje de éste camino que han abierto las rusas pioneras del comunismo, experiencia de enseñanza, valentía y vivencia política de todo un pueblo.

Las enseñanzas de estas heroicas mujeres, son parte de nuestro camino, como también el legado de las mujeres de Nuestra América que han luchado, no sólo en los pelotones de batalla, sino también en las calles, en sus casas, en sus espacios de trabajo, en el partido y en las direcciones. Mujeres originarias, mujeres que batallaron por la libertad de la Patria Grande, mujeres anarquistas a principios del siglo pasado levantando sus ideas y sus fusiles, mujeres cubanas al frente de la revolución, pelotones de mujeres nicaragüenses y bolivianas. Todas ellas, han trazado el camino que aún hoy estamos forjando, porque no hay socialismo posible si el patriarcado no cae con el capitalismo. Y para que una nueva sociedad naciente sea real y duradera, es necesario forjar desde hoy mismo, la conciencia revolucionaria, socialista y feminista.

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[1] Clara Zetkin (1857-1933) dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán, compañera de Rosa Luxemburgo, organizadora, de su sección femenina, una de las primeras impulsoras del debate sobre la incorporación al trabajo de las mujeres, del derecho al voto y el congreso internacional de mujeres socialistas de 1910 donde propone el 8 de marzo como día de la mujer trabajadora. Fundó el periódico La Igualdad y combatió contra la dirección de su partido cuando ésta se alineó con la burguesía nacional votando los créditos de guerra en el Parlamento, en la Primera Guerra Mundial.