El adiós a Daniel Viglietti: La música para quién la trabaja


El lunes 30 de Octubre, a los 78 años se despidió de esta tierra Daniel Viglietti, cantor popular que supo expresar en sus letras el sentir de los pueblos oprimidos de nuestra América.

Músico por familia, Daniel Viglietti se caracterizó por buscar su propio camino de creación entre los estilos clásico y folklórico, y ligando sus letras a la canción de protesta. Su obra adquirió un carácter radical de fuerte contenido social y de izquierda, con producciones asociadas a las luchas populares en Uruguay y en Latinoamérica durante la década del 60 y del 70. Durante su vida fue compositor, docente, locutor de radio y periodista donde participó en la publicación del semanario Marcha. Contemporáneo de los mejores exponentes de la intelectualidad de su tiempo como sus compatriotas Mario Benedetti, Alfredo Zitarroza y Eduardo Galeano.

En el año 1972 Viglietti fue preso en el marco de la represión que antecedió al golpe de estado cívico militar de 1973. Una campaña de solidaridad internacional que exigió su liberación estuvo encabezada por Jean Paul Sartre, Julio Cortazar y Oscar Niemeyer. Una vez liberado pasó un exilio de 11 años en Francia, retornando a Uruguay en la década del 80. Luego de un largo juicio logró recuperar los derechos de autor de parte de su obra musical, que había sido vendida por la dictadura a un sello discográfico. Sus últimos años se dedicó a la radio y la televisión siempre vinculado con la música popular, los temas sociales y acompañando los procesos populares.

Sin lugar a dudas, la lucha de los pueblos necesita de la canción y de la poesía, y de esos hombres cuya arma es la guitarra. De entre estos, Daniel Viglietti estaba entre los mejores. En canciones como Esdrújulo, reivindicando a las y los desposeídos del tercer mundo, A Desalambrar reclamando la tierra para el que la trabaja o Declaración de amor a Nicaragua saludando la Revolución Sandinista, supo contener los dolores, las esperanzas y los sueños de miles de obreros/as y campesinos/as.

Junto a miles de puños en alto te despedimos Daniel, y llevaremos tu canción como bandera en alto, y la escucharemos miles de veces hasta que por fín las y los terrícolas seamos libérrimos.